Bill Gates cumplió su sueño de tener un Porsche 959, aunque estuvo retenido en aduanas 13 años hasta que consiguió cambiar las leyes

En 1987 salió al mercado uno de los superdeportivos más avanzados de su tiempo, el Porsche 959. Bill Gates compró uno, pero tuvo que esperar 13 años para poder conducirlo en Estados Unidos.

Bill Gates es uno de esos tipos que, con descolgar un teléfono, es capaz de modificar la decisión de un gobierno. Últimamente ha mostrado su interés por la conducción autónoma, asegurando que va a transformar industria del transporte. Seguro que varias décadas atrás pensaba diferente, cuando Bill Gates cumplió su sueño de tener un Porsche 959, aunque no sin problemas.

Cuando decimos que el cofundador de Microsoft puede modificar la decisión de un gobierno o, incluso, la legislación vigente en un país, no es un brindis al sol. Es lo que hizo para poder introducir su flamante Porsche 959 en Estados Unidos, un vehículo considerado ilegal

Tampoco fue fácil, ya que tuvo que pelear durante más de una década para que el gobierno federal cambiara la ley y permitiera al multimillonario conducir su superdeportivo.

Gracias a Bill Gates, otros acumuladores de fortunas como Elon Musk o Larry Ellison pueden conducir hoy vehículos exóticos sin problemas. Pero ¿qué ocurrió exactamente?

Porsche 959, el superdeportivo más sofisticado el mundo

En primer lugar, conviene hablar del Porsche 959 para entender por qué interesó tanto a Bill Gates, hasta el punto de esperar 13 años para poder conducirlo (podría haberse comprado otro coche).

El 959 es uno de los coches más espectaculares, no ya sólo de Porsche, sino de la historia del automovilismo. El desarrollo conllevó varios años y muchos altibajos y quebraderos de cabeza para la marca alemana, pero, finalmente, consiguió lanzarlo al mercado en 1987.

Porsche había invertido grandes cantidades de dinero en su desarrollo y los costes de producción habían sido monumentales. Para recuperar todo ese dinero, necesitaba venderlo en determinados mercados importantes, como Estados Unidos, que era uno de los más potentes en los años 80 y no había millonario o famoso que no tuviera un 911.

El 959 incluía las mejores soluciones de ingeniería del momento, muchas de ellas derivadas directamente del mundo de la competición, como la suspensión con doble amortiguador por rueda, triángulos superpuestos y muelles helicoidales, más un sistema de regulación de altura entre 120 y 180 milímetros.

Llevaba un motor bóxer de seis cilindros y 2.8 litros con doble turbocompresor KKK, doble intercooler y un sistema de inyección electrónica Bosch, que producía 450 CV y 500 Nm de par, transmitidos a las cuatro ruedas mediante un avanzado sistema de tracción total y una caja de cambios manual de seis relaciones.

Todos estos ingredientes y muchos otros llamaron la atención del joven y multimillonario Bill Gates. Pero había un problema: la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza y la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) no permitían introducir el coche en Estados Unidos.

El Porsche 959 era ilegal en Estados Unidos

La NHTSA (algo así como la DGT en España) solicitó a Porsche cuatro unidades del 959 para realizar pruebas de choque. La petición de la administración de seguridad equivalía a casi el 14% del total de la producción del modelo reservada para este mercado. 

La compañía alemana sólo había concebido 29 ejemplares para el mercado estadounidense y entregar cuatro a la NHTSA para hacer las pruebas suponía un alto coste a nivel de producción y una importante pérdida de ingresos. Así que se negó y la agencia no homologó el vehículo para su uso en carretera en suelo norteamericano.

Esto llevó a la compañía a probar un recurso para comercializar el coche en el país: introducir esos 29 ejemplares como coches de carreras. Sin embargo, los funcionarios del departamento fueron más listos y dijeron que un coche con aire acondicionado y radio no se podía utilizar para competir, denegando de nuevo el acceso al mercado. 

Bill Gates consigue que el Porsche 959 sea legal en Estados Unidos

En consecuencia, el Porsche 959 no se podía vender en Estados Unidos. Tampoco se podía comprar fuera e importarlo, lógicamente. Entonces, ¿cómo logró Bill Gates introducir un Porsche 959 ilegal en el país de la hamburguesa?

Porsche ya se había resignado, pero el cofundador de Microsoft, enamorado del 959, había encargado uno que quedó confiscado en la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza, tal y como exigía la ley.

En lugar de rendirse ante un contratiempo así, Bill Gates se asoció con bruce Canepa, distribuidor de Porsche en Estados Unidos, y su amigo Paul Allen, con quien fundó la empresa Microsoft. Juntos trabajaron con el abogado Warren Dean para redactar una ley que permitiera conducir legalmente un Porsche 959 en Estados Unidos

Dicha ley establecía que “si se produjeran 500 o menos automóviles, si no se produjeran actualmente, si nunca fueron legales en Estados Unidos y si fueran raros, se podrían importar sin tener que pasar los estándares del DOT. Siempre que cumplan con los estándares de la EPA y no se conduzcan más de 2.500 millas al año, serán legales”.

La ley ‘Show and Display’

El proyecto de Bill Gates se presentó varias veces, pero siempre se rechazó. Hasta que, finalmente, se puso en marcha un proyecto de ley de transporte en el Senado que culminó en lo que se conoció como ley ‘Show and Display', firmada por el entonces presidente Bill Clinton en 1999.

Esta ley sigue vigente hoy en Estados Unidos y permite importar ciertos vehículos históricos o tecnológicamente relevantes y conducidos bajo condiciones especiales. Sólo afecta a coches con menos de 500 unidades producidas, ediciones especiales y limitadas a 2.500 millas anuales (unos 4.000 kilómetros).

Gracias a esta ley, Bill Gates pudo conducir su Porsche 959, aunque para ello tuvo que esperar nada menos que 13 años. Durante todo ese tiempo, el superdeportivo alemán permaneció en la aduana. 

Por cierto, que no le salió gratis, ya que el multimillonario pagó 28 dólares diarios que requería la autoridad portuaria por mantenerlo en su depósito, hasta un total de 138.000 dólares, coste que sumó al precio del vehículo.

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Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España