Reportaje

Coches 4x4

Explorers Aventura 2015: diversión a tope en el desierto

Vicente Cano

13/06/2015 - 09:00

De la mano de Mitsubishi, AUTO BILD ha participado en la Explorers Aventura 2015, una competición de navegación por el desierto de Marruecos para motos y coches. La experiencia es de un valor incalculable, como los paisajes por los que atraviesa todo el recorrido. También, el saber ahora que un Mitsubishi Montero es capaz de aguantar la paliza que se llevó a lo largo de cinco días y traerte de vuelta a Madrid como si nada.

El día que me propusieron tomar parte en la Explorers Aventura 2015 había regresado 48 horas atrás de la misma zona de Marruecos en la que se disputa esta prueba. No volvía loco la idea de regresar a Erfoud, Merzouga… hasta que me puse a leer de qué iba el asunto. Sí, dormiría en los mismos hoteles y, cuando pudiera, me tomaría una cerveza en los mismos sitios, pero en medio no iba a pisar asfalto más que de casualidad. De hecho, después de diez días y ya casi regresando a Madrid, en el equipo Mitsubishi Press Team hicimos números: 4.500 kilómetros en total, de ellos unos 1.200 km por pistas o fuera de camino. Con esto ya habría tenido argumentos para irme a pie hasta el Sahara marroquí si hubiera hecho falta, pero es además han sido los mil y pico kilómetros más divertidos de toda mi vida.

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Esta panzada de conducción todoterreno no es por que sí o al libre albedrío de los 19 conjuntos inscritos en coches y los 32 en motos –en cada equipo deben participar dos vehículos salvo en la modalidad de Aventura 4x4-, porque aunque esto no es un Raid o una carrera, sí que se trata de una competición. ¿El objetivo? Sumar el mayor número de puntos en cada etapa, para lo que hay que localizar, alcanzar y fotografiarse en el mayor número de ‘way points’ posibles sin olvidarse de pasar por los controles de paso y llegar a la meta en la hora prefijada para evitar penalizaciones. Por si todavía no sabes lo que es un ‘way point’, aclaro que se trata de un lugar marcado por coordenadas sobre un mapa o en la pantalla de un GPS.

Y sobre los mismos te diré que en la modalidad de orientación en el desierto, en la que competí junto a Javier de la Calzada (Director de Comunicación de Mitsubishi), Carlos Hernández (director de Autoaventura 4x4) y Raúl Romojaro (redactor jefe de AS) en el Press Explorers Team había cinco tipos de ‘way points’: los de 10 puntos (normalmente, al pie de una pista), los de 20 puntos (a un kilómetro o menos), los de 30 puntos (a varios kilómetros), los de 40 puntos (con kilómetros y kilómetros fuera de pista que recorrer para poderlos alcanzar) y los de 50 puntos. Estos últimos realmente a veces no compensaban salvo que trazaras una ruta estratégica que pasara muy cerca, porque si no, bien por su distancia o su dificultad de acceso, eran una auténtica puñeta. Eso sí, como terminamos conviniendo en el equipo, merecían la pena por la propuesta de la organización a visitar un lugar único.

Pero, espera, que en el párrafo anterior he mencionado la palabra estrategia y para ser sincero, las dos primeras horas del primer día estuve más perdido que Tarzán en una junta de vecinos. Como te decía, la organización te cargaba los ‘way points’ en unos GPS de mano, pero lo más aconsejable –ya que en estos no pueden verse al mismo tiempo carreteras, pistas etc.- es pasarlos a un ordenador o a una Tablet. Para ello, hace falta un programa que teníamos, pero que ninguno sabíamos manejar antes de salir de Madrid camino a la Explorers Aventura, para más INRI la cartografía digital de la que dispusimos durante toda la prueba –igual que la que ofrece en papel la organización de la prueba- eran unos mapas soviéticos extraordinariamente fieles cuando se hicieron, en 1955. Por suerte, los rusos hicieron bien su trabajo y además de reflejar la orografía a la perfección, sorprendentemente, la mayoría de las pistas, caminos y senderos siguen allí después de 60 años, pero en cuanto nos acercábamos a las poblaciones íbamos a ciegas.

 

Una vez superado el bache tecnológico de las primeras horas, comenzamos a cazar ‘way points’, aunque con la emoción de pasar el primer control de foto obligatorio, haber gastado demasiado tiempo en el primer sector y el estar navegando cada día en un área de unos 100 km cuadrados nos fue imposible llegar al primer control de paso obligatorio en tiempo. Penalizamos por 11 minutos el 33% de todo lo conseguido en la jornada, pero aprendimos la lección. Esa tarde, la organización aconsejaba no adentrarse en el Sierra Sarro si no se llegaba pronto al control, así que decidimos hacerles caso y recolectar algunos puntos cercanos para después dar un pequeño rodeo por carretera. Allí cayó el primero de los puntos Explora para nuestro equipo, el morabito de Charaka n´Tourza, que nos dio 50 puntos en este trofeo aparte de la clasificación general.

Esa tarde se dio uno de los momentos emocionantes de la edición 2015 de la Explorers Aventura, cuando tras deambular por los montes de XX buscando las pistas que salían en nuestro mapa, conseguimos llegar en el último minuto de límite. Tuvimos que correr un poco, lo reconozco. El segundo día seguimos pagando el pato de los principiantes, tras una espectacular salida en el valle del Dadès, porque no fuimos capaces de encontrar por dónde vadear este río y, cuando lo hicimos a eso del mediodía, ya no daba tiempo de pasar por dónde estaban la mayoría de los puntos. Lo bueno es que, mientras dábamos tumbos, encontramos otro punto explora y, de paso, aprendimos a desechar ‘way points’ por muy jugosos 40 o 50 puntos que representasen, si no se ajustaban a tu plan trazado para llegar a la meta.

