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Prueba

Test Citroën Berlingo Puretech 110: ‘Très grand’

Test Citroën Berlingo Puretech 110
Nota

7

Gana muchos enteros.

Los tiempos cambian. Hace solo un par de años, ningún deportivo era para mí lo suficientemente rápido, ruidoso e incómodo. Desde hace dos semanas, la familia ha crecido. Vale, de momento no es más que una cachorrita de labrador minúscula, pero aun así mi Porsche (y lo he comprobado ya) no le gusta. En cambio, el nuevo Citroën Berlingo la ha entusiasmado. Asientos elevados y con mullidos blandos, suspensiones aún más blandas y una facilidad extrema para entrar y salir: así ha sido la prueba del Citroën Berlingo.

VÍDEO: Nuevo Citroën Berlingo 2018 con paquete XTR

De acuerdo que un perro no es el probador de coches más adecuado de mundo (bueno, es muy sincero), pero después de haber pasado un fin de semana con el nuevo Citroën tengo que decir algo: ¡tenía toda la razón! Pero vayamos por partes.

Empecemos por el diseño. Hoy en día, el último grito son sin duda los SUV, pero a su sombra las pequeñas furgonetas ligeras, llamadas LCV (Light Commercial Vehicles) están avanzando puestos en las listas de matriculaciones. Citroën ha tratado de mezclar los dos mundos en el apartado estético. El frontal se asemeja al de su hermano el C3 Aircross. Su diseño es fresco y moderno y, por tanto, nunca será el motivo por el que no te lo comprarías.

5 virtudes y un defecto del Citroën Berlingo

También el acceso se asemeja al de un SUV. Los asientos tienen una ubicación cómodamente elevada y, gracias al enorme espacio para la cabeza, uno se sienta en el puesto del conductor casi sin darse cuenta. En la zona trasera, lo mismo: al acceso cómodo se une a mucho espacio. Mucho más, de hecho, de lo que hacían suponer sus 4,40 metros de largo. Y a eso añade un maletero generosísimo que cubica entre 775 y 3.000 litros.

Y cuando uno eleva la vista no puede evitar que se le escape un "¡ooohhh!". A derecha e izquierda el techo está surcado por dos superficies acristaladas que inundan el habitáculo de luz. Lo cierto es que se ve como un coche mucho más caro, porque este detalle aporta un punto de refinamiento al ambiente. Y, además, los franceses han metido mucha tecnología en este modelo. No faltan una pantalla táctil de gran tamaño en la consola central ni el head-up display, que son elementos habituales en otros modelos de la marca, pero que no se esperan en esta categoría.

En carretera me ha sorprendido su comportamiento. Y es que, por suerte, los franceses han vuelto a sus maneras de antes y a su peculiar manera de entender el confort. Unas suspensiones de tarado duro, no tendrían sentido en este modelo. Por su parte, el pequeño motor tres cilindros, con su característico sonido, mueve muy bien el conjunto, gracias, en gran parte, a un par motor relativamente elevado. Y tanto el chasis como la dirección tienen un tacto suave. Este vehículo no solo invita al relax, sino que te lo produce. Incluso mantiene a sus pasajeros en un estado de placidez cuando circulas por el estresante tráfico urbano.

Más precisión de lo esperado

Y, con todo, el Berlingo está lejos de aquellos pronunciados balanceos en curvas que caracterizaban a modelos anteriores de la marca. Todo se siente preciso y transmite sensación de seguridad. Los frenos responden con potencia y aunque, por supuesto, la carrocería se inclina en los giros debido al tarado de sus suspensiones, siempre se siente seguro (en parte por su ESP, que entra en acción con prontitud).

Todo suena muy bien, ¿pero hay algún punto criticable? Por supuesto. Los plásticos del interior, por decirlo de una forma amigable, tienen un tacto y aspecto rústico, los acabados son algo justos y los asientos deberían tener algo más de tamaño y quizá un mullido más firme. Pero, en el fondo, son pequeñeces.

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Tanta diversión, en cambio, no es barata: el modelo básico gasolina parte de los 14.000 euros (Live), y el coche de la prueba con el motor de 110 CV en su versión tope de gama, Shine, sube hasta los 16.000 euros.

¿Qué queda entonces del Berlingo como vehículo familiar asequible para todos los bolsillos? Los tiempos, como decía al principio, cambian.

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Conclusión

Lo mejor

Discreto, extremadamente práctico y con detalles que lo hacen incluso atractivo.

Lo peor

Su comportamiento dinámico no es el mejor en el día a día.

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