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Reportaje

Motor

Peugeot 604 y Citroën CX, cuando las berlinas francesas hacían sombra a las alemanas

Peugeot 604 y Citroën CX

Dos berlinas extraordinariamente cómodas para viajar en familia

En la década de los 70, en el contexto de la crisis del petróleo que sacudió la industria del automóvil y, en general, las economías de los países occidentales, surgieron dos grandes coches con clara vocación familiar, el Peugeot 604 y el Citroën CX. Era una época en la que las berlinas francesas hacían sombra a las alemanas. 

Desgraciadamente, la actual tendencia hacia los vehículos SUV ha hecho que grandes berlinas que ataño dominaban el mercado, perfectas para recorrer largas distancias sin apenas notar el paso de los kilómetros, hayan caído en el más absoluto ostracismo. Y, si pensamos en una berlina, rápidamente se nos viene a la cabeza alguna procedente de Alemania.

Peugeot 604: la berlina de representación francesa

El Peugeot 604 no es tan recordado como el Citroën CX. De hecho, muchos desconocen, incluso, su existencia. Esto se debe a que no tuvo un gran éxito comercial, pero fue el primer modelo de la marca de Sochaux en el segmento de los grandes sedanes de lujo. Vio la luz en 1975 y se mantuvo vigente hasta 1985.

El proyecto comenzó mucho antes, en 1970. Por aquel entonces, Peugeot contaba con el 504 como buque insignia y necesitaba un nuevo modelo que pudiera competir con otras grandes berlinas de la época, como el Jaguar XJ, el BMW E3 o el Mercedes W116, en sus versiones más básicas. 

Peugeot 604 y Citroën CX
El Peugeot 604 estuvo en el mercado desde 1975 hasta 1985

Para crear el 604, la marca francesa se basó en el 504, invirtiendo hasta dos años de estudio para adaptar el chasis a las exigencias de peso, longitud y potencia del nuevo modelo. A partir de 1973, los ingenieros empezaron a discutir sobre los elementos mecánicos del coche y la posibilidad de incorporar un motor V8 y suspensión hidroneumática.

Sin embargo, esta posibilidad fue descartada rápidamente, ya que suponía una inversión muy costosa. Además, la crisis del petróleo estallaría ese mismo año y un motor tan grande sería incompatible. En cuanto a la suspensión, Citroën, que todavía era independiente, alzó la mano para recordar que tenían la patente. 

Peugeot 604 y Citroën CX
Existió una versión Lomousine, como la de esta imagen

La solución para el motor llegó gracias a la alianza que, en aquella época, mantenía Peugeot con Renault, una especie de joint-venture llamada Compagne Française de Mécanique. Esta empresa fabricaba los motores Douvrin que montaban muchos modelos de ambas marcas. En 1971, Volvo se sumó, formando una entente franco-sueca.

La intención era desarrollar un bloque V8 que pudieran usar las tres marcas. Esto beneficiaría a Volvo, que contaría con un nuevo motor prestacional, y a Peugeot y Renault, que tenían números rojos en sus cuentas. El motor empezó a desarrollarse en 1973, pero fue cancelado a comienzos de 1974.

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No obstante, el desarrollo del motor no quedó abandonado. Lo que hicieron los ingenieros de la CFM fue quitar dos cilindros al V8 para transformarlo en un V6. Fue así como nació el famoso V6 PRN, el motor que acabaría montando el Peugeot 604.

La berlina fue presentada en el Salón de París de 1975, momento en que la marca dio a conocer la denominación 604, aunque no se trataba del modelo definitivo. Éste no se conoció hasta octubre de ese mismo año, en el Salón de Ginebra. Allí, los asistentes pudieron presenciar una berlina de corte clásico, con un diseño muy elegante y sobrio.

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Tenía un diseño sobrio y elegante, caracterizado por líneas muy rectas

La carrocería heredaba rasgos de diferentes modelos. El frontal estaba inspirado en el 504 Coupe, mientras que las puertas recordaban al 504 berlina y la zaga estaba claramente influenciada en el Mercedes W116 de 1972. El diseño presentaba líneas muy rectas y aristas marcadas que le daban mucha personalidad. 

