Cuando Citroën se adelantó al Bugatti Tourbillon de 3.8 millones de euros

El nuevo Bugatti Tourbillon comparte un elemento en su interior de lo más inesperado con los antiguos coches Citroën. ¿Sabes de qué elemento estamos hablando? 

El Bugatti Tourbillon ha captado la atención mundial por sus impresionantes 1.800 CV y su chasis monocasco, pero hay un detalle menos conocido que lo conecta con un vehículo mucho más modesto: el Citroën C4 de 2004. 

Este hiperdeportivo de Molsheim, símbolo de lujo y velocidad, ha recuperado una característica técnica que Citroën introdujo hace dos décadas en su compacto: el buje de volante fijo. ¿Sabes a qué nos referimos? Te lo contamos. ¡Sigue leyendo!

El volante fijo: de Citroën a Bugatti

El Citroën C4 sorprendió en su momento con innovaciones pensadas para mejorar la experiencia de conducción, entre las cuales destacaba un volante en el que solo el aro giraba, mientras que el centro permanecía fijo. 

Esta peculiar disposición tenía una ventaja clara: mantener los botones y luces de advertencia en una posición constante, facilitando su acceso sin importar cómo se girara el volante. Esto no sólo mejoraba la ergonomía, sino que también contribuía a la seguridad, al reducir la necesidad de que el conductor desviara la atención de la carretera.

Dos décadas después, Bugatti ha resucitado esta idea en su Tourbillon, llevando la innovación a un nivel superior. Al igual que en el Citroën, el buje fijo asegura que los controles estén siempre al alcance del conductor, una característica crucial en un coche que puede alcanzar velocidades de hasta 550 km/h. 

El cuadro de instrumentos, desarrollado en colaboración con relojeros suizos, permanece siempre visible, permitiendo al conductor tener una vista despejada de las magníficas esferas que incluyen un tacómetro de 10.000 rpm y un velocímetro.

La decisión de Bugatti de incorporar este elemento resalta cómo las innovaciones del pasado pueden reaparecer en el futuro, demostrando su valía en vehículos de alta gama. Mientras que en el Citroën C4 formaba parte de un esfuerzo por diferenciarse en un mercado competitivo, en el Bugatti Tourbillon es un ejemplo de perfección técnica y atención al detalle. 

Curiosamente, la idea del volante fijo no es exclusiva de Citroën. Ya en 1972, el Maserati Boomerang, un prototipo diseñado por Italdesign, incorporaba una solución similar, aunque en ese caso, las esferas y los interruptores provenían de un Citroën SM, debido a que Maserati estaba bajo el control de la marca francesa en esa época. 

Más recientemente, Koenigsegg introdujo una pantalla giroscópica en el volante de su Jesko, asegurando que la información permaneciera siempre en la posición correcta, sin importar los movimientos del volante.

El volante fijo, un elemento de lo más característico 

El volante fijo es una innovación que ha resurgido en la historia del automovilismo, pero su origen se remonta a varias décadas atrás. Este concepto se refiere a un volante en el que solo el aro exterior gira, mientras que el centro o buje permanece fijo. 

Esta característica, que a primera vista puede parecer inusual, ha sido adoptada por diferentes fabricantes a lo largo de los años, cada uno con sus propias motivaciones y aplicaciones. La historia del volante fijo comenzó en 1972 con el Maserati Boomerang, un prototipo diseñado por Italdesign bajo la dirección de Giorgetto Giugiaro. 

Este modelo, que nunca llegó a producción, incorporaba un volante con buje fijo que mantenía los instrumentos y controles en una posición constante, a pesar del movimiento del aro exterior. Lo interesante es que los componentes del volante, como esferas e interruptores, provenían del Citroën SM, ya que Citroën era propietaria de Maserati en esa época. 

Sin embargo, el Boomerang fue más un ejercicio de diseño que una propuesta comercial viable. No fue hasta 2004 que la idea del volante fijo fue introducida en un modelo de producción en masa, el Citroën C4. Este compacto francés, lanzado hace aproximadamente dos décadas, se destacó por sus innovaciones orientadas a mejorar la ergonomía y la seguridad del conductor. 

