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Comparativa

Comparativa: BMW 330i vs Mercedes C 300. El duelo que esperábamos

BMW 330i vs Mercedes C 300.

Cuando se enfrentan el Mercedes Clase C y el BMW Serie 3, normalmente suele haber dos ganadores. ¿El motivo? Los dos acostumbran a estar en la cúspide de su segmento, y la elección final suele depender de gustos y, sobre todo, de caracteres. El BMW se renueva, de modo que llega el momento de uno de los duelos de más esperados, o lo que es lo mismo, la comparativa del BMW 330i vs Mercedes C 300.

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El semblante del nuevo Serie 3 es ahora aún más afilado, con faros algo más agresivos, una silueta más musculada y cierta cosmética en la línea de las ventanillas. Pero mucho más importantes son las novedades interiores, esto es, un ejército tecnológico de asistentes de conducción y virguerías multimedia. También un chasis mejorado, y unas cotas que crecen a lo largo.

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Los 258 CV los obtiene de un cuatro cilindros gasolina  longitudinal sobrealimentado, que proyecta la fuerza a las ruedas traseras a través de un cambio automático. Son ocho relaciones orientadas a la máxima eficiencia con la lógica de los cambios variable. Una caja con convertidor de par que, en nuestra opinión, apenas podría mejorarse.

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En este acabado, el BMW tiene un enfoque deportivo

Mercedes contraataca con un cambio automático de nueve velocidades. Nuestro Serie 3 de pruebas está orientado a la deportividad en su acabado M, con ruedas más grandes, pinzas de freno coloreadas, diferencial deportivo y rebaja del chasis. Por todo este equipamiento, supera en algo más de 2.000 euros al Mercedes de este test. Pero a su favor, el 330i gasta de media 0,2 litros menos que el C300, que ha llegado a los 8,1 en nuestra prueba. Y el BMW es incluso más rápido, aunque los dos casi tienen el mismo peso, en torno a las 1,6 toneladas. Y en frío, el BMW frena mejor.

BMW 330i vs Mercedes C 300.

Su tarado es tirando a firme, y nuestra unidad montaba ruedas de 19 pulgadas. Con su chasis deportivo, lo cierto es que en el habitáculo las irregularidades del asfalto no pasan desapercibidas. Incluso hemos notado ciertas vibraciones en los respaldos y en la chapa bajo nuestros pies, con las que no contábamos.

A elevadas velocidades, el BMW se siente más nervioso, comparativamente. Y tenemos alguna pega respecto a la postura de conducción: el ancho túnel central choca con la espinilla del conductor, y los asientos, extremadamente contorneados, son adecuados para gente relativamente delgada.

Eficaz en curva, pero...

El ajuste general de los amortiguadores nos ha parecido demasiado rígido. El coche nunca se siente relajado ni fluido, algo que también tiene que ver con el corto recorrido de las suspensiones de este paquete M.

El motor y la transmisión sí que forman un conjunto ejemplar. Al 2.0 le encanta subir de vueltas, gira con suavidad y, a partir de una mínima pausa del turbo, el empuje es muy contundente. El cambio inserta con rapidez y sin tirones, y siempre da con la marcha perfecta para cada situación. En el Mercedes, el dos litros suena más a bajas revoluciones, y no sube tan ávido como su rival.Pero eso no significa que le falte fuerza. Sus 370 Nm dan de sobra para cualquier uso, y este Mercedes es capaz incluso de arrancar con elegancia incluso en segunda.

Y por dentro...

En cuanto a consideraciones más prácticas, tiene menos espacio detrás que el BMW. La instrumentación del Mercedes es clásica, con relojes clásicos, y para las funciones multimedia tiene el controlador central y una pantalla.

El BMW tiene un cockpit más moderno con indicadores configurables, y el cuentavueltas con una aguja virtual que gira en contraposición a la del velocímetro. Cuestión de gustos. Junto a la palanca del cambio de la consola central está el conocido mando iDrive. Un sistema que se mantiene desde hace años aunque evoluciona en cada generación y, en nuestra opinión, es de los mejore resueltos y más intuitivos del mercado.

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