A decir verdad, el 604 guardaba cierto parecido con otra gran berlina de la época, el Fiat 130. De hecho, la parte posterior eran muy parecidas, salvo por el diseño de los pilotos. Otro rasgo que compartía con el modelo italiano era la marcada línea de cintura que unía el capó con el maletero. 

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El interior del Peugeot 604 generó división de opiniones desde su lanzamiento. Era un habitáculo muy espacioso y estaba bien acabado, con una buena calidad de fabricación. Destacaban los asientos, muy anchos, de estilo butaca, enormemente cómodos para realizar largos viajes, algo muy típico en las marcas francesas. 

Sin embargo, el interior presentaba un aspecto algo pobre y austero, muy alejado del aspecto más lujoso que tenían otras berlinas de representación de la época. Por otro lado, el maletero ofrecía un volumen escaso para el tamaño del coche (4,72 metros de longitud), debido la tracción trasera, la rueda de repuesto y el depósito de combustible. 

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Cuando el Peugeot 604 fue lanzado al mercado, equipada un solo motor, el ya mencionado V6 2.7 con 136 CV, asociado a un cambio manual de cuatro relaciones o automático de tres, fabricado por General Motors. Se comercializó con un único nivel de equipamiento, llamado SL, muy completo, y la posibilidad de incluir el aire acondicionado y la tapicería de cuero.

Dos años después llegó la versión TI, con el mismo motor, pero con inyección directa que aumentó la potencia hasta los 144 CV e incorporaba un nuevo cambio manual de cinco relaciones. Equipaba aire acondicionado y elevalunas eléctricos de serie e introdujo algunos sutiles cambios estéticos, así como un nuevo volante y luz antiniebla trasera. 

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En 1979 se produjo un gran hito en la marca francesa. Ese año debutó el Peugeot 604 D Turbo, convirtiéndose en la primera berlina con motor diésel turboalimentado que se comercializaba en Europa. Mercedes había lanzado una versión turbodiésel del W126, pero solo para Estados Unidos y Canadá. 

El 604 D Turbo montaba un motor 2.3 litros con 80 CV, una potencia insuficiente para tener prestaciones, pero suficiente en aquella época para cubrir grandes rutas con bajos consumos (el V6 de gasolina consumía demasiado).

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Entre las grandes virtudes de la berlina de Peugeot, había que destacar su gran calidad de rodadura y el confort de marcha, gracias a la rigidez de su estructura monocasco, a unas suspensiones muy efectivas de tipo McPherson delante y de brazos oblicuos detrás y a las barras estabilizadoras colocadas en ambos ejes. 

Más adelante apareció una versión Grand Comfort que disponía de acabados más cuidados, con inserciones de madera en el salpicadero, tapicería de terciopelo o piel y techo solar y parabrisas de seguridad delantero. 

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Desgraciadamente, el Peugeot 604 resultó ser un fracaso comercial para la marca. Era un coche muy fiable y de gran calidad, pero el chasis era el del 504 de 1968, el interior estaba diseñado a partir de unos bocetos de 1971 y el diseño era demasiado sobrio. A esto hay que añadir un motor V6 demasiado “tragón”, que no casaba con el contexto de crisis.

A principios de los 80 hubo una actualización del modelo con algunos cambios estéticos, nuevos colores y un nuevo motor 2.0 litros de 96 CV, así como nuevas denominaciones para los niveles de acabados. Sin embargo, las ventas descendieron y en 1985 acabó la vida de esta berlina. 

Citroën CX: la berlina más vanguardista 

Por su parte, el Citroën CX tuvo una vida mucho más exitosa y longeva que su rival, ya que se mantuvo en producción desde 1974 hasta 1991, con varias actualizaciones. Hablamos nada menos que del último Citroën puro, ya que fue el último modelo antes de que la marca fuera adquirida por Peugeot, dando lugar al Grupo PSA (hoy Stellantis).

El CX nació en 1974 con la difícil empresa de reemplazar al Citroën DS que tanto éxito había reportado a la marca de los chevrones en los veinte años anteriores, un coche que se convirtió en un icono del automovilismo por su diseño futurista y equipamiento tecnológico. El CX fue la continuación de todo eso. 

