El Ford GT es, posiblemente, el deportivo americano por excelencia. Nacido en los años 60 como respuesta al monopolio de Ferrari en LeMans, este coche tuvo que estar varios años en desarrollo hasta que logró desbancar a la escudería italiana en la pista francesa.
Tras el éxito de su deportivo, Ford empezó a comercializar exclusivas unidades de calle que se convirtieron en objetos de coleccionismo. Después de un patrón en la producción, la primera década del presente siglo se anunció un Ford GT más moderno, pensado para competir con los deportivos más sofisticados.
Y de nuevo, después de una nueva pausa, la marca del óvalo ha lanzado al mercado la última generación del GT. Este coche promete ser más rápido, más potente y, sobre todo, más divertido. Tampoco podemos olvidarnos de la exclusividad, ya que este coche solo se puede comprar previa solicitud a la marca.
El nuevo Ford GT sigue conservando su carácter de matagigantes gracias a una mecánica muy interesante, mientras que su diseño sigue siendo un acierto. Se enfrenta a rivales de primera línea como son el Porsche 911, el Audi R8 o el Ferrari 488. Son modelos con una gran tradición deportiva a los que el GT puede sacar los colores.
Diseño continuista e innovador
Uno de los elementos más llamativos del nuevo Ford GT es que siempre ha conservado la estética racing con la que contaba el modelo original. Al contrario de lo que sucede en muchos casos, es la viva imagen de un coche de carreras convertido en un turismo. Y esto es algo con lo que muchos de sus rivales no pueden competir.
El diseño de la nueva generación del Ford GT sigue siendo fiel a ese estilo tan característico, solo que en esta ocasión se ha llevado a un nuevo límite para lograr un automóvil todavía más deportivo y con una presencia agresiva y que infunde temor.
El frontal del Ford GT se afila hacia el asfalto y cuenta con una gran entrada de aire que mejora su coeficiente aerodinámico. Las ópticas siguen estando sobre las aletas, aunque en esta ocasión incorporan un moderno sistema LED. Igualmente, el capó cuenta en sus laterales con dos profunda hendiduras que lo afilan hasta asemejarlo (salvando las distancias) a un coche de Fórmula 1.
El lateral del coche es un amalgama de líneas aerodinámicas y elementos deportivos. Gran parte de la musculatura de la carrocería viene dada por los enormes pasos de rueda traseros. Estos, a su vez, se unen con el resto de la carrocería a través de unas piezas voladizas que son unos de los rasgos más característicos de este coche. Las puertas, que se abren en un ángulo de 45 grados, son el comen perfecto para este coche tan atractivo.
Por último, la trasera del Ford GT también se acuerda de los modelos anteriores gracias a los enormes pilotos redondos colocados en los extremos superiores. También es digno de admirar el enorme alerón trasero que se despliega en función de la velocidad y que se coloca por encima de dos salidas de escape que salen desde el centro del conjunto.
El interior del Ford GT invita a disfrutar del coche
Para completar su gran trabajo exterior, los diseñadores de Ford se volcaron en conseguir que el nuevo GT fuera igualmente atractivo por dentro. Sin embargo, este atractivo se ha buscado desde un punto de vista enfocado en la competición, algo que sin duda suma muchos puntos a este modelo.
El puesto de conducción está bastante cercano al suelo, lo cual reduce notablemente la visibilidad. Sin embargo, este problema ya existía en las generaciones anteriores del Ford GT. El volante cuenta con gran variedad de botones que modifican diferentes reglajes del coche. El cuadro de mandos es completamente digital y ofrece información muy diversa.
La consola central también es una pieza bastante minimalista, y apenas acoge botones. Por último, el sistema de infotainment recae en una pantalla táctil no demasiado grande y que en muchas ocasiones es un complemento más al cockpit deportivo.
Los asientos ofrecen una sujeción muy adecuada a pesar de que no resultan demasiado duros. El único ‘pero’ es que el asiento del conductor no se puede regular longitudinalmente, por lo que la posición de conducción se ajusta moviendo el volante y los pedales.
Por último, el equipamiento del Ford GT no aporta grandes novedades con respecto a sus rivales, y está enfocado principalmente a acentuar el carácter del coche. Entre los sistemas que incluye este automóvil destaca un selector del modo de conducción, que ajusta el coche de manera casi inmediata.
Se pueden destacar algunos asistentes a la conducción y otros que se encargan de la seguridad, amén de un buen equipo de infotainment que ofrece posibilidades de conectarse con dispositivos móviles de última generación. Tan solo existe algo que cuestionar, del Ford GT, y es la capacidad de su depósito de combustible que obliga a repostar cada, aproximadamente, 300 kilómetros.
El mejor representante del poder del V6
Después del gran trabajo realizado por los diseñadores llegó el turno de los ingenieros. Su objetivo era lograr una prestaciones envidiables pero manteniendo la personalidad del coche. Por eso, huyeron de los típicos motores V8 y V12 de otros deportivos y apostaron por un propulsor de tan solo seis cilindros.
El motor del Ford GT es un EcoBoost de 3,5 litros y configuración V6 que es capaz de desarrollar una potencia máxima de 647 caballos gracias a un sobrealimentador. Estos números, sumados a un chasis y a una carrocería muy ligeros construidos con materiales de última generación, logran que este coche alcance una velocidad máxima de casi 350 kilómetros por hora (puedes leer aquí nuestra prueba del Ford GT).
Sin embargo, las cualidades mecánicas de este coche van más allá. Cuenta con una caja de cambios automática de siete velocidad y doble embrague que responde con una precisión sorprendente.
Por último, la suspensión y los frenos son una gran ayuda a la hora de controlar la ingente potencia que desprende el motor. Quizá el único elemento que se echa de menos en el Ford GT es un sistema de tracción integral que, por otra parte, desluciría el carácter continuista que caracteriza a este excelente deportivo.