Ya he probado el Mercedes GLC 400 EQ 4Matic, y puedo decirlo: "es, posiblemente, el coche más cómodo del mercado"

El nuevo SUV de Mercedes reúne una gran dosis de tecnología eléctrica y, sobre todo, unas extraordinarias cualidades para viajar. AUTO BILD ha probado este gran SUV.
Llega desde Stuttgart y se llama GLC 400 EQ. Este SUV eléctrico de Mercedes es extraordinariamente potente (489 CV y 800 Nm de par, para ser exactos), ofrece una gran autonomía (más de 600 kilómetros), cuenta con un equipamiento de primer nivel y presume de un lujo y un confort sobresalientes.
Además, este gran Mercedes rebosa prestigio (basta con contemplar su enorme parrilla delantera iluminada por completo con LED), y reúne una gran dosis de tecnología eléctrica y, sobre todo, unas extraordinarias cualidades para viajar.
Motor
El GLC 400 EQ pertenece a la liga de los coches eléctricos de 800 voltios. Su batería, con una capacidad de 94 kWh, alimenta dos motores eléctricos; una transmisión de dos velocidades gestiona el régimen de giro y el sistema de control combina de forma inteligente la entrega de potencia, la recuperación de energía y la gestión térmica.
A nuestra prueba acude la versión básica ligeramente mejorada, con acabado Avantgarde. Esta unidad incorpora varios elementos importantes de la lista de opciones: dirección en el eje trasero, suspensión neumática, llantas de 20 pulgadas con neumáticos de diferente medida entre ambos ejes y una ampliación del sistema multimedia. Sumando elementos decorativos, un equipo de sonido superior y navegación con realidad aumentada, el precio asciende hasta más allá de los 80.000 euros.
Confort a raudales
¿Y a cambio? Mercedes ofrece actualmente uno de los SUV más cómodos del mercado. Todo empieza al sentarse: el acceso es sencillo, el espacio es abundante y los asientos ofrecen una comodidad extraordinaria, una sujeción lateral impecable y unas dimensiones muy generosas. Extras como la función de masaje y la agradable «cinética variable del asiento» de los reglajes eléctricos completan una sensación de confort prácticamente perfecta.
También detrás se viaja con mucha comodidad,, con espacio de sobra para las rodillas y los codos, y unos asientos que invitan a dejarse caer sobre su mullido acolchado.
Lo admite todo: el maletero ofrece hasta 1.740 litros de capacidad, el respaldo trasero está dividido en tres secciones y el piso de carga es completamente plano. Sin embargo, que al abatir de nuevo el respaldo los cinturones puedan quedar atrapados es un detalle propio de 1989, no de un Mercedes actual.
Interior
En el puesto de conducción domina la gigantesca pantalla que se extiende a lo largo de todo el salpicadero. El sistema multimedia está a un nivel muy alto, aunque Mercedes podría haber empleado materiales de mayor calidad en algunos puntos.
El cuadro de instrumentos permite mostrar una vista clásica de Mercedes y la cartografía se presenta con gran claridad. Inteligente: el sistema de cámaras facilita las maniobras y permite incluso visualizar un efecto de «capó transparente».
En conjunto, la conectividad merece unas poco habituales cinco estrellas. Sin embargo, también tiene algunos pequeños defectos. Por ejemplo, el GLC solo interpreta correctamente de forma ocasional varios comandos de voz pronunciados de manera consecutiva. Elegante: el gran techo panorámico deja entrar mucha luz. Además, puede oscurecerse pulsando un botón gracias a un cristal con regulación electrónica.
Comportamiento
El 400 EQ inicia la marcha con una suavidad, un silencio y una dignidad extraordinarios, avanzando prácticamente aislado del ruido exterior en dirección a la salida de la ciudad. Su suspensión neumática apenas presta atención al asfalto de Hamburgo (uno de los más bacheados, agrietados y remendados que hemos visto).
Resulta sorprendente la forma en que este GLC, que pesa nada menos que 2,5 toneladas, devora las ondulaciones del asfalto, absorbe los grandes baches y se hunde con suavidad gracias a su largo recorrido de suspensión, sin balancearse en exceso ni producir rebotes posteriores. Del mismo modo, las ruedas de 20 pulgadas ruedan con un sonido perceptible, aunque apenas transmiten vibraciones al habitáculo. Hay que decirlo claramente: los ingenieros de Mercedes han afinado este chasis como auténticos catedráticos.

Además, el GLC transmite una enorme seguridad. Supera con total soltura nuestras maniobras de esquiva, soporta altas velocidades sin inmutarse y el ESP interviene de forma rápida y eficaz cuando el conductor realiza maniobras incorrectas. Al mismo tiempo, podemos certificar que el GLC 400 EQ dispone de unos frenos muy estables y de primer nivel, así como de una motricidad impecable.
Salvo por un pequeño tirón ocasional al cambiar de marcha, el 400 EQ realiza todo esto sin un solo fallo. Las dos velocidades de la transmisión garantizan aceleraciones explosivas desde parado y un empuje contundente incluso por encima de la velocidad recomendada en las autopistas alemanas. Solo al alcanzar los 210 km/h la electrónica limita la velocidad del 400 EQ. Lo llamativo es que apenas se percibe la sensación de ir tan rápido.
El ritmo de crucero que invita a mantener en viajes largos suele ser superior al que conviene desde el punto de vista energético. Es decir, si se conduce con frecuencia a un ritmo elevado, el GLC consume más electricidad de la batería y la autonomía máxima disminuye. Aun así, no de forma dramática: de los 611 kilómetros homologados según el ciclo WLTP (con un consumo oficial de 17,6 kWh/100 km), en nuestras pruebas obtuvimos una autonomía real de 479 kilómetros. Eso sí, circulando a 200 km/h, el GLC apenas alcanza unos 250 kilómetros.
La gran compensación llega en el punto de recarga. El 400 EQ admite potencias de hasta 330 kW, recuperando la carga hasta el 80 % en apenas 22 minutos. El preacondicionamiento de la batería, la bomba de calor y un excelente sistema de recuperación de energía también contribuyen a un uso muy eficiente de la electricidad. En conjunto, sus capacidades son sobresalientes y, trasladadas al uso diario, resultan casi comparables a las de un diésel.
Conclusión
Como SUV, transmite una enorme solvencia; como coche eléctrico, se sitúa entre los mejores de su categoría; y como Mercedes, ofrece una presencia moderna y acorde con lo que se espera de la marca. El GLC 400 EQ convence por su sistema de propulsión y su equipamiento. Pero, sobre todo, nos ha entusiasmado su elevadísimo confort de marcha: suspensión, asientos y aislamiento acústico rozan la excelencia.
Valoración
Nota 9
Lo mejor
Confort de marcha, prestaciones, espacio, tecnología, equipamiento de seguridad, acabados, tecnología.
Lo peor
Precio muy elevado, por encima de la competencia, aunque ofrece mucho por lo que cuesta.


