Una conductora hizo una prueba de conducción de un Tesla Model Y y lo estrelló. Ahora demanda a la marca de Elon Musk 10 millones por daños y perjuicios

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La afectada considera que los trabajadores de Tesla sobrevaloraron sus habilidades al volante a pesar de comentarles que nunca había conducido un coche eléctrico.
Alemzewd Lawgalet, una funcionaria de 59 años empleada como desarrolladora de bases de datos en la Reserva Federal de los Estados Unidos, ha presentado una demanda judicial ante los tribunales contra Tesla, solicitando una indemnización de más de diez millones de dólares por los daños y perjuicios físicos y morales derivados de un grave accidente sufrido al volante de un Tesla Model Y. La demandante sostiene que la negligencia de los empleados del concesionario, sumada a la entrega del vehículo en su modo de aceleración más extremo sin previo aviso, provocó que el coche terminara estrellándose violentamente contra un establecimiento comercial.
Los hechos se remontan al 21 de septiembre de 2024, cuando Lawgalet acudió a las instalaciones de la marca en la localidad de Arlington, en el estado de Virginia, con la intención de realizar un trayecto de evaluación tras haber reservado la cita a través de la plataforma web oficial de la empresa. Según consta en la denuncia hecha pública recientemente, la mujer informó expresamente a los comerciales del concesionario de que jamás había conducido un vehículo 100% eléctrico y solicitó asesoramiento sobre las posibles diferencias operativas respecto a un automóvil convencional provisto de motor de combustión interna.
De acuerdo con el relato presentado por la representación legal de la conductora, los empleados del centro de ventas restaron importancia a las particularidades de la tecnología eléctrica y le aseguraron que el automóvil funcionaba exactamente de la misma manera que cualquier coche de gasolina. La demandante alega que el personal no le proporcionó ninguna instrucción básica sobre el comportamiento dinámico del vehículo ni sobre el funcionamiento del sistema de frenado regenerativo, un mecanismo característico de los eléctricos que retiene el coche de forma contundente al levantar el pie del acelerador y que puede resultar chocante para los conductores no iniciados.

El punto central de la controversia judicial radica en la configuración del vehículo entregado para la prueba sin acompañamiento. El modelo en cuestión disponía de diferentes perfiles de conducción diseñados para modificar la respuesta de la planta motriz, oscilando entre modos progresivos pensados para un uso cotidiano y ajustes de alto rendimiento. La demanda sostiene que el personal de la tienda configuró el vehículo en su perfil de entrega de potencia más agresivo, capaz de canalizar de forma instantánea todo el par motor hacia las ruedas y de catapultar al SUV hasta los cien kilómetros por hora en poco más de tres segundos, un registro propio de superdeportivos de alta gama.
Durante los primeros minutos del recorrido en autopista, la conductora se vio sobresaltada por la acusada desaceleración que provocaba la regeneración de energía al soltar el pedal del acelerador. Desconcertada por la reacción imprevista del vehículo, decidió abandonar la vía rápida en la primera salida con la intención de regresar de inmediato al concesionario para devolver el automóvil. Sin embargo, la situación empeoró tras detenerse en una intersección urbana regulada por semáforos.
Al encenderse la luz verde e iniciar la marcha, la presión ejercida sobre el acelerador provocó una respuesta de potencia extremadamente brusca e instantánea. La repentina e inesperada acometida del motor causó la pérdida de control del vehículo, que invadió los carriles contrarios, atravesó la calzada y terminó colisionando de forma directa contra la fachada de un salón de belleza cercano. El impacto causó destrozos estructurales de consideración en el inmueble y desató un incendio en el propio automóvil tras la colisión, provocando heridas graves y secuelas permanentes a la conductora.
Por su parte, la postura inicial de la compañía liderada por Elon Musk rechaza de forma categórica cualquier tipo de responsabilidad legal o negligencia en el incidente. Fuentes cercanas al caso señalan que la firma automovilística sostiene que la conductora no actuó con la debida diligencia requerida durante el manejo del vehículo y que no adoptó las medidas de precaución razonables para evitar el siniestro. Tesla argumenta que el control de la trayectoria y de la velocidad es responsabilidad exclusiva de quien se sitúa tras el volante, independientemente de los ajustes de entrega de potencia del coche.
Este caso reabre el debate técnico y comercial sobre la entrega de vehículos eléctricos de altísimas prestaciones a usuarios sin experiencia previa en este tipo de movilidad. Expertos del sector destacan la necesidad de que los concesionarios adopten protocolos de entrega más estrictos y sesiones informativas previas antes de autorizar pruebas sin supervisión a mandos de vehículos capaces de aceleraciones extremas.

