Ebro y la relación entre España y China, una conexión que se remonta al siglo XVI

El regreso de Ebro representa el cierre de un círculo, el de las relaciones comerciales que establecieron España y China en el siglo XVI, a través del Galeón de Manila.

En los últimos tiempos, se ha creado una conexión entre España y China a través de la industria del automóvil. El ejemplo más claro es Ebro, una marca mítica española que renace después de varias décadas y lo hace con el soporte de uno de los gigantes de la automoción china, el Grupo Chery.

Sin embargo, las relaciones entre España y China no se limitan únicamente al sector automotriz y, ni mucho menos, son algo nuevo o de hace algunas décadas. 

En realidad, esa conexión entre nuestro país y el gigante asiático se remonta mucho más atrás en el tiempo, ni más ni menos que hasta el siglo XVI, cuando la Monarquía Hispánica o Imperio español de los Habsburgo estableció una ruta comercial con el Imperio de la dinastía Ming, que se mantuvo durante siglos.

Aquel fue el inicio de unas relaciones comerciales que permitieron a ambos imperios enriquecerse y que, con algunos altibajos, han continuado hasta hoy. El renacimiento de la marca Ebro supone el cierre del círculo, cuya historia se narra a continuación.

La primera globalización

Para entender cómo y por qué se produce el encuentro entre España y China, es necesario conocer el contexto que provoca el Descubrimiento de América. En 1453 se produjo la caída de Constantinopla por el Imperio otomano, lo que supuso el fin del Imperio bizantino o Imperio romano de Oriente.

Este hecho tuvo una consecuencia muy importante para el comercio, ya que los turcos obstaculizaban la ruta de la seda que unía Oriente con Occidente, bloqueándola en muchos casos. 

Así que las monarquías y repúblicas europeas se vieron obligadas a buscar rutas alternativas para seguir comerciando con Asia, entre otros productos, las especias, tan importantes en aquella época.

Esto fue lo que motivó el viaje de Cristóbal Colón a lo que más tarde se llamaría América (por Américo Vespucio, quien cartografió el continente). En aquel tiempo, los que tenían mayores conocimientos marítimos eran los portugueses y los castellanos. 

Los primeros bordearon África para avanzar hacia Asia por el Índico, esquivando a los turcos, y los segundos se aventuraron por el Atlántico. El objetivo de Colón era llegar a Oriente por Occidente, atravesando el Atlántico, y sorprender a los otomanos por la espalda. Pero en medio se topó con una enorme masa de tierra.

A partir de ahí, españoles y portugueses se repartieron el mundo a través del Tratado de Tordesillas de 1494. En 1519, una expedición liderada por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano salió de Sanlúcar de Barrameda y tres años después completó la primera circunnavegación del planeta (sin Magallanes, que fue asesinado un año antes en Filipias).

Andrés de Urdaneta, el español que conectó España y China

La expedición de Magallanes y Elcano fue la demostración empírica de que la Tierra era redonda, algo que ya se sabía desde hacía tiempo, pero nadie había podido comprobar. 

A lo largo del siglo XVI se sucedieron varias expediciones desde América a Asia para completar el objetivo inicial: llegar a Oriente. Pero cruzar el Pacífico no era tarea fácil. Muchos fracasaron en el intento: algunos llegaron hasta China, pero no regresaron.

Hasta que Andrés de Urdaneta, un joven navegante guipuzcoano, realizó el tornaviaje. Descubrió que, subiendo hasta el paralelo 40, a la altitud de Japón, la corriente del Ártico Kurosiwo permitía llegar hasta la costa de California y, desde ahí, bajar hasta la actual Acapulco.

De esta manera, y gracias a Urdaneta, se establecieron las condiciones idóneas para crear una ruta comercial estable y segura con Asia a través del Pacífico, lo que supuso una auténtica revolución económica, trasladando el centro del comercio desde el Mediterráneo hasta el Atlántico y el Pacífico.

El Galeón de Manila

La primera globalización de la historia estaba en marcha hacia 1580. A aquella ruta se le llamó Galeón de Manila, porque los barcos paraban en la ciudad filipina, que se convirtió en un importante enclave comercial. 

De allí cruzaba el Pacífico (conocido entonces como Lago español) hasta le Virreinato de Nueva España, al puerto de Acapulco. Después, la ruta seguía por vía terrestre hasta Veracruz y de ahí partía hacia el sur de la América española y a la península, en barcos que atracaban en Sevilla, convertida también en una importante capital comercial.

Los españoles tenían algo que los chinos necesitaban: plata. China era un gran imperio, pero no tenía plata para hacer monedas, lo que era un problema a la hora de recaudar impuestos. Éstos se pagaban en especie. Por su parte, los españoles compraban productos chinos de muy buena calidad, como la seda o la porcelana

Esta conexión entre la economía hispana y la china se mantuvo durante siglos y, aunque tuvo un momento de crisis en el siglo XVII, debido al derrocamiento de la dinastía Ming y al fin de la hegemonía española en Europa tras el Tratado de Westfalia de 1644, la relación siguió fluyendo durante el XVIII.

