Aston Martin DBX S: le quitamos el coche a Fernando Alonso y lo probamos

Con 727 CV y 3,3 segundos hasta los 100 km/h, el poderoso británico es un descomunal despliegue de fuerza y vuelve a lanzarse a la cima del segmento.
Cuanto más alto se llega, menos oxígeno queda. Eso ocurre en el alpinismo y también en la industria del automóvil. También allí, a veces, unos pocos caballos deciden la posición en lo más alto. Con más razón deben de estar molestos ahora en Ferrari.
Porque después de que el Purosangue, con sus 725 CV, se colocara en la cima de los SUV, ahora es destronado por el nuevo modelo S del Aston Martin DBX. Aunque solo tiene 20 CV más que la versión base, el Aston Martin alcanza así un total de 727 CV y se asegura la corona entre los colosales deportivos. Quien reniegue del dopaje híbrido o directamente de la propulsión totalmente eléctrica, no puede pasar por alto al fornido británico.
Por supuesto, 20 CV por sí solos no marcan la diferencia, y con un peso total de alrededor de 2,5 toneladas nadie notará tampoco el casi quintal que Aston Martin ahorra con un techo de carbono sin barras y las primeras llantas de magnesio del segmento. Pero en conjunto, junto con una puesta a punto algo más firme y un toque más deportivo para la carrocería y el habitáculo, el DBX adquiere claramente un nuevo rasgo de carácter.
Motor
Mientras el V8 de 4,0 litros adquirido a AMG, con los nuevos turbocompresores, brama su canto más ardiente de deseo y pasión al límite de la legalidad, y el coche, con sus llantas de 23 pulgadas, se aferra literalmente al asfalto, basta la sombra del dedo meñique del pie sobre el acelerador para que parezca que la carretera se pliega bajo el DBX y el coloso se lance en rumbo de colisión con el horizonte.

Con el empuje de 900 Nm, el coche avanza como un delantero centro inglés en la final del estadio de Wembley y ya no conoce freno: de parado a 100 km/h en 3,3 segundos y luego sigue hasta que el velocímetro marca 310 km/h.
Comportamiento
Son, en efecto, los mismos datos clave que en el modelo base DBX 707, y las tres décimas que el S ahorra hasta los 200 km/h apenas se perciben en la embriaguez de la velocidad. Pero el espectáculo, el dramatismo y la presión de este buque pesado no tienen rival.

Y aunque el coche pesa más de dos toneladas y existen ruedas más adecuadas para que las gigantescas de 23 pulgadas que monta, el refinado británico tampoco se siente incómodo en curvas cerradas. Al contrario: incluso sin dirección en el eje trasero, gira con ganas, sigue obstinadamente la trazada y se mantiene tan erguido como probablemente lo estaría el cliente habitual James Bond tras media docena de vodka martini.
Espectáculo sonoro
Ya sea en recta o en curva, responde con entusiasmo al acelerador, y absorbe con avidez el elixir de alto octanaje de la pasión automovilística. Las nueve marchas de la transmisión automática entran en la caja como golpes de canto de mano en karate, y a más tardar con las válvulas de escape abiertas en los imponentes tubos finales, el delantero estrella británico trae consigo incluso a su coro de aficionados.

Pero por muy brutal que pueda ser el Aston Martin, también domina el desfile elegante. Los asientos deportivos son suficientemente cómodos y el modo GT es lo bastante indulgente como para afrontar largos viajes sin necesidad de visitar al quiropráctico.
Una política de precios inusual
Un poco más potente, un poco más firme y un poco más descarado: mientras Aston Martin ha recurrido a los recursos habituales en el camino hacia el modelo S, tanto en lo técnico como en el diseño, el posicionamiento del precio resulta tan inusual como sorprendente. Porque normalmente los fabricantes de lujo cobran caro incluso los pequeños cambios; sin embargo, los británicos ofrecen el extra sin coste adicional y el DBX S cuesta, con algo más de 260.000 euros, exactamente lo mismo que el DBX 707.
Solo quien encargue el techo de carbono y, por supuesto, las llantas de magnesio de 23 pulgadas, únicas en esta liga, tendrá que rascarse el bolsillo con más fuerza y pagar alrededor de un diez por ciento más. Pero incluso ahí se cumple que el aire hacia arriba parece volverse más fino, y que a los ricos atletas algún día se les acaba el aliento.
Conclusión
Más bestia, más espectacular, más todo, aunque sobre todo en los marices. Pero sobre todo, sin pagar un sobreprecio por ello. Sin duda, el Aston Martin DBX S se encuentra en el olimpo de los SUV (y coches en general) más impresionantes de la historia. Los tiempos en los que se consideraba un sacrilegio que marcas como esta, o Ferrari, o Lamborghini, fabricaran SUV, han quedado definitivamente en el olvido.
Valoración
Nota 9
Lo mejor
- Sonido y respuesta del motor, prestaciones de infarto, refinamiento general, diseño, comportamiento dinámico.
Lo peor
Precio y consumos solo al alcance de unos pocos, aunque a quien compra un coche así eso no suele importarle.
