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La opinión de
Gabriel Jiménez

Análisis: El sector del automóvil también necesita una vacuna, y no solo contra el coronavirus

Limpia inyectores, ¿sirven realmente para algo?
De ahora en adelante veremos a más políticos europeos enarbolando la bandera proteccionista de Trump

Esta semana asistí de forma virtual a un webinar organizado por Anfac (Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones) en el que, además de José Vicente de los Mozos, presidente del Anfac y director general de Renault, también participaron Raül Blanco, secretario de Estado de Industria y PYME –con cabeza muy bien amueblada–, y el economista José Carlos Díez. Este último comenzó su alocución con una frase que debería hacernos a reflexionar a todos los que de una forma u otra estamos en el mundo de los coches: "Tras el coronavirus el sector del automóvil se halla en coma inducido; un sector que ya estaba bastante afectado por las guerras comerciales del año pasado".

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Todo ello sin olvidar otras variables no menos gravosas como la entrada en vigor de la nueva normativa antiemisiones CAFE y, en el siempre peculiar caso español, la sempiterna incertidumbre y 17 –o más– discursos diferentes en cuanto al automóvil que solo conducen a la confusión y a que el potencial cliente no sepa qué tipo de coche comprar.

La pandemia del covid-19 ha llevado a una de las mayores crisis de confianza de la historia moderna y eso, al fin y al cabo, como bien recordaba Díez, "afecta al consumo de bienes duraderos", como es el automóvil. Y es lógico. Según la pirámide de las necesidades humanas de Maslow, con millones de personas en el paro o afectados por ERTE, nadie en su sano juicio se va a aventurar a comprarse un coche al menos a corto o medio plazo –y menos sin incentivos–; lo primero es tener salud, y seguidamente asegurar el sustento diario. El automóvil es en esas circunstancias un bien de lujo, un capricho renunciable.

Pirámide necesidades Maslow
Pirámide de las necesidades humanas de Maslow, por J. Finkelstein (Wikimedia Commons)

Por mucho que sean verdades como puños, en mi humilde opinión una vez más el árbol no nos deja ver el bosque. Hay que ver más allá, y pensar en el futuro, en reconstruir todo lo que se ha destruido. Y en este plan a futuro, el sector del automóvil tiene mucho que decir. Y no sólo porque –ay, la vida da muchas vueltas, y las vueltas dan mucha vida–, ahora en este ambiente de temor generalizado a contagiarse, el coche se ha convertido en una burbuja de seguridad y que te protege... además de llevarte del punto A al B. Y no, solo eso. El sector que produce esas burbujas de seguridad y movilidad genera riqueza (alrededor del 10% del PIB español) y emplea a miles de familias de forma directa e indirecta; además, con los impuestos directos e indirectos con los que son gravados los vehículos, las distintas administraciones españolas recaudan cerca de 60.000 millones de euros. Con estos impuestos se pagan la sanidad, la educación, las carreteras... incluso los sueldos de sus señorías en el Congreso de los Diputados.

Por eso, aunque las prioridades prioritarias son las que son –y no lo voy a criticar, faltaría más–, urge ahora más que nunca que en el Plan de Reconstrucción para España que están preparando nuestras estimadas señorías y demás próceres del Estado, se tenga en cuenta al sector del automóvil. Lo explicaba claramente José Vicente de los Mozos en el citado webinar: "Por cada euro que se invierte en la industria automóvil, el payback es de entre 1,50 y 1,80 euros, porque al vender más, se pagan más impuestos, y al fabricar más, se saca gente del ERTE". No hay que ser economista para entenderlo, creo yo...

Grupo PSA planta

Y cada día que pase sin que se muevan fichas en este sentido, son oportunidades que se están perdiendo. Y no estamos para dormirnos en laureles como país; ya lo hemos hecho demasiado. Veo con preocupación noticias que han ido apareciendo estos días:

A las que se unen otros hechos aún más severos: la irrupción de imitadores de Donald Trump y su política proteccionista. "Vamos a ver cada vez nacionalismos más exuberantes", advertía De los Mozos, en clara referencia a declaraciones del ministro francés de Finanzas, Bruno Le Maire, en las que insinuaba que si las grandes corporaciones automovilísticas francesas (Grupo PSA y Renault) querían recibir ayudas por parte del Estado, deberían plantearse "repatriar la producción".

"Milagro español"

"La industria del automóvil en España es un milagro sin tener sede. Es importante la escucha, la eficacia y trabajo conjunto", señalaba De los Mozos, una reflexión que ya adelantaba el año pasado Luca de Meo, ex presidente de Seat y en breve nuevo presidente de Renault. Muchas amenazas se ciernen sobre la industria del automóvil español, muchos 'virus' que pueden debilitar e incluso llegar a matar a este generador de riqueza.

Para ello lo mejor es vacunarse, inmunizarse, estar preparados: transformación, industria 4.0, flexibilidad, apoyo, apostar de forma contundente por el coche eléctrico no solo como modo de movilidad, sino también con proyectos de I+D+i  (fábricas de baterías, por ejemplo) que se desarrollen en España, reforzar aún más si cabe la industria auxiliar (sector en el que España es una potencia mundial, con Gestamp y Grupo Antolín como botones de muestra).... sin olvidarnos de seguir apoyando e incentivando lo que ahora existe y sirve de pilar hacia la transición hacia la electromovilidad: los motores de combustión interna –como los que se fabrican en nuestro país–, modernos y eficientes. 

Fábrica PSA Vigo
Fábrica 4.0: vehículos autónomos circulando por la fábrica de PSA en Vigo.

"Hay que reaccionar. No es momento de creatividad, sino de actuación, de aplicación. Hay que dar a las multinacionales un mensaje de que España es car-friendly: declaraciones como la de transformar una fábrica de coches en una de bicis, no ayuda. Hay que ser serios", sentencia De los Mozos.

Tenemos la 'vacuna' en nuestras manos...

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