Todos sabemos que Subaru es una marca que huye del exceso y por eso siempre funciona. Pero hubo un tiempo que tuvo uno de los coches más feos: saluda al Casa Blanca

Tomando como base un Subaru Impreza e impulsada por la moda retro de finales de los 90, la marca japonesa creó un coche difícil de mirar.

Incluso a los mayores seguidores del mundo del motor es posible que se les escape algún coche o versión de las decenas de miles que se han lanzado al mercado en toda la historia. Es posible que, de otros, se acuerden aunque no quieran y los prefieran olvidar. Apostamos a que el Subaru Casa Blanca está en esa situación para muchos ‘petrolheads’.

El modelo es una auténtica rareza dentro de la historia de Subaru y es posible que, simplemente con ver la foto que abre estas líneas, no sepas adivinar cuál es el modelo que se esconde tras su estética de dudoso gusto y que muchos han calificado como uno de los coches más feos de la historia: eso que ves ahí es un Subaru Impreza de primera generación.

Este modelo fue mítico y se labró un buen nombre desde el momento en el que se lanzó al mercado en 1992, en formatos de sedán de cuatro y familiar de cinco puertas, a los que se sumó en 1995 una variante coupé. 

Su diseño llamaba la atención y en el apartado mecánico no se quedaba atrás, con motores bóxer a los que quedó unido su nombre y equipado con la tracción integral de Subaru, que ya había dado buenos resultados en el mundo de los rallyes. Sin embargo, de repente llegó 1998 y con él llegó el peculiar Subaru Impreza Casa Blanca, que se recuerda coloquialmente como Subaru Casa Blanca.

Hablar de este modelo implica, necesariamente, hablar del contexto de la industria del automóvil en aquel momento. Por motivos que todavía se desconocen, por aquel entonces hubo una fiebre retro que llevó a muchos fabricantes a lanzar versiones especiales o ediciones limitadas de sus modelos con un aroma marcadamente clásico.

Ya estaban en el mercado ejemplos como el Nissan Figaro o el Subaru Vivio Bistro, así que la firma nipona quiso continuar con la tendencia y se decidió por su nueva estrella para llevar a cabo un proyecto, el Impreza. Así, corría 1997 cuando se presentó el modelo en forma de prototipo en el Tokyo Motor Show, en el que ya se adelantó que sería un modelo muy exclusivo del que solo se iban a fabricar 5.000 unidades, todas sobre la base del familiar.

No sabemos con seguridad qué tipo de feedback recibió la compañía en el evento o si ni siquiera lo hubo, pero no debió ser negativo, puesto que siguió adelante con el proyecto, lo que dio lugar a uno de los coches más difíciles de mirar de la historia.

Hay que tener en cuenta que la base del vehículo era el Impreza original que, visto desde el prisma actual, puede pecar de ser algo sencillo, pero eran cosas de la época y, en términos generales, tenía un diseño armonioso que resultaba agradable a la vista. El Casa Blanca dio con todo ello al traste.

El frontal del Impreza era bastante limpio y despejado, caracterizado por unos delgados faros que se alargaban a lo ancho. Ese formato, que era moderno en los 90, se reemplazó por uno retro que, se mire por donde se mire, era muy recargado. Los grupos ópticos pasaron a ser redondos, dobles e independientes; y además estaban custodiando una parrilla de tamaño considerable, con un marco cromado y que estaba dividida en dos secciones.

El perfil se mantuvo inalterado, salvo por los diseños exclusivos de las llantas, pero la trasera no se libró de recibir su particular ración de estética vintage. En su caso se optó por enmascarar los faros traseros, dejando solo dos círculos a la vista mientras que el resto del piloto estaba cubierto en el mismo color de la carrocería. 

También se buscó el toque retro en los colores de carrocería con los que se ofrecía, azul zafiro o champán metalizado.

En el apartado mecánico Subaru no inventó demasiado y recurrió a uno de los motores con los que ya estaba disponible el Impreza, un propulsor 1.6 turbo bóxer de 95 CV, por lo que además no es que fuera precisamente potente. Los compradores podían elegir entre la tracción 4x2 o a las cuatro ruedas.

La producción prevista del Subaru Impreza Casa Blanca era de 5.000 unidades, pero no hay datos comerciales del modelo, así que no se sabe si llegaron a fabricarse todas o cuántas terminaron por venderse. Esto ha hecho que se quede en una mera rareza en la historia de un coche mítico que, eso sí, tiene el dudoso honor de estar entre los candidatos a ser el coche más feo de la historia.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España