Peugeot 604 y Citroën CX
El Citroën CX conseguía un coeficiente aerodinámico de 0,35 Cx

La berlina de Citroën conservaba la personalidad que fuero perdiendo los modelos siguientes en las décadas posteriores. Fue diseñada por Robert Opron y causó sensación desde el primer minuto. Con una carrocería de 4,63 metros (más pequeño que el Peugeot 604), destacaba por su diseño muy aerodinámico, con un coeficiente de solo 0,35 Cx.

Tenía una llamativa línea afilada, un capó muy largo y ancho y un techo muy bajo con una caída pronunciada hacia la zaga. Sin duda, era un ejercicio de diseño muy logrado que hizo que el coche pronto recibiera numerosos reconocimientos, como el Coche del Año en 1975 y el Award Auto Style.

Peugeot 604 y Citroën CX
Fue el primer modelo con motor diésel de Citroën

Sin embargo, el nacimiento del CX no estuvo exento de problemas. En primer lugar, la crisis de fiabilidad debido a los problemas que había tenido el Citroën SM, desarrollado con Maserati. En segundo lugar, los elevados costes de desarrollo del SM y el GS con motor Wankel GS Birotor. Y tercero, la mencionada crisis del petróleo

Aún así, el CX pudo con todas las adversidades. En un primer momento, Citroën pensó en producir nuevos motores bóxer de cuatro y seis cilindros, pero acabó evolucionando los bloques de cuatro cilindros en línea ya existentes, como el CX 2000, ya utilizado en el DS 21, pero ahora con 102 CV y una velocidad máxima de 174 km/h. 

Peugeot 604 y Citroën CX
Su interior era muy amplio y moderno

Después apareció el CX 2200 que elevaba la potencia hasta los 112 CV. En 1975 apareció el primer motor diésel fabricado en serie en la historia de la marca. Era el CX 2200 D que proporcionaba 66 CV y alcanzaba una velocidad máxima de 146 km/h. Gracias a este motor eficiente y a su extraordinario confort de marcha, Citroën conquistó los principales mercados europeos.

Y cómo no hablar de la suspensión hidroneumática, marca de la casa. Estrenada en el DS, el CX continuó con este sistema, pero mejorado, que proporcionaba una gran estabilidad en carretera y un altísimo grado de comodidad que lo convertía en una gran berlina para devorar kilómetros. 

Peugeot 604 y Citroën CX
La versión Break tenía capacidad para ocho pasajeros

Entre las muchas innovaciones tecnológicas, el CX contaba con una dirección asistida que variaba en función de la velocidad y con retorno en línea recta, heredada del SM. También incluía elementos como el convertidor de par C-Matic, que suprimía el pedal del embrague. 

En 1977 apareció la versión GTI con un carácter más deportivo, gracias un motor de 128 CV que le permitía alcanzar los 190 km/h. Estaba asociado a un cambio manual de cinco velocidades y equipaba unas llantas de aleación y un alerón integrado en el portón trasero. En 1984, llegó el GTI Turbo, con 168 CV y 220 km/h de velocidad punta.

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En 1985, Citroën aplicó un lavado de cara, dando lugar a la Fase 2. Se diferencia porque los paragolpes cromados de la Fase 1 fueron sustituidos por otros de plástico. El interior también fue renovado con un nuevo salpicadero, una nueva ubicación de la radio y perdía el cenicero en forma de esfera. 

Con la Fase 2, apareció también el CX TRD Turbo 2 en 1987, que acabaría siendo el coche diésel más rápido del mundo: alcanzaba los 195 km/h. Fue uno de los modelos que contribuyeron a popularizar los motores turbodiésel. 

Conclusión

Con filosofías distintas, el Peugeot 604 y el Citroën CX fueron dos grandes berlinas que nacieron en un momento difícil. El CX tuvo un éxito mucho mayor, al ser un coche mucho más llamativo e innovador tecnológicamente. Además, tenía un mejor compromiso entre prestaciones y consumos.

El 604 pasó con más pena que gloria. Quiso ser una gran berlina de representación, con un diseño sobrio y discreto, pero quedaba por debajo de sus rivales en cuanto a prestaciones. Pero ambas fueron dos berlinas muy cómodas y bien equipadas para viajar en familia, incluso mejor que sus rivales alemanes. 

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