Akio Toyoda, expresidente y director ejecutivo de Toyota: "Todo el mundo se está pasando a los vehículos eléctricos, y ese es mi mayor temor. Me siento muy solo"

El mayor directivo de la firma japonesa afirma sentirse aislado ante la nueva apuesta de sus competidores con los vehículos de batería.
Akio Toyoda, director ejecutivo y expresidente del consejo de administración de Toyota, ha manifestado abiertamente su enorme inquietud ante la velocidad y la uniformidad con la que el sector está abandonando los motores tradicionales y apostando por vehículos de batería eléctrica.
El veterano directivo japonés confesó de manera explícita que su mayor temor actual es ver cómo absolutamente todo el mundo se está pasando a los vehículos eléctricos, una corriente masiva que le hace sentirse muy solo en la defensa de una transición mucho más diversificada y progresiva.
Las declaraciones de Toyoda ponen de manifiesto una profunda brecha filosófica entre la estrategia de la corporación nipona, que sigue liderando las ventas mundiales de automóviles por sexto año consecutivo, y las agresivas apuestas comerciales de sus competidores directos.

A pesar de la enorme presión de los mercados financieros y de las estrictas regulaciones gubernamentales en favor de las cero emisiones, el nieto del fundador de la compañía insiste en que una reconversión industrial precipitada centrada exclusivamente en la electricidad de baterías podría acarrear graves consecuencias tanto para el empleo como para la verdadera libertad de los consumidores.
Para Akio Toyoda, la defensa de los motores de combustión interna no responde únicamente a criterios puramente económicos o comerciales, sino que posee un arraigado componente emocional y una profunda responsabilidad social.
El directivo recordó con nostalgia que hace apenas tres o cuatro años él era prácticamente el único líder de la industria que se atrevía a declarar ante los medios de comunicación internacionales su amor por el olor, el sonido y la vibración característicos de los propulsores tradicionales.
Junto a ello, el directivo japonés subrayó con preocupación que su gran motivación al mantener esta postura contracorriente siempre ha sido proteger los millones de puestos de trabajo de la inmensa red de proveedores de componentes para motores de combustión, una cadena de valor que corre el riesgo de desaparecer por completo en la nueva era eléctrica.
A pesar de que el mercado automotriz global ha experimentado cierta ralentización en la demanda de coches eléctricos puros durante los últimos meses, obligando a muchas marcas a reconsiderar sus agresivos plazos de electrificación total, Toyoda percibe que la inercia general del sector sigue empujando de forma imparable hacia las baterías.
Al observar este panorama, el ejecutivo admitió con amargura que siente que sus argumentos ya no encuentran eco en la industria automotriz contemporánea. Según sus propias palabras, le parece que se ha convertido en el único defensor de los motores térmicos que queda en pie en las altas esferas globales, lo que le genera un enorme sentimiento de aislamiento profesional y estratégico dentro del panorama internacional.

Esta férrea postura de Toyoda explica el motivo por el cual Toyota ha adoptado un enfoque de múltiples vías tecnológicas en lugar de apostar todo su capital a los vehículos cien por cien eléctricos, una decisión que le ha valido duras críticas por parte de grupos ambientalistas y de ciertos sectores inversores que consideran que la marca llega tarde a la gran revolución tecnológica.
Bajo la dirección de Toyoda y su sucesor, Koji Sato, la multinacional japonesa ha preferido seguir perfeccionando su exitosa tecnología de vehículos híbridos convencionales e híbridos enchufables, al mismo tiempo que continúa invirtiendo considerables recursos económicos en el desarrollo del hidrógeno y en combustibles alternativos sintéticos neutros en carbono.
El presidente de Toyota defendió con firmeza este modelo de negocio argumentando que los entusiastas del automóvil y la propia dirección de la empresa deben luchar de forma interna para salvaguardar la emoción de conducir.
Toyoda advirtió de que si las decisiones empresariales se tomaran basándose única y exclusivamente en presentar un balance de cuentas impecable, en maximizar los beneficios rápidos o en cumplir con las metas de neutralidad de carbono a través de una sola tecnología impuesta, el desarrollo de vehículos perdería por completo su capacidad de emocionar y apasionar a los usuarios.
El dilema planteado por el histórico dirigente japonés pone de relieve el enorme desafío logístico, infraestructural y humano que implica la electrificación masiva a nivel global.
Mientras la red de recarga pública sigue mostrando importantes deficiencias en numerosos mercados y muchos consumidores se resisten a abandonar la versatilidad de la gasolina, la soledad que confiesa Akio Toyoda abre un debate crucial sobre si el camino hacia la sostenibilidad debe ser unánime o si, por el contrario, requiere de la convivencia de múltiples soluciones de movilidad que se adapten a las realidades energéticas de cada región del planeta.


