La personalización de los coches es la nueva moda, pero no lo llames ‘tuning’, llámalo personalización

Actualmente, el fenómeno del ‘tuning’ ha evolucionado hacia lo que se conoce como ‘personalización’ de vehículos. ¿Sabes en qué consiste? Te lo contamos.
Las revistas Maxi Tuning y Top Tuning; el programa de televisión Pimp My Ride; la saga de películas de ‘Fast & Furious’; los videojuegos ‘Need for Speed: Underground’ y ‘Midnight Club: Street Racing’… Y un largo etcétera.
Si algo de lo que he mencionado hasta ahora te suena, déjame decirte que se podría decir que no sólo eres un amante de los coches, sino que también lo eres del 'tuning'. Pero, ¿qué es esto de 'tuning'? Se trata de un fenómeno cultural y técnico que hace referencia a la personalización y modificación de vehículos.
Hablamos tanto de la estética como de su rendimiento, principalmente con el objetivo de diferenciarse y optimizar su funcionalidad. La palabra ‘tuning’ proviene del verbo inglés ‘to tune’, que significa ajustar o afinar, utilizado originalmente en la mecánica para referirse al ajuste fino de motores con el fin de mejorar su rendimiento.
Con el paso del tiempo, el término ha evolucionado y se ha expandido más allá del ámbito técnico, abarcando transformaciones en el diseño exterior e interior de los coches. Se podría decir que es un término que nació en el diccionario, y que se mudó a las calles.
Movimiento ‘tuning’, una expansión global
El movimiento ‘tuning’ comenzó a ganar fuerza en la segunda mitad del siglo XX, especialmente en Estados Unidos, donde la personalización de coches se convirtió en un símbolo de estatus. Los primeros entusiastas se enfocaban en potenciar motores para carreras callejeras o eventos automovilísticos.
Sin embargo, pronto la estética pasó a ser una parte fundamental del 'tuning'. Esto llevó al desarrollo de la cultura alrededor de los coches modificados, con competiciones y exhibiciones que celebran la originalidad y las prestaciones de los vehículos.
Como era de esperar, el tuning no tardó en propagarse a otros países, convirtiéndose en un fenómeno global. En Japón, por ejemplo, surgió un estilo propio con modificaciones extremas y un enfoque en la aerodinámica, influenciado por las carreras de coches y la cultura JDM (Japanese Domestic Market).
En Europa, el tuning encontró su propio nicho, destacando en Alemania y Reino Unido, donde las mejoras en rendimiento y los acabados de alta calidad eran la norma. En España, este fenómeno no llegó hasta la década de 1990.
Fue entonces cuando comenzó a ganar popularidad entre los jóvenes entusiastas del motor. A lo largo de los años, se han establecido clubs, eventos y exposiciones dedicadas exclusivamente a los vehículos modificados.
España fue uno de los países europeos que abrazó con más fuerza este movimiento, consolidándose con eventos icónicos como el Tuning Show de Barcelona, que ha sido un referente para los aficionados de todo el país.
El ‘tuning’ como cultura
Como ya sabes, los medios de comunicación hablamos sobre lo que ocurre fuera de la redacción. Pues bien, esto mismo sucedió con el ‘tuning’. Y es que muchos medios empezaron a contribuir a la difusión y popularización del fenómeno.
En la televisión, programas como "Pimp My Ride" de la cadena MTV, emitido entre 2004 y 2007, jugaron un papel crucial al mostrar la transformación de coches comunes en máquinas únicas, con modificaciones extravagantes tanto en el interior como en el exterior.
Este programa, presentado por el rapero Xzibit, marcó una generación de aficionados al tuning, mostrando que cualquier coche, sin importar su estado inicial, podía ser convertido en una obra de arte automotriz.
En cuanto a revistas, publicaciones como ‘Maxi Tuning’ y ‘Top Tuning’ fueron referentes en España durante los años 90 y principios de los 2000. Estas revistas ofrecían desde reportajes de los coches más modificados hasta guías sobre cómo realizar cambios estéticos y de rendimiento.
El cine también jugó un papel fundamental en la expansión de esta cultura. La saga de películas ‘The Fast and the Furious’, iniciada en 2001, catapultó el 'tuning' a nivel global, mostrando coches con modificaciones extremas y carreras ilegales que capturaron la atención de millones de personas en todo el mundo.

