Bruselas da un giro de 90 grados con los coches de combustión: estas son las marcas que más ganan y pierden

El Plan de Acción de la Comisión Europea para ayudar a la industria del automóvil no ha gustado a todos: estas son las marcas que más ganan y las que pierden.
Parece que Bruselas ha decidido escuchar a los fabricantes de coches y conceder un poco de oxígeno con el anuncio del Plan de Acción para la industria del automóvil. Sin embargo, no todo el mundo está contento: hay marcas que ganan y otras que pierden.
Esta semana la Comisión Europea ha anunciado su plan para ayudar al sector de la automoción, tan castigado en los últimos años, especialmente, tras la pandemia del coronavirus.
Un plan que se centra, principalmente, en tres aspectos claves: la relajación de los objetivos de emisiones (normativa CAFE), dinero para fabricar baterías en Europa y ayudas para la compra de vehículos eléctricos, especialmente, en el taxi y el coche compartido, así como en flotas de empresas de alquiler.
Estos son los tres grandes puntos sobre los que pivota el Plan de Acción presentado por Ursula von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, de los que el más importante es, sin duda, la “flexibilización” de la normativa CAFE.
El anuncio ha sido bien recibido por los fabricantes de automóviles. En España, en concreto, la patronal Anfac emitió ayer un comunicado valorando positivamente la medida, aunque también lamentaba que se quedaba corto en otros aspectos. Sin embargo, algunas marcas han levantado la voz.
Un balón de oxígeno para la industria del automóvil

Centrándonos en el aspecto fundamental del plan europeo para el automóvil, la relajación de la normativa CAFE, ésta entró en vigor el pasado 1 de enero y obligaba a los fabricantes a cumplir un límite de emisiones en la media de todos los vehículos vendidos en 2025.
Ese objetivo era de 93,5 gramos de CO2, un tope muy exigente, teniendo en cuenta que venimos de un límite de 115,1 gramos. En caso de incumplimiento, los fabricantes se enfrentarían a fuertes multas: 95 euros por cada gramo excedido y por cada vehículo matriculado.
Es decir, unas sanciones que se traducirían en multas milmillonarias, de hasta 15.000 millones de euros, según estimaba la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), que advertía, además, que esas multas terminarían repercutiendo en el precio de los coches.
Finalmente, esta medida se ha pospuesto hasta 2027, pero no significa que se elimine, sino que, una vez pasados estos tres años (2025, 2026 y 2027), en 2028 se contabilizarán las emisiones y deberán estar por debajo del umbral señalado.
Las marcas que ganan y las que pierden

La relajación de la norma CAFE representa un balón de oxígeno para la industria, porque ahora las marcas tendrán más tiempo para alcanzar el objetivo de emisiones y el dinero que han guardado para pagar las futuras multas podrán destinarlo ahora para invertir en innovación y desarrollo.
Como decimos, la mayoría de las marcas han aplaudido la decisión de Bruselas, pero no todos. Siempre hay quien sale ganando y quien sale perdiendo y, en este caso, ocurre lo mismo.
Entre los primeros, se encuentran el Grupo Volkswagen y Stellantis, los dos principales conglomerados automovilísticos. El alemán había estimado una sanción de 1.500 millones de euros por incumplimiento de la normativa CAFE y ahora se ahorrará ese dinero.
Por su parte, Stellantis no ha dicho cuánto dinero había reservado ante posibles sanciones, pero seguro que también un buen pellizco que podrá destinar a otros menesteres. En el mismo grupo se encuentran marcas como Renault y Mercedes, que también temían duras multas en 2025.
En cambio, entre los que salen perdiendo está Volvo, cuyo consejero delegado, Jim Rowan, ha criticado duramente la medida y ha dicho estar “tremendamente decepcionado”.
Europa, afirma, “no puede permitirse el lujo de ver fracasar la electrificación o de retrasar la transición. Europa debe invertir en el futuro, no en el pasado. No podemos seguir posponiendo el problema”.
Se adelanta la revisión del objetivo 2035

Al margen del Plan de Acción de la UE, hay otra novedad importante que convierte al sector de la automoción y es el delanto de la revisión del objetivo 2035, en lo que respecta a la prohibición de los motores de combustión.
Cuando se aprobó esta medida, se incluyó una revisión para evaluar su evolución en 2026, para comprobar si sería viable prohibir de los motores de gasolina y diésel en la fecha prevista.
Esta revisión se denominó ‘hand brake’ y, finalmente, no se hará en 2026, sino este año. Aún no hay una fecha determinada, pero será en el tercer o cuarto trimestre.
Por tanto, vemos cómo los planes que diseñó la Unión Europea se están modificando, igual que han tenido que hacer algunos fabricantes con sus ambiciosas estrategias sobre electrificación, anunciadas en 2021.
Esto pone de manifiesto que, con el actual contexto internacional y geopolítico (no sólo de ahora, sino desde hace algunos años), resulta imposible hacer planes a largo tiempo como el de prohibir el uso de motores de combustión.
Y demuestra también que es un error centrar todos los esfuerzos en el coche eléctrico, cuando se puede apostar por utilizar diferentes tecnologías y fuentes de energía para reducir las emisiones en el medio y largo plazo.
