Reportaje

Coches clásicos

Los coches cohete de Opel

Vicente Cano

28/09/2012 - 12:28

Opel RAK. Con este nombre se definía a los coches cohete, unos prototipos ideados por el nieto de la marca Fritz Opel, que estaban impulsados por 120 kg de pólvora.

En los últimos meses que la familia Opel condujo la firma creada en 1862 por Adam Opel, su nieto Frizt llevó a cabo una serie de experimentos considerados los primeros pasos en la industria de la propulsión a chorro: los coches cohete.

En los años previos al auge del partido Nazi, Alemania vivía una eclosión científica y teórica en campos diversos. Uno de ellos era la propulsión con cohetes: era 1926 y en la Universidad Técnica de Berlín Herbert Obert desarrollaba el primer combustible líquido para estos aparatos.

Al mismo tiempo, el astrónomo y piloto Max Valier publicaba artículos titulados: De Berlín a Nueva York en una hora o Viajar a Marte. Valier había sido fundador de la Sociedad para el Vuelo Espacial de Alemania y le obsesionaba la aplicación práctica de lo que sus amigos científicos teorizaban. En 1927 acudió a pedir la ayuda de Fritz von Opel, el famoso piloto de carreras y nieto del fundador del primer fabricante de Alemania que, además, también tenía espíritu emprendedor.

Fritz acababa de ser nombrado Jefe de Asuntos Públicos del Opel y se entusiasmó con las ideas de Valier y el potencial propagandístico que algo así podía tener para su empresa. Contactaron con Friedrich Wilhelm Sander, que era un ingeniero especializado en pirotecnia, famoso por idear un artefacto que lanzaba cabos por encima de los barcos varados para poder remolcarlo.

El Opel Rak-1, también llamado ‘Sander-Rakette’, con el propio Sander al volante, en el circuito de pruebas de Opel.

En el circuito de Opel

Los siguientes meses, Sander fabricó una serie de cohetes que enviaba a Rüsselsheim, donde von Opel y Valier los instalaban en toda clase de vehículos de cuatro y de dos ruedas. El circuito oval cercano a la planta vio las primeras evoluciones del Rak-1. Aunque los resultados no fueron espectaculares, von Opel decidió darles toda la publicidad posible y el prototipo llegó a alcanzar los 75 km/h ante un reducido grupo de medios y espectadores el 15 de marzo de 1928. Unos enviados de General Motors visitaron la fábrica principal del grupo ese año y quedaron impresionados ante la organización y eficacia de la producción. Seguro que la familia Opel debió pensar que la publicidad que obtenía de su programa de cohetes incrementaba su valor ante una posible compra por parte de los americanos.

Von Opel se dio cuenta de la oportunidad de pasar a la posteridad que le proporcionaba este proyecto y decidió ser quien pilotara el siguiente prototipo, el Rak-2. El intento tuvo lugar en el circuito de Avus, situado en el distrito sureste de Berlín, y que constaba de 8,3 km, dispuestos a lo largo de dos largas rectas con dos curvas muy peraltadas.

Los medios de comunicación y las 3.000 personas allí congregadas debieron de quedarse de piedra al ver la larga carrocería del prototipo basado en el chasis del Opel 10/40 CV, con dos alas de grandes proporciones inclinadas ligeramente hacia abajo, que son uno de los primeros ejemplos de la aerodinámica aplicada a la automoción.

Que se sepa, ningún ciclista resultó herido durante la experiencia de bicicletas con propulsión...

En la zaga del Rak-2, 24 cohetes con 120 kg de pólvora esperaban a entrar en ignición de dos en dos, a través de un circuito eléctrico que se accionaba al pisar el acelerador, hasta llegar a un empuje máximo de 6.000 kg. La pericia del piloto evitó la catástrofe, pues las alas no estaban lo suficientemente inclinadas como para evitar que el morro del Rak-2 tratase de echar a volar.

