El hidrógeno parecía la salvación del automovilismo. El problema es que parece que no lo va a ser y varias marcas lo saben

Aunque los coches de hidrógeno eran una gran alternativa al vehículo eléctrico, algunas empresas, como Stellantis, empiezan a abandonar sus proyectos de desarrollo.
El futuro de la industria del automóvil parece empezar a inclinarse del lado de los coches eléctricos. En Europa hace tiempo que impusieron un veto a los motores de combustión interna, con una fecha límite fijada en 2035, mientras que alternativas como los combustibles sintéticos no terminan de despegar. Ahora empieza a tambalearse otra de las posibilidades: los coches de hidrógeno.
Hace no mucho, la tecnología de pila de combustible de hidrógeno se postulaba como una alternativa real a los vehículos eléctricos. Estos sistemas de propulsión combinaban la sencillez del repostaje de un coche de combustión tradicional con la eficiencia de un motor eléctrico. Sobre el papel era perfecto. En el mercado, sin embargo, comienza a ser inviable.
Son solo unas pocas marcas las que se han interesado en la tecnología del coche de hidrógeno. Los máximos exponentes son Toyota y Hyundai, que son los que más vehículos de pila de combustible de hidrógeno están comercializando. De hecho, los coreanos ya han vendido más de 36.000 unidades de Hyundai Nexo en su país natal desde 2018.
El hidrógeno y su viabilidad en el futuro

Pero el tamaño y la infraestructura de Corea del Sur no es la de otros países como España, donde el hidrógeno como combustible es meramente testimonial. España apenas cuenta con unos pocos centros experimentales no abiertos al público donde se puede repostar hidrógeno. Esto justifica que entre enero y agosto de 2025 en nuestro país se haya matriculado tan solo una unidad del Toyota Mirai.
La lógica nos dice que nadie va a comprar un coche que no puede utilizar. Y si existe la posibilidad de llenar los depósitos de hidrógeno, habrá que pagar una importante suma de dinero por ello, ya que el coste de este combustible es tremendamente elevado por el momento.
A esto hay que sumar el hecho de que la producción de hidrógeno todavía es contaminante. En 2023 alcanzó las 97 Mt (toneladas métricas), según iea, de los cuales menos del 1% correspondió a hidrógeno de bajas emisiones. Esto deja en entredicho la afirmación de que el hidrógeno es un combustible limpio a la altura de lo conseguido por los coches eléctricos de batería.
Marcas como Honda y BMW también están intentando desarrollar la tecnología del coche de pila de combustible de hidrógeno, aunque llegan años después de que lo hayan conseguido en Toyota y Hyundai. Por el camino, empresas como Renault y Mercedes-Benz han abandonados sus propios proyectos ante los continuos impedimentos que han encontrado.
Stellantis abandona el barco

Y a estos dos ahora debemos sumar un tercero, Stellantis. El grupo automotriz ha estado estos últimos años trabajando en un proyecto para ofrecer toda una gama de furgonetas comerciales impulsadas por hidrógeno.
Jean-Philippe Imparato, COO de Stellantis Europa, anunció el pasado julio: “En un contexto donde la Compañía se está movilizando para responder a las exigentes regulaciones de CO2 en Europa, Stellantis ha decidido interrumpir su programa de desarrollo de tecnología de celdas de combustible de hidrógeno”.
La idea tenía sentido, ya que la pila de combustible de hidrógeno acabaría con los problemas que supone para empresas y profesionales conducir una furgoneta eléctrica con una autonomía limitada y unos largos tiempos de recarga de la batería.
Stellantis tenía previsto poner en producción su gama de vehículos Pro One propulsados por hidrógeno este mismo verano en las fábricas de Hordain, Francia, donde se ensamblarían las furgonetas de tamaño mediano; y en Gliwice, Polonia, de donde saldrían las furgonetas de hidrógeno más grandes de la gama.
Altos costes y trabas en su implementación

Hace aproximadamente dos meses, la compañía anunció la cancelación del programa de desarrollo de tecnologías de celdas de combustible de hidrógeno “debido a la disponibilidad limitada de infraestructura de repostaje, los altos requisitos de capital y la necesidad de incentivos de compra más sólidos para los consumidores”, argumentó Stellantis en un comunicado.
La empresa cancela su proyecto y anuncia que “no anticipa la adopción de vehículos comerciales ligeros propulsados por hidrógeno antes de final de la década”. La decisión no afecta a los trabajadores de las dos fábricas asignadas para este proyecto, que serán redirigidos a otros proyectos.
“El mercado del hidrógeno sigue siendo un segmento de nicho, sin perspectivas de sostenibilidad económica a medio plazo. Debemos tomar decisiones claras y responsables para asegurar nuestra competitividad y cumplir con las expectativas de nuestros clientes con nuestra ofensiva de vehículos eléctricos e híbridos de pasajeros y comerciales ligeros”, señaló Imparato.
El futuro de los coches de pila de combustible de hidrógeno empieza a mostrar signos de debilidad. La tecnología no está desarrollándose al ritmo esperado y muy pocos son los actores dispuestos a participar en proyectos que permitan evolucionar este concepto de propulsión, por no hablar de organismos, gobiernos y administraciones públicas.

