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Coches míticos: Ferrari Testarossa

Coches míticos: Ferrari Testarossa

Alex Morán

22/06/2017 - 13:57

Icono ochentero de rectilínea figura, estrella encubierta de Corrupción en Miami y con un motor V12 de 390 CV, el Ferrari Testarossa es un deportivo para historia.

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En el Salón del Automóvil de París de 1984 vio la luz el que a la postre sería uno de los mayores iconos de los deportivos de los 80 (y quien sabe de la historia de la automoción en sí): el Ferrari Testarossa. Su cuidada estética salida de los lápices de Pininfarina y el hecho de contar con el motor más potente nunca empleado por un modelo de producción contribuyeron a crear una leyenda que el paso de los años no ha hecho si no agrandar.

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Su predecesor, el BB 512, fue popular, pero no tanto, solo hay que mirar los números: incluyendo la posterior variante BB 512i, en una producción que se extendió de 1976 a 1984 no se alcanzaron ni las 2.000 unidades. Por su parte, del Testarossa se fabricaron, entre el 84 y el 92, 7.100 ejemplares. Los motivos para que alcanzase tamaña popularidad son muchos, pero que estemos ante un deportivo realmente vehículo ayuda mucho. Su imagen rectilínea lo ubica claramente en el tiempo como un modelo ochentero, pero el diseño es atemporal y en ningún momento ha parecido fuera de lugar. Su afilado morro, los faros desplegables, la alta posición de los retrovisores, las llantas de cinco radios en forma de estrella y, sobre todo, las prominentes branquias laterales son sencillamente icónicos.

De hecho, elementos de su diseño tenían funciones prácticas. Hablamos de la forma del techo, plano y muy inclinado (su altura era de solo 1.130 mm), lo suficiente para hacer las veces de alerón central evitando así al necesidad de instalar un spoiler trasero que rompiera el conjunto estético. También su mínima altura libre además de contar con un fondo plano contribuían a crear el ‘efecto suelo’ que mantenía pegado al asfalto el deportivo, mejorando una manejabilidad perjudicada por su peculiar centro de gravedad.

Y era algo necesario ya que hablamos de una época en la que las ayudas electrónicas brillaban por su ausencia y había que domar la caballería situada en la parte trasera de manera manual. El Ferrari Testarossa fue el modelo más producción más potente de la historia cuando se puso a la venta gracias a un motor 5.0 V12 a 180º, que a menudo se ha confundido con un bóxer, de 390 CV a 6.300 rpm. Suficiente para catapultarlo de 0 a 100 km/h en 5,8 segundos.

Por si todas sus características no fueran suficientes para atraer la atención del gran público, un último factor hizo que quedara grabado en las retinas de todos los que vivieron aquella época: su participación en Miami Vice (Corrupción en Miami). Lo que es curioso es que no fue el coche original de Don Johnson, que al principio conducía un Daytona Spyder, y que, además, no se utilizaba en las escenas de acción, para las que se utilizaba un De Tomaso Pantera convenientemente carrozado.

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Alex Morán

Redactor

Crecí viendo deportivos japoneses en los 90, los echo de menos y me decanto por los import nipones. El Nissan Fairlady Z 432 es mi amor platónico.

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