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La opinión de
Adrián Mancebo

Los ángeles de la guarda de la Fórmula 1

Accidente de Romain Grosjean en Bahrein

Ian Roberts, los comisarios, el Halo, Charlie Whiting, Sid Watkins... El trabajo de muchos años salvó la vida de Romain Grosjean este domingo.

De vez en cuando y habitualmente tras una serie de catastróficas coincidencias, la Fórmula 1 se empeña en recordarnos que el mundo del motor siempre es, y será, peligroso. Afortunadamente, solo hay tres o cuatro accidentes fuertes durante el año, que nos sobrecogen el corazón y, durante unos pocos segundos, nos hacen temer lo peor mientras esperamos ese momento de alivio en el que el piloto se mueve o sale del coche por su propio pie. Si eres aficionado al mundo del motor, sabes la terrible sensación de la que hablo... Y volviste a tenerla este domingo por la tarde.

Romain Grosjean desde el hospital: "El Halo es lo mejor que le ha pasado a la F1"

El accidente de Romain Grosjean ha sido, sin duda alguna, uno de los peores que recuerdo haber visto en directo. Que un coche se incendie te hace temer lo peor, máxime cuando de repente las cámaras de ese lugar se apagan y ni te imaginas lo que puede estar pasando en una “zona cero” donde no sabes si uno de esos 20 pilotos (para muchos, héroes o ídolos) que se juegan la vida en la parrilla se encuentra bien. El incendio, y sobre todo el golpe contra el guardarrail, me recordó a otras tragedias del pasado; de otra Fórmula 1 en la que la seguridad era una utopía. 

Todavía me cuesta creer que Romain fuese capaz de salir de su coche por su propio pie. El francés golpeó el muro tras un leve toque con Daniil Kvyat, a nada menos que 221 kilómetros por hora. Su impacto fue equivalente a 56 G de fuerza, algo así como 56 veces su peso. Duele hasta imaginarlo. Pero hubo más: el coche de Romain atravesó el guardarrail, se partió en dos y se incendió en el acto. No podemos imaginarnos todavía cómo, pero Romain encontró el espacio para salir de lo que quedaba del monoplaza. No perdió el conocimiento, lo que habría sido fatal.

La seguridad en la F1: 70 años viviendo a fuego

No todos los héroes llevan capa: Ian Roberts, Sid Watkins, Charlie Whiting, los comisarios... 

La seguridad en la Fórmula 1 actual está a años luz de lo que este campeonato era hace 30 o quizás 40 años. La muerte de Ayrton Senna y Roland Ratzenberger en el fin de semana más fatídico de la historia del campeonato fue la mayor llamada de atención posible a todos los involucrados en la categoría reina del automovilismo. Un grupo de trabajo, liderado por el añorado Sid Watkins introdujo mejoras en las características de los circuitos y de los monoplazas que han salvado la vida de decenas de pilotos.

Sid fue uno de esos héroes anónimos que solo conocen los seguidores del deporte, pero no el único. Charlie Whiting, desaparecido delegado de carrera de la F1, tenía la seguridad como obsesión y continuó remando para que el riesgo fuese lo más cercano posible a cero. Con él como responsable se introdujo el criticado Halo que tan poco nos gustó en su momento y que ya ha librado de sustos o graves lesiones a pilotos como Charles Leclerc o a Romain Grosjean. “Sin él no estaría hablando ahora”, dijo el francés desde el hospital. La pérdida de Jules Bianchi y de María de Villota nos enseñó cuáles eran, todavía, los puntos débiles de la F1 actual. Con el Halo y otras tantas evoluciones se han intentado reducir.

Accidente de Romain Grosjean en Bahrein

Mención especial merece el Delegado Médico de la F1 en los circuitos, Ian Roberts, quien viaja en el coche médico junto con el piloto Alan Van der Merwe y que está preparado para atender al piloto que necesite su asistencia durante una carrera de F1. 

Roberts es la persona a la que ves acercarse al lugar del accidente de Grosjean, dispuesto a hacer todo lo posible para salvar al piloto en peligro, sin miedo a que se produjese una explosión que tanto temíamos. A tan solo un metro de las llamas, es quien tiende la mano a Grosjean cuando de repente éste consigue salir del monoplaza y quien posteriormente le atiende ‘in situ’. No lo verás recoger trofeos, ni tampoco subir a un podio, porque él es uno de esos ángeles de la guarda de la F1 que siempre está preparado para socorrer a quienes está en peligro. Es, simplemente, su trabajo.

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Imagen: Motorsport Images

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no tienen por qué coincidir necesaria o exactamente con la posición de Axel Springer o AUTO BILD.

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