A mediados de agosto de 2013 todo parecía fluir con tranquilidad. Hasta que al conductor de un Koenigsegg le pusieron la multa de velocidad más alta de la historia por ir a 290 km/h

Koenigsegg Agera
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Esta conducta temeraria aún es considerada la sanción económica más alta jamás registrada en el planeta por exceder la velocidad de una vía.

A mediados de agosto de 2013 todo parecía fluir con tranquilidad, manteniendo esa atmósfera relajada propia de las jornadas veraniegas. Sin embargo, esa monotonía se rompió de forma drástica en las autopistas suizas cuando los radares de tráfico detectaron un suceso sin precedentes en la historia de la seguridad vial. El conductor de un exclusivo superdeportivo Koenigsegg pulverizó los límites de velocidad al circular a  290 kilómetros por hora, desencadenando un proceso judicial que culminaría con la sanción económica por exceso de velocidad más alta jamás registrada en el mundo.

El vehículo implicado, un hiperdeportivo sueco diseñado para alcanzar prestaciones extremas en circuitos cerrados, transitaba por un tramo de la autopista A1 entre Berna y Lausana. En esa vía, la normativa helvética establece un límite máximo de velocidad de 120 kilómetros por hora. El automóvil rebasó dicha barrera por más de 170 kilómetros por hora, una cifra que no solo superaba con creces el umbral de la imprudencia, sino que anulaba casi por completo la capacidad de reacción del conductor y la eficacia de los radares tradicionales

De hecho, los dispositivos de medición de la policía local requirieron de tecnología de nueva generación para poder registrar de forma precisa el paso de un bólido que se desplazaba a casi trescientos kilómetros por horaTras ser interceptado por las fuerzas de seguridad suizas, el conductor, un ciudadano sueco de 37 años, se enfrentó a un marco legal implacable.

Multa de 500 euros y 6 puntos por tirar una colilla desde el coche.
Multa de 500 euros y 6 puntos por tirar una colilla desde el coche.Imagen generada con IA.

A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los países donde las multas de tráfico están fijadas mediante cuantías prefijadas según la gravedad de la infracción, la legislación de Suiza aplica un sistema proporcional que vincula la sanción económica tanto a la magnitud del exceso de velocidad como a la capacidad financiera y al patrimonio del infractor. Este modelo busca garantizar que la sanción tenga un carácter verdaderamente disuasorio y punitivo, evitando que las fortunas más elevadas consideren el pago de una multa como un mero peaje para infringir la ley.

Al evaluar la gravedad de los hechos, las autoridades judiciales determinaron que la velocidad alcanzada constituía un delito grave contra la seguridad del tráfico, calificándolo como un riesgo extremo para la vida de los demás usuarios de la vía. El cálculo de la penalización se basó en los ingresos diarios del conductor y en el valor total de su patrimonio personal.

Dada la holgada situación económica del infractor, el tribunal calculó una multa progresiva acumulada que alcanzó una cifra astronómica cercana al millón de francos suizos, lo que equivalía a casi un millón de dólares estadounidenses o cientos de miles de euros en ese momentoEsta cuantía superó ampliamente los récords anteriores registrados en el país alpino y situó el episodio en el libro de los récords de la jurisprudencia vial internacional.

Además del desembolso financiero histórico, el conductor del superdeportivo tuvo que hacer frente a la confiscación cautelar del propio vehículo y a la retirada inmediata de su permiso de conducir, acompañada de la prohibición de circular por territorio suizo durante un período prolongado. Las autoridades locales recalcaron que la vía pública no es un circuito de carreras y que la potencia de los automóviles de lujo no exime a sus propietarios del cumplimiento riguroso de las normas de convivencia.

El caso generó un intenso debate internacional sobre la efectividad de las sanciones de tráfico vinculadas a la renta. Diversos analistas e instituciones de seguridad vial elogiaron el rigor del sistema suizo, argumentando que las multas proporcionales representan el método más equitativo para disuadir las conductas desmedidas al volante. Por el contrario, algunos sectores del ámbito del automóvil de altas prestaciones expresaron su asombro ante el importe de la pena, aunque coincidieron en que la velocidad registrada en una autopista abierta al público resultaba del todo injustificable.

La noticia del Koenigsegg cazado a 290 kilómetros por hora dio la vuelta al mundo, convirtiéndose en un aviso contundente para los conductores de vehículos de gran cilindrada. Lo que comenzó como un apacible trayecto veraniego a mediados de agosto acabó transformándose en la lección financiera y jurídica más costosa de la historia del automovilismo, recordando que en las carreteras suizas el exceso de velocidad se paga en estricta proporción a la riqueza de quien pisa el acelerador.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España