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Reportaje

Coches clásicos

Museo Torre Loizaga: si no te gusta Rolls-Royce, te encantará todo lo demás

Museo Torre Loizaga Rolls-Royce

Sin duda, el Rolls de los museos... y no está ni en Gran Bretaña ni en China, sino en España. Con un par...

Visitar el Museo Torre Loizaga es un placer incluso antes de llegar. Tengo que reconocer que el camino desde Bilbao está siendo todo un placer, no solo por el hecho de hacerlo a bordo de un BMW Serie 7 recién salido del flamante concesionario de Lurauto en Lejona (Vizcaya), sino porque el entorno es una delicia para los sentidos. Vías sinuosas cargadas de curvas, entre desfiladeros repletos de vegetación, caseríos colgados de las faldas de cerros y colinas verdes tamizadas por el incipiente otoño con el que se visten los árboles. Y todo ello con el gusto de conducir una berlina más larga que un día sin pan y tan bien aislada que nada puede perturbar la experiencia.

¿Nada? De pronto, el navegador señala un giro brusco a la derecha, que me he pasado sin miramientos. Y dar la vuelta con este transatlántico es toda una aventura. Pero que no cunda el pánico: vuelta a la senda y listo. ¿Listo? Tampoco. Nada más tomar la salida brusca hay que cruzar un estrechísimo puente y esta vez sí que entro en pánico. Me bajo del coche y me dirijo al BMW que me sigue y a cuyo volante está Luismi García, director general de Lurauto. "¡Por ahí no paso y no estoy dispuesto a salir en los papeles por haberle hecho un doble restyling lateral al Serie 7!",  le indico. "Ten fe, el coche pasa", me responde. Como el peregrino que lo deja todo en manos del Altísimo, reinicio la marcha y... el Serie 7 ¡pasa! ¡Menudo alivio!

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Ciertamente, para acceder al Museo Torre Loizaga, en Galdames (Vizcaya), hay un camino con menos aventuras, pero el elegido es más corto y divertido. Y lo cierto es que los sudores han valido la pena, porque aquí se encuentra la colección privada de Rolls-Royce más importante de Europa… y prácticamente, del mundo.

El Museo Torre Loizaga se halla en una suerte de castillo, una imponente casa-torre medieval, rodeada por una muralla y que incluso cuenta con un puente levadizo, y todo ello bien escoltado de olivos centenarios. A simple vista parece que hubiéramos viajado en el tiempo y nos encontráramos en la Inglaterra del siglo XIV.

Pero no, estamos en el País Vasco, aunque el hilo conductor es un producto exquisitamente británico: Rolls-Royce. Y es que todo el complejo del que se compone Torre Loizaga es el fruto de la pasión de un hombre, Miguel de la Vía, un rico empresario vasco propietario de una cantera, amante de la pintura, el piano, el acordeón y, sobre todo, los coches. De hecho, Miguel de la Vía era uno de los pocos privilegiados que en la década de los años 70 del siglo XX se movía en un Rolls por las carreteras españolas. Poco a poco su pasión por los modelos de la marca de lujo británica fue creciendo, adquirió un segundo Rolls, un tercero… hasta llegar a los 45 de los que se compone la colección. 

Y aunque la debilidad automovilística de Miguel de la Vía eran los Rolls-Royce, como buen amante y entendido de las joyas rodantes, el Museo Torre Loizaga también alberga otros tesoros como, por ejemplo, un camión de bomberos, amén de carrozas y otros juguetes exquisitos.

En Torre Loizaga hay incluso un Hispano Suiza

La extensa y fabulosa colección de Miguel de la Vía se reparte en seis salas, de las que solo la última se halla en la parte noble: en la casa- torre. En la primera sala no hay ningún Rolls, pero las joyas expuestas harán las delicias del visitante, pues se exponen carruajes del siglo XIX y modelos del primer tercio del siglo XX, como un Hispano-Suiza, un Ford T Tourer, un Isotta Fraschini... 

La segunda sala destaca por un Lancia Aprilia, un Austin Healey MK 3000 III, un Cadillac DeVille Convertible, un Mercedes SL Pagoda y, sobre todo, el camión de bomberos Merryweather.

Por fin en la tercera sala aparecen los fabulosos Rolls-Royce, encabezados por una selección de ejemplares de la serie Silver Shadow de los años 70 y 80. Pero también hay otros foráneos, como un Ferrari Testarossa, un Lamborghini Countach o un Jaguar XK120 Roadster.

La cuarta sala es un emocionante viaje al pasado, en el que un Bentley 3.5 está acompañado de 15 Rolls-Royce, con los que se puede apreciar la evolución de carrocerías y de mecánica en un periodo de cuatro décadas. Entre la quincena de Rolls llaman la atención dos Silver Wraith dotados de un foco sobre el parabrisas, lo que delata que su anterior propietaria fue la mismísima Reina de Gran Bretaña. Casi nada...

En la quinta sala se exponen las joyas de la corona. Además de cinco Rolls-Royce Silver Ghost, la muestra se engalana con una docena de Phantom, todos ellos con el Espíritu del Éxtasis arrodillado, en señal de respeto por los reales ocupantes que solía transportar.

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La sexta y última sala, situada en la casa-torre, alberga seis Silver Ghost y el modelo más antiguo de la colección: un Allen Runabout, de 1899. Aunque parece un carruaje –carece de volante–, en realidad incorpora un motor monocilíndrico y podía alcanzar hasta 20 km/h de velocidad punta.

El Museo Torre Loizaga es una visita muy recomendable, así que, si andas por la zona, no lo dudes y empápate de historia y exclusividad. No te arrepentirás.

 

MUSEO TORRE LOIZAGA

Bº Concejuelo 

48191 Galdames (Vizcaya)

https://www.torreloizaga.com/

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