Así, salimos el tercer día en la etapa maratón que discurría a lo largo de dos jornadas con la obligación de terminar antes de las 20.20h –hora del ocaso- y descansar al menos 10 horas para poder seguir. Por desgracia, en nuestro caso eso nos obligaba a optar por una ruta hacia el Sur u otra hacia el Norte, que elegimos a nuestro pesar de ver qué habría por el otro lado. Los valles de nombres en cirílico en nuestra cartografía se sucedían con sus paisajes lunares, a veces marcianos, mientras de cuando en cuando un grupo de niños salía de la nada a pedirte agua, bolígrafos… por suerte, la experiencia me llevó a llevar cosas que dar en estos casos, pero eso no evita que todavía tenga clavadas en mi recuerdo sus manos haciendo el gesto de necesitar una pastilla de jabón para lavar al bebé que colgaba de su espalda la madre de unos niños que nos salieron de la nada en mitad de un valle calcinado por el sol. Hace 150 años, antes de que franceses, alemanes e ingleses los aniquilaran, sus bisabuelos convivían con los grandes felinos africanos y la fauna de las grandes sabanas.

De hecho, el paisaje dominado por las acacias prevalece en amplias zonas, aunque debido a la manía de la organización de Explorers Aventura de colocar los ‘way points’ en estos amorfos árboles, me ha hecho cogerles algo de tirria. Y es que, para que el punto valiera –“y que la gente no se tome esto como un Raid”, admite Alberto, director del evento-, es necesario bajarse del coche y hacerse una foto junto al hito en la misma perspectiva que fue tomada en el libro de ruta. Esto llevaba un buen rato verlo a veces, así que en el equipo dividimos tareas para que Raúl y Javi llevaran memorizada cada imagen. Carlos y yo, guiados a veces solo por su instinto de olisqueador de caminos desarrollado en mil batallas, abríamos camino. Por mi parte, que partí de 0% en nivel de conocimientos sobre navegación, tengo que decir que fui desarrollando cierta habilidad con el programa Orux Maps que usábamos.

En cuanto a la conducción, nos turnábamos al volante de uno de los dos Montero. Nadie estaba dispuesto a renunciar a un solo kilómetro de esa delicia que son los caminos y el fuera de pista con unos Mitsubishi Montero que, con todo de serie salvo unas ruedas con algo más de tracción en tierra y protección en los flancos, llegaron casi inmaculados de vuelta a Madrid. Ninguno, especialmente nuestros amigos de la marca, se imaginaban lo dura que sería la prueba a la que se someterían, especialmente, en las dos últimas etapas. Sinceramente, si tengo que volver a hacer el bestia de esta manera, no quiero otro coche como compañero. El final obligado de la maratón nos pilló en la cima de una montaña de 900 metros, que dominaba varios valles.

Coincidimos allí con un equipo y una puesta de sol tan espectacular que no quisimos perdernos, pero que al bajar ladera abajo nos hizo darnos cuenta de que el lugar donde debíamos dormir estaba a más de dos horas. Decidimos dormitar en la población más cercana, en una casa de amables lugareños, aunque su hospitalidad no hará que para otra llevemos tiendas de campaña para evitar el calor y los mosquitos de los pueblos de la zona. Eso sí, cenamos y desayunamos de manera colosal al estilo beréber. Al día siguiente, decidimos lanzarnos casi exclusivamente a por los puntos Explora, estábamos segundos en esa clasificación y de mitad de tabla no íbamos a pasar en la general, que lideraban unos portugueses con un nivel de preparación profesional. A mediodía eso nos valió encontrar un lugar mágico –una ciudad abandonada hace 300 años a causa de una plaga de mosquitos- a base de preguntar, ya que de los puntos Explora no se ofrecían más que pistas, no las ubicaciones.

 

El último día discurría entre las 8.00h y las 11:30 sobre las dunas de Merzouga, para luego discurrir por los pedregales que separan este pueblo de Erfoud. El amanecer con los coches alineados frente a la arena naranja y cómo fueron saliendo levantando ese polvo que se te mete en la ropa y no sale sino tras varios lavados fue una escena casi onírica. No sé por qué, pero solo soy capaz de recordarla a cámara lenta, sin el ruido de los motores. El entrenamiento que habíamos hecho el domingo antes de empezar nos sirvió para atascarnos pocas veces, y las que nos pasó, pudimos sacar los coches en poco tiempo. Aprovechamos el rato hasta el último momento y a las 11 y pico salimos a buscar los últimos ‘way points’ de la competición.

En las cuatro horas siguientes, mientras íbamos parando a sacar todos los puntos a mano que teníamos, se me empezó a despertar la pena de que la diversión estaba acabándose y qué hubiera pasado de haber venido el primer día con todo lo que ya sabía aprendido. El año que viene quizá, eso sí, habría que currárselo bien antes para poder batirse con los Pinhel Cidade Falcao, ganadores absolutos (arrasadores más bien), aunque al final les ‘quitamos’ el Trofeo Explora al no poder acumular ambos premios… tampoco está tan mal para la primera vez.

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Vicente Cano

Redactor

Ferrolano de corazón, getafense de adopción, en periodismo desde hace 20 años. "Ser feliz es querer lo que se tiene, no tener lo que se quiere"

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