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¿Cuál fue mejor, el Citroën Xsara o el Renault Mégane I?

Citroën Xsara

El Citroën Xsara y el el Renault Mégane de primera generación supusieron dos de los modelos con más ventas a sus espaldas de finales de los años 90. Además, se fabricaban ambos en territorio español, lo que hace aumentar nuestro cariño por ellos. Pero, ¿con cuál nos quedamos dos décadas después?

Franceses, compactos, buena relación calidad-precio... el Citroën Xsara y el Renault Mégane de primera generación estaban condenados desde el nacimiento del segundo a enfrentarse, y es que el modelo de los dos chevrones llegó al mercado un par de años después que su compatriota, que con su estilo coupé y formas adelantadas a su tiempo ya había cautivado a todo el mundo. Sin embargo, el Xsara contaba con poderosas armas, perfeccionando a su predecesor, el Citroën ZX, y anticipando sin saberlo aún al Citroën C4 que le sustituiría.

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El Citroën Xsara ganaba en amplitud

El segmento de los coches compactos es uno de los que más adeptos tiene desde el principio de los tiempos porque está formado por vehículos que cubren la mayor parte de las necesidades del cliente. Por ello hay que hilar muy fino a la hora de decantarse por un modelo u otro. En este caso, enfrentando al Xsara y al Mégane de primera generación nos dábamos con la primera diferencia importante, la amplitud de su interior. La apuesta de Citroën superaba por 14 centímetros la longitud de su contrincante, lo que derivaba en una mayor habitabilidad y en un maletero de mayor capacidad. De esta manera, el Citroën Xsara era un coche más recomendado para aquellos compradores con unas necesidades familiares más acusadas, mientras que el Mégane, especialmente su variante coupé, tendía a ganar adeptos entre los clientes más jóvenes.

Renault Mégane I

El tamaño era la gran diferencia que presentaba el interior de ambos vehículos, pues en lo que a calidades, distribución de elementos y acabados estábamos ante dos apuestas muy similares. Eso sí, el Renault Mégane I estaba algo más avanzado en lo que a los datos que facilitaba al conductor se refiere. En contra del modelo del rombo respecto a su rival teníamos que hablar del confort a la hora de conducir, ya que la altura de su asiento solamente se modificaba moviendo la parte trasera del mismo, mientras que en el Xsara se movía todo el asiento, lo que evitaba tener que adoptar una posición no especialmente natural.

Un equipamiento muy similar para dos coches muy nobles

El precio de uno y otro era otra de las variables que jugaba a favor del Citroën Xsara, pues siempre era algo más barato que su rival a igualdad de equipamiento. Especialmente en los acabados que resultaron más populares, encontrábamos en ambos lo que para la época eran interesantes avances, como eran el elevalunas eléctrico y las cerraduras centralizadas. Eso sí, el aire acondicionado había que pagarlo aparte. Además, el Xsara ofrecía la posibilidad de instalar un climatizador, opción que no estaba disponible en el caso de los primeros Mégane.

Si hablamos de comportamiento, tenemos que hacerlo de dos coches que destacaban entre sus rivales. De hecho, el Citroën Xsara convenció a la crítica de la época porque logró desterrar de un plumazo la fama de coches blandos de la marca, gracias a una suspensión que aportaba firmeza sin perjudicar en exceso el confort de los ocupantes. Lo mismo sucedía con un Renault Mégane que aseguraba un balanceo mínimo en las curvas que derivaba en seguridad para el conductor. Eso sí, cuentan los que probaron ambos coches que tanto el tacto como la eficacia del sistema de frenado era mejor en el caso del Xsara, que como su rival de hoy no contaba con ABS de serie.

¿Con cuál de los dos nos quedamos?

Dejando de un lado cuestiones estéticas, pues el Mégane de Renault de primera generación supuso toda una referencia para las generaciones jóvenes de la época, hay que decantarse por el Citroën Xsara. La marca de los chevrones tomó nota de lo que se le criticaba hasta entonces, además de lo que merecía las alabanzas para la competencia, aplicándolo en su nueva creación y ganándose al público nada más llegar al mercado. No era escandalosamente mejor en nada, pero en la mayoría de los apartados importantes que valoramos en un coche siempre tenía un poquito más que su rival. ¡Qué tiempos aquellos!

*Fotos del Xsara y del Mégane I provenientes de Wikimedia Commons

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