El impuestazo que empiezan a pagar los coches eléctricos en Europa para compensar la caída en las ventas de gasolina

Hacienda investiga un nuevo impuesto aplicable a los coches de batería como consecuencia del aumento del mercado.
La transición hacia la movilidad sostenible en Europa está a punto de enfrentar un nuevo e inesperado obstáculo: la introducción de nuevos y significativos impuestos a los coches eléctricos.
Este movimiento tiene como objetivo principal compensar la drástica caída en las ventas de gasolina y diésel, que históricamente han sido una fuente crucial de ingresos fiscales para los gobiernos de la Unión Europea y el Reino Unido.
Además, la confirmación de este cambio fiscal, cuyo detalle inicial se ha centrado en el Reino Unido, sienta un precedente preocupante para el resto del continente, ya que el modelo de financiación de la infraestructura vial y los servicios públicos necesita una urgente reestructuración ante el avance imparable del vehículo eléctrico.

La paradoja fiscal de la electrificación
Desde hace años, los coches eléctricos han gozado de importantes exenciones fiscales, incluyendo la eliminación del impuesto de circulación, ventajas en peajes, a diferencia de la gasolina y el diésel, que están gravados con altos impuestos especiales.
De hecho, esta política de incentivos ha sido la palanca principal para impulsar su adopción y alcanzar los objetivos de reducción de emisiones. Sin embargo, el éxito de estos programas ha generado una paradoja fiscal. A medida que más conductores optan por el cero emisiones, el déficit en las arcas públicas generado por la disminución de los ingresos por combustibles fósiles se vuelve insostenible.
A raíz de esta situación el Ministerio de Hacienda se ha puesto manos a la obra para buscar nuevas fuentes de financiación. El caso más inmediato y citado es el del Reino Unido, que ha sido pionero en anunciar una fecha para la finalización de las exenciones fiscales para los VE.
A partir de una fecha determinada, los propietarios de coches eléctricos comenzarán a pagar el Impuesto de Circulación de la misma forma que lo hacen los vehículos de combustión interna.
Este impuesto, que varía según el vehículo, implica un gasto anual significativo que hasta ahora los propietarios de VE se habían ahorrado, eliminando uno de los principales atractivos económicos para la compra de un vehículo eléctrico.
Los modelos de imposición en la mesa
El panorama en el resto de Europa es similar, y la mayoría de los gobiernos están estudiando cómo tapar este agujero fiscal. Paralelamente, los expertos financieros y los organismos de transporte están debatiendo intensamente varios modelos de imposición para los coches eléctricos, los cuales podrían implementarse en los próximos años para asegurar la sostenibilidad financiera de las infraestructuras viales.
Uno de los modelos más directos es la simple igualación del Impuesto de Circulación, que sigue el patrón británico, eliminando la exención y tratando al coche eléctrico como un coche más en términos de impuestos de propiedad anuales.

Otro enfoque es la implementación de impuestos basados en el peso. Existe una preocupación creciente sobre el peso extra de las baterías de los VE, que provoca un mayor desgaste del asfalto.
Otra de las variables es el sistema considerado más equitativo, aunque el más complejo de aplicar, es la tarificación por kilometraje recorrido (Road Pricing). Este modelo reemplazaría los impuestos sobre el combustible por un cargo directo por cada kilómetro que el conductor circule.
A menudo vinculado a sistemas de seguimiento GPS o a la lectura del odómetro, permitiría a los gobiernos cobrar a todos los usuarios de la carretera de manera justa, independientemente de su tipo de motorización, pero plantea importantes desafíos en términos de privacidad de los datos y en la tecnología necesaria para su implementación a gran escala.
Finalmente, otra opción que se contempla es la imposición de un Impuesto Específico sobre la electricidad de recarga. Esto implicaría crear un nuevo impuesto especial a la electricidad utilizada para cargar vehículos en puntos públicos o incluso en el hogar, replicando de manera más directa el gravamen que actualmente existe sobre la gasolina y el diésel.
Un riesgo para la descarbonización
La principal ventaja económica del coche eléctrico, más allá del ahorro en el consumo, ha sido históricamente la exención de cargas fiscales que abarataba su uso diario. Introducir nuevos costos ahora podría reducir significativamente el atractivo de pasarse a lo eléctrico, especialmente para los consumidores con menor poder adquisitivo que están en la balanza.
Ahora, el camino hacia la electrificación total del parque automovilístico es irreversible, pero la forma en que los gobiernos decidan financiar la era post-gasolina determinará la velocidad a la que se alcance esa meta.
La introducción del impuesto de circulación en el Reino Unido es solo el primer aviso de una inminente reestructuración fiscal que afectará a millones de conductores en toda Europa.


