Citroën 2CV, Fiat 500... los coches que movieron el mundo en los años 50 vuelven para hacer despegar el coche eléctrico

Algunas marcas de automóviles se han decidido a producir nuevos vehículos eléctricos basados en grandes clásicos que motorizaron a la sociedad de posguerra.
La confirmación del regreso del Citroën 2CV pone de manifiesto una tendencia clara en la industria del automóvil en los últimos años: recuperar coches míticos del pasado, modelos clásicos que marcaron una época, como una manera de darle un empujón al coche eléctrico.
De un tiempo a esta parte, se produce un doble fenómeno en el sector de la automoción: por un lado, el lanzamiento de modelos inspirados en iconos de otras épocas; por otro, vehículos nuevos que adoptan denominaciones de otros clásicos. Ambos fenómenos tienen una cosa en común: son automóviles eléctricos.
En el primer caso, tenemos el ejemplo claro de Renault, que ha introducido tres coches basados en tres de sus modelos más emblemáticos, como son el R5, el R4 y el Twingo. Son coches completamente nuevos y modernos, cuyo diseño evoca a su correspondiente original.
En el segundo caso, tenemos marcas como Ford, que ha lanzado modelos como el Capri, un coche deportivo que comercializó en los años 70 y 80, pero ahora utiliza esa denominación para un SUV eléctrico que nada tiene que ver con aquel coupé. Lo mismo ocurre con el nuevo Ford Explorer y algo parecido ha hecho también Opel con el nuevo Frontera.
Los coches que motorizaron la Europa de posguerra

Hay que coches que ocupan un lugar preferente en la historia del automóvil, por el papel que desempeñaron en una Europa en la que el eco de los cañones todavía se sentía.
Coches como el Volkswagen Escarabajo, que ya rodaba antes de la Segunda Guerra Mundial, el Citroën 2CV, el Fiat 500, el Seat 600, etc., muchas familias pudieron acceder a un automóvil, lo que significaba disfrutar de libertad de movimiento.
Ya no tenías que depender de nadie, de un tren o un autobús. Cogías tu coche y te ibas adonde quisieras. Esto era algo revolucionario para la época. Sobre todo, era algo que ya podían hacer las clases adineradas desde hacía décadas, pero ahora también una familia normal de cualquier ciudad.
Además, muchos de estos vehículos marcaron a muchas generaciones, ya que se mantuvieron en producción durante décadas. Es el caso del 2CV, el Beetle o el Renault 4L, por ejemplo. Esto hizo que se convirtieran en verdaderos tótems del automovilismo.
Valor añadido frente a los coches chinos

Por supuesto que en esta tendencia de la industria del automóvil de recuperar coches clásicos (también podríamos mencionar los restomods) hay algo de marketing. Pero, sin restarle importancia, hay otros factores más importantes en esta ecuación que, además, guarda relación con los coches chinos.
Desde hace unos años, llegan a Europa numerosos vehículos procedentes de China, la mayoría eléctricos e híbridos enchufables. Vehículos de mejor o peor calidad, según el fabricante, pero con precios muy competitivos que han generado mucha preocupación en el sector del automóvil europeo.
Todo ello en el contexto, no lo olvidemos, de las políticas de la Unión Europea de “descarbonizar la movilidad” y apostar por el vehículo eléctrico.
Sin embargo, hay algo con lo que las marcas chinas no pueden competir con las europeas: la historia, la tradición, el recuerdo que evoca en muchas personas. He aquí el núcleo de la estrategia de muchos fabricantes cuando recuperan sus coches clásicos.
Coches para boomers y generación X

La mayoría de los modelos que regresan del pasado se inspiran en coches que movieron el mundo en los años 50 o 60, aunque también de los 70 y 80. Es decir, son vehículos que condujeron la generación de los boomers, los nacidos entre después de la Segunda Guerra Mundial y 1964.
Pero también son coches que conocieron los pertenecientes a la generación X, los nacidos entre 1965 y 1981, y que, muy probablemente, cuando eran pequeños, era el coche que había en casa y con el que viajaban a la playa en verano.
Algunos boomers ya se han jubilado y otros están cerca de hacerlo, mientras que los de la generación X rondan los 50 años, grosso modo. Son las personas, en general, que pueden gastarse 25.000 euros o más en esos vehículos (difícilmente, un joven de 30 años, con la coyuntura laboral y económica actual, podrá comprar estos coches).
Quien compra un Renault 5 E-Tech no sólo compra un automóvil para desplazarse del punto A al B; también compra un recuerdo, algo que no se puede tocar, pero está guardado en el disco duro del cerebro.
Impulsar las ventas de coches eléctricos
Es el coche con el que iba con su padre al colegio o con el que empezó a conducir. Este es el valor añadido que las marcas chinas no pueden aportar a sus coches y las europeas sí.
Pero, al mismo tiempo, esta estrategia puede servir para darle el empujón definitivo al coche eléctrico. Volvemos a lo mismo: puedes comprarte un Leapmotor T03, un coche con una gran relación entre precio, tamaño y equipamiento; pero no es lo mismo que un Citroën 2CV como el que prepara Stellantis.
Lanzar al mercado modelos inspirados en estos grandes clásicos que marcaron una época y a un precio relativamente asequible puede llevar a muchos a decantarse por un eléctrico.