El volante fijo en el C4 tenía como objetivo mantener los botones y las luces de advertencia en una posición fija, sin importar el ángulo de giro del volante. Esta disposición facilitaba el acceso a los controles y mejoraba la seguridad al permitir al conductor mantener la vista en la carretera en todo momento. 

El concepto también fue implementado en otros modelos de Citroën, como el C4 Picasso y el C5, aunque finalmente fue abandonado. A pesar de haber desaparecido de los modelos de producción de Citroën, la idea del volante fijo no fue olvidada. 

Dos décadas después, Bugatti decidió retomar y perfeccionar esta tecnología en su nuevo Bugatti Tourbillon. En este caso, el volante fijo también sirve para asegurar que los instrumentos analógicos de titanio, desarrollados en colaboración con relojeros suizos, permanezcan siempre visibles y en la posición correcta. 

Además de Citroën y Bugatti, otros fabricantes también han explorado variaciones de este concepto. Por ejemplo, Koenigsegg, con su modelo Jesko, introdujo un volante con una pantalla giroscópica que se ajusta para que la información permanezca horizontal, garantizando que el conductor siempre pueda leer los datos correctamente.

Bugatti Tourbillon, lujo sin precedentes

El Bugatti Tourbillon presenta un diseño exterior que mantiene la esencia de su predecesor, con elementos característicos que recuerdan incluso al icónico Veyron. En el frontal, destaca una parrilla en forma de herradura, acompañada por grandes entradas de aire divididas por una franja que se extiende hacia los laterales, formando la reconocible ‘C’ que enmarca las ventanillas. 

Los finos faros LED en forma de tira se sitúan sobre estas entradas, mientras que el capó cuenta con dos salidas de aire y un limpiaparabrisas central. El Tourbillon monta llantas de 22 pulgadas, tiene puertas de apertura en formato élitro y en la parte trasera se distingue por un enorme difusor con dos salidas de escape en posiciones elevadas. 

Sus dimensiones son 4.671 mm de largo, 2.051 mm de ancho, 1.189 mm de alto y una distancia entre ejes de 2.740 mm. A pesar de sus componentes eléctricos, pesa 1.995 kg, lo que lo hace más ligero que su predecesor. No se ha revelado información sobre la capacidad del maletero.

El interior del Bugatti Tourbillon es único en la industria, destacando por la ausencia total de pantallas. Inspirado en los mecanismos de los relojes, su cuadro de instrumentos incluye tres diales. El dial central, que es el más grande, funciona como velocímetro y tacómetro, mientras que el de la derecha mide el rendimiento del motor V16

El dial de la izquierda agrupa indicadores como la temperatura del motor, el nivel de combustible y el estado de la batería. La consola central, con un diseño intrincado, alberga mandos físicos para diversas funciones, como la climatización.

En cuanto a motorización, el Bugatti Tourbillon ofrece una única opción, que difiere significativamente del Chiron. En lugar del motor 8.0 W16 con cuatro turbos del modelo anterior, el Tourbillon cuenta con un motor 8.3 V16 a 90 grados de aspiración natural, que entrega 1.000 CV

A este se suman tres motores eléctricos adicionales, cada uno con 340 CV, lo que lleva la potencia total a 1.800 CV. La potencia se gestiona mediante una caja de cambios automática de doble embrague y ocho velocidades, junto con un sistema de tracción integral con diferencial de deslizamiento limitado. 

Esta configuración permite al Tourbillon acelerar de 0 a 100 km/h en 2 segundos, alcanzar los 200 km/h en menos de 5 segundos, los 300 km/h en menos de 10 segundos, y los 400 km/h en menos de 25 segundos, con una velocidad máxima de 445 km/h. Además, cuenta con una batería de 25 kWh que le permite recorrer 60 kilómetros en modo eléctrico, lo que le otorga la Etiqueta Cero de la DGT en España.

El precio del Bugatti Tourbillon es de 3,8 millones de euros antes de impuestos, lo que en España se traduce en aproximadamente 4,5 millones de euros. Sólo se fabricarán 250 unidades, y las primeras entregas a los clientes están previstas para 2026.

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