A pesar de ello, logró batir el récord de velocidad para un coche: 238 km/h. Ese tres de mayo de 1928, von Opel adquirió en la prensa de su país y en la de EEUU –el New York Times y otros medios cubrieron la hazaña-, el sobrenombre de Rocket Fritz y aprovechó su tirón para anunciar su siguiente reto: volar un aparato impulsado por cohetes. Junto a Sander, se puso a buscar un avión al que pudieran acoplar alguno de sus ingenios y pronto dieron con los extraños aparatos que diseñaba Alexander Lippisch. Este personaje fue uno de los pioneros de la aerodinámica moderna y por entonces se dedicaba a construir prototipos sin cola y que trataban de prescindir de grandes alas para su sustentación.

Los récords llegaron

Durante unos meses, el inventor aparcó sus otros proyectos para modificar uno de sus aviones, el llamado Ente. Consiguieron volarlo con cierto éxito, aunque en el segundo intento el aparato explotó y Lippisch abandonó. Von Opel no estaba conforme con el resultado, así que contactó con otro constructor, Julius Hatry, para que les fabricara el primer aparato diseñado específicamente para esta clase de propulsión. Unos meses atrás, habían construido un vagón de ferrocarril propulsado con cohetes, que explotó durante su segunda prueba sin dejar víctimas, aunque en la primera logró batir el record mundial de velocidad sobre una vía: 254 km/h.

En junio de 1928, el Opel Rak 3, un pequeño vagón equipado con 30 cohetes, alcanzó los 254 km/h, un nuevo récord mundial de velocidad sobre raíles.

El 30 de septiembre de 1929, y ante una gran multitud, medios de comunicación y un equipo de rodaje francés, Fritz von Opel logró despegar un aparato fabricado por Hatry y que llevaba 11 cohetes. Apenas ofrecían un empuje de 25 kg, así que el vuelo duró solo 80 segundos, en los que se levantó 25 metros del suelo a 150 km/h. Por entonces, la familia Opel casi tenía cerrado el acuerdo de venta de la firma a GM, que les reportó 33 mllones de dólares de la época. Tras esto, el programa quedó cancelado, aunque los primeros pasos en la era de los jets quedarán siempre ligados al nombre de Opel.

La familia Opel

De la bici al cohete en 30 años.

Bajo la dirección de los cinco hijos de Adam, el fundador de la firma, Opel había pasado de ser una marca de máquinas de coser y de bicicletas a comienzos del siglo XX, a convertirse en el primer constructor de coches de Alemania en 1928, con un 37,5% del mercado local. Cuatro años atrás, habían sido los primeros en incorporar a su cadena de producción una línea de ensamblaje en su fábrica de Russeslheim para comenzar a fabricar el 4/12 hp, conocido como ‘Laubfrosch’ –rana, en alemán- y que fue el modelo con mayor éxito de la industria del motor germana de antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el personaje más destacado de la familia fue Fritz von Opel (foto), que creó y explotó propagandísticamente el proyecto de los coches-cohete.

Colaboradores de lujo: Sander, Lippisch, Valier y Hatry.

El gran inspirador de la aventura de Opel con los cohetes fue Max Valier. Este personaje mítico de la Alemania de los años 20 prosiguió el programa de coches cohete por sí mismo tras el abandono de von Opel, en 1929. Gracias a sus contactos con científicos como Herbert Oberth, instaló en su prototipo unos cohetes que quemaban un combustible líquido hecho con oxígeno y alcohol. Llegó a alcanzar los 380 km/h el día que falleció, el 17 de mayo de 1930. A Wilhelm Sander también le picó fuerte el ‘gusanillo’ de la propulsión a chorro y, ese mismo año, inició un proyecto secreto para su aplicación militar, dirigido por Walter Dornberger. No era simpatizante nazi, así que en 1938 le expropiaron su empresa y poco después falleció en prisión. Alexander Lippisch sí colaboró en toda clase de proyectos que estuvieron a punto de hacer que un avión a reacción militar decantara la balanza de la guerra a favor del Tercer Reich. Los americanos lo ‘rescataron’ durante la Operación Paperclip y vivió en los EE.UU. hasta su fallecimiento, en 1976. Julius Hatry sobrevivió hasta 2000 y colaboró en el desarrollo de la industria espacial europea.

Max Valier en su primera prueba, en enero de 1930, en el circuito de Avus.

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