Durante todo ese tiempo, el Real de a 8 fue la moneda universal, el equivalente al dólar actual, y los chinos la usaban para sus intercambios comerciales. 

Todo se derrumbó en el siglo XIX, cuando se produjo la balcanización del Imperio español, con la creación de las repúblicas hispanoamericanas, y la caída del poder de China, debido a las guerras del opio promovidas por el Imperio británico, en ese momento hegemónico.

Ebro, la marca española que vieron nuestros padres y abuelos

Esa importancia entre ambas economías continúa siglos después y se refleja en los últimos tiempos en la industria del automóvil, con el desembarco de nuevas marcas que fabrican directamente en nuestro país

Concretamente, el Grupo Chery, que aprovecha las instalaciones en Zona Franca que dejó huérfanas Nissan en 2021 para ensamblar los coches de Omoda y Jaecoo.

Pero también para resucitar una marca española que trae muy buenos recuerdos a muchos españoles, como es Ebro, gracias a la joint venture que crearon Chery y EV Motors, propiedataria de Ebro.

Hablamos de un fabricante español que se creó en 1954, en pleno desarrollo industrial. Todo empezó dos años antes, cuando el Ministerio de Industria puso en marcha un concurso público con el objetivo de desarrollar el mercado de tractores en España. 

Aquel concurso lo ganaron dos empresas, Lanz Ibérica S.A. y Motor Ibérica S.A., y esta última fue quien creó Ebro para construir camiones y tractores. El nombre aludía al río más caudaloso de España, copiando así la estrategia de Ford en Reino Unido, que había escogido el nombre Thames (Támesis en español) para su filial de camiones.

Poco después, Ebro comenzó la producción de sus vehículos pesados basados, precisamente, en el Ford Thames Trader. Por este motivo, la marca estuvo a punto de tener un nombre inglés

En la década de los 60, se produjo el despegue de Ebro. En 1965, Massey Ferguson, empresa estadounidense dedicada a la producción de maquinaria agrícola, adquirió el 35% de Motor Ibérica S.A., y puso a su disposición Perkins Hispania, la empresa encargada de construir los famosos motores Perkins en sus instalaciones de Madrid.

Entre 1967 y 1974 se hicieron con diferentes empresas relacionadas con la producción de furgonetas, vehículos comerciales, carretillas elevadoras y modelos Jeep con licencia americana. 

En 1979, Massey Ferguson vendió su participación y comenzó el declive de Motor Ibérica. Nissan inició la compra de Motor Ibérica, primero el 53% de las acciones, hasta alcanzar el 97%. Así, Motor Ibérica se convirtió en NMISA y el primer modelo que fabricó fue el Nissan Patrol.

Con la entrada de España en la Comunidad Económica Europea en 1986, comenzó la privatización de numerosas empresas públicas que operaban en diferentes sectores estratégicos, integradas en el Instituto Nacional de Industria (INI). 

En este contexto, la marca Ebro cesó su actividad en 1987, después de la creación de Nissan Motor Ibérica S.A. Ahora, la nueva Ebro ocupa las instalaciones que dejó la marca japonesa en 2021.

La importancia de China en la economía española en la actualidad

La bandera china ondeándose.
La bandera china ondeándose.

Varios siglos después, China vuelve a ser importante para la economía española. El gigante asiático es el primer destino en Asia para las exportaciones españolas y el socio más destacado en la región. Más de 14.500 empresas españolas exportan a dicho país, según datos de la CEOE. 

En 2023, China fue el cuarto socio comercial de España y su segundo proveedor de bienes, así como el duodécimo cliente para sus exportaciones y el comercio bilateral entre ambos países alcanzó un volumen monetario que superó los 51.822 millones de euros ese año, según ICEX.

Actualmente, más de 600 empresas españolas operan en el país asiático, abarcando sectores de alto valor añadido como servicios financieros, infraestructuras, tecnologías de la información, tecnología industrial avanzada y agroalimentario.

España es la quinta economía de la Unión Europea que mantiene mayores flujos comerciales con el país asiático. Por su parte, la inversión directa española en China sumó 4.760 millones de euros, mientras que la inversión china en España superó los 11.000 millones de euros, según el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa.

Casi 40 años después, Ebro está de vuelta de la mano de una compañía china, el Grupo Chery. Y, si bien no tiene nada que ver con la marca original, volveremos a ver vehículos con su nombre estampado el morro por las carreteras españolas.

La conexión entre España y China se remonta a casi 500 años, desde aquellos galeones que cruzaban los océanos de ambos hemisferios, conectando el Imperio español y el chino, hasta el resurgimiento de la marca Ebro con apoyo chino.

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Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España