Del ‘tuning’ a la ‘personalización’
Con el paso del tiempo, la industria automotriz ha sabido adaptarse a los gustos cambiantes del consumidor, pasando de un enfoque en la mejora extrema de vehículos (como se veía en el ‘tuning’) a una tendencia más sobria y refinada: la personalización.
Hoy en día, los propios fabricantes de automóviles ofrecen múltiples opciones para que el cliente pueda personalizar su coche directamente desde fábrica. Esto va desde seleccionar el color, el tipo de tapicería o el sistema de infoentretenimiento, hasta paquetes de rendimiento y diseño específicos.
Este cambio de enfoque también ha llevado a que se hable menos de ‘tuning’ en el sentido tradicional de modificaciones hechas por el propietario o talleres especializados. Las marcas han entendido que los clientes buscan vehículos que no sólo ofrezcan un buen rendimiento, sino que también reflejen su personalidad desde el momento de la compra.
Además, la personalización ha ido ganando terreno por motivos de seguridad y regulaciones, ya que algunos cambios radicales en la estructura o mecánica del vehículo pueden poner en riesgo la homologación del mismo.
Empresas como BMW, Audi y Mercedes-Benz han sido pioneras en ofrecer programas de personalización prémium a sus clientes, permitiendo elegir detalles específicos en el diseño exterior e interior del vehículo, además de incorporar mejoras en el rendimiento de manera segura y certificada.
Incluso marcas más asequibles como Ford y Volkswagen han seguido este camino, ofreciendo kits deportivos o acabados especiales que permiten a los usuarios dar un toque personal a su vehículo sin tener que acudir al mercado del 'tuning' tradicional.
‘Personalización’, el nuevo fenómeno automovilístico
Sin embargo, hay personas a las que la personalización, digamos, de fábrica, se les queda corto, por lo que acuden a talleres especializados. Este nuevo movimiento lo explica muy bien José Urbina, gerente del taller Luna Nueva (@taller_luna_nueva), situado en Alcorcón (Madrid).
Según explica Urbina al diario El Confidencial, el precio aproximado de un coche que entra a Luna Nueva es de 400.000 euros. Nada mal, ¿no? Si accedes a su cuenta de Instagram, te encontrarás con algún que otro Porsche GT3 RS, con un Ferrari F8 Tributo, o múltiples Lamborghinis.

Por supuesto, también hay modelos más asequibles, como es el caso de un Volkswagen o un Fiat Abarth. “En la época tunera no había el nivel de coches de ahora. Ver un Ferrari era una auténtica locura”, explica Urbina al diario mencionado.
“¿Qué era el tuneo? Los equipos de música descomunales, los kits de carrocería salvajes o el stance”, explica el gerente del taller. Sin embargo, lo que se conocía como ‘tuning’, ahora ha dado un salto hacia lo que se conoce como la 'High-Performance Personalization’.
Se trata de cambios relacionados con la seguridad, como es el caso de los cinturones de seguridad o los detectores de radar, así como relacionados con la iluminación, el vinilado, la carrocería, o incluso con el sistema multimedia.

“Ya no es tuneo. Se ha afinado y nos hemos educado”, asegura Urbina. Sin embargo, los principales clientes del taller Luna Nueva son personas célebres que cuentan con un alto poder adquisitivo. Pero, ojo, porque este movimiento no entiende de edades.
“También (viene) el chavalito que ahorra como un hijo puta” para modificar su Seat Ibiza”, sentencia Urbina. Así como también “vienen clientes de 60 años en traje (diciendo) que quieren llantas”, tal y como redacta El Confidencial.
¿Cuáles son las modificaciones de coches más comunes?
Aunque el tuning radical ha perdido parte de su relevancia, la personalización sigue siendo una tendencia fuerte entre los entusiastas del automóvil. Entre las modificaciones más comunes hoy en día destacan:
Llantas y neumáticos personalizados. El cambio de llantas sigue siendo una de las modificaciones más populares. Se pueden encontrar desde modelos básicos a partir de 500 euros, hasta llantas de diseño exclusivo que superan los 2.000 euros por juego.

Suspensiones mejoradas. Ya sea para un mejor rendimiento en carreteras o para lograr una estética más agresiva, muchos conductores optan por suspensiones regulables o deportivas, cuyo precio oscila entre los 800 y 3.000 euros dependiendo del sistema.
Sistemas de escape. El sonido del coche es un factor importante para muchos entusiastas, y los sistemas de escape deportivos son una de las modificaciones más comunes. Los precios varían desde los 400 hasta los 2.500 euros, dependiendo de la marca y el modelo.
Alerones y kits aerodinámicos. Aunque ya no se ven tantas modificaciones extremas como en los años 2000, algunos optan por mejorar la aerodinámica del vehículo con kits deportivos o alerones. Estos pueden rondar entre los 300 y 2.000 euros.
Vinilos y cambios de pintura. La pintura personalizada y el vinilado del coche han reemplazado en gran parte las modificaciones más extremas de carrocería. Un buen trabajo de vinilado puede costar entre 1.500 y 3.000 euros, mientras que una pintura completa puede ascender hasta los 5.000 euros.
Aunque el término ‘tuning’ ha caído en desuso, la esencia de personalizar el coche sigue viva. Sin embargo, hoy en día, las modificaciones buscan un equilibrio entre la estética, el rendimiento y el cumplimiento de las normativas.
Es decir, ese miedo por no tener el coche homologado y no pasar la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) ha ido desapareciendo con el paso del tiempo y, aunque aún siga vigente, el paso del ‘tuning’ a la personalización en talleres especializados, ha hecho que este fenómeno se diluya.
El coche eléctrico no es fan de la personalización
Los coches eléctricos son la nueva moda. Puede que las ventas se hayan estancado, pero sí se habla mucho de ellos últimamente. Bien sea por las subvenciones estatales, o por los aranceles que quieren imponer varios países occidentales a los coches eléctricos chinos.
Sea como sea, los coches eléctricos no han entrado de lleno en el fenómeno de la personalización. “Eléctricos se hacen muy poquitos. Algo de multimedia y seguridad, pero liarse a tope no se lían”, señala Urbina. “¿Quién se quiere gastar 200.000 euros en un coche de pilas?”, concluye el gerente.











