Ni pantallas ni llantas de aleación, los coches eléctricos nos llevan de vuelta a lo básico

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La llegada de los coches eléctricos baratos es una realidad, pero para conseguir tarifas ajustadas parece inevitable recortar en equipamiento.
Las altas esferas europeas están empeñadas en que el coche eléctrico se implante ya. Sin embargo, a la vista de los resultados comerciales queda claro que su implantación va a ser mucho más lenta de lo esperado. Gran parte de la culpa de ello lo tiene el hecho de que son vehículos caros, pero cuando se sacan modelos baratos para acercarlos al público, suele ser a costa de hacer sacrificios.
En los últimos años se han multiplicado los coches eléctricos asequibles, pero, aunque los categoricemos como tal, siguen teniendo precios que por norma general son bastante más elevados que las tarifas de automóviles equivalentes con motores de combustión.
El principal problema radica en que, para conseguir esos precios más ajustados (que, reiteramos, están por encima de lo que se consideraría barato realmente) hacen en muchas ocasiones una serie de recortes que devuelven a los vehículos a lo más básico, con equipamientos de serie que en ocasiones parecen sacados de décadas pasadas.
Esto, que podía doler más o menos antes, es todavía más patente ahora que el Plan Moves está suspendido y no se pueden restar los 7.000 euros de las ayudas estatales del montante final.
El caso del Dacia Spring
Dacia concibió el Spring para que fuera el coche eléctrico más barato del mercado y lo consiguió. Ahora bien, el título tiene un coste y no es precisamente bajo.
Está disponible desde 17.890 euros, pero a pesar de ese precio hablamos de un coche que de base tiene 45 CV de potencia, una cifra que nos retrotrae a los años 70 del siglo pasado, teniendo como versión superior una de 65 CV que tampoco es que avance mucho más en el tiempo.
Vamos a dejar de lado las limitaciones de batería y autonomía para centrarnos en el equipamiento, que también es un viaje hacia el pasado.
Desde fuera ya se pueden apreciar algunos recortes, como son las llantas de acero de 14 pulgadas con tapacubos o los faros principales con tecnología halógena, pero es el interior donde están las mayores sorpresas: los elevalunas de las plazas traseras son manuales, no eléctricos, y lo mismo ocurre con el ajuste de los retrovisores laterales.
Por último, en una era que está dominada por las pantallas, aunque el cuadro de instrumentos es digital de serie, la consola central no dispone de ninguna en el acabado de acceso, lo único que tiene es un soporte para colocar el móvil y, una vez conectado, que actúe como centro del sistema multimedia del vehículo.
Los coches eléctricos baratos de Stellantis
La naturaleza de Stellantis, con multitud de marcas hermanas entre sí que comparten plataforma, hace que muchos coches en realidad sean mellizos, por lo que las características de uno se pueden encontrar idénticas en otros.
En el caso de sus coches eléctricos, hay una dupla que es buen ejemplo de esta “vuelta a lo básico” necesaria para ahorrar euros: Citroën C3 y Fiat Grande Panda.
Ambos son básicamente el mismo coche, con características técnicas idénticas (motor eléctrico de 113 CV, batería con una capacidad de 44 kWh y una autonomía de alrededor de 320 km), y también comparten algunas limitaciones en términos de equipamiento en su nivel de acceso.
Como ocurría con el Dacia Spring, ninguno de los dos calza llantas de aleación, si no que son de acero y tienen 16 pulgadas de diámetro, con tapacubos más o menos llamativos (en el Grande Panda están pintados en blanco).
Sin embargo, mientras que el italiano si que disfruta de una dupla de cuadro de instrumentos digital de 10 pulgadas y pantalla central de 10,25, el francés se conforma con el C-Zen Lounge con Head-Up Display, con un formato de visualización similar al de un reloj digital y, sobre todo, no tiene pantalla, si no que monta el Smartphone Station, un soporte vertical para colocar el teléfono móvil y que éste sea el sistema de infoentretenimiento.
Sí se puede
Aunque muchos eléctricos baratos “tiran” de recortes para presentar tarifas más asequibles, hay ejemplos en el mercado que demuestran que no es necesario seguir este camino. Eso sí, en su mayoría se corresponden con coches chinos.
Dos casos bastante destacados en este aspecto son el del Dongfeng Box y el Leapmotor T03.
El primero está disponible desde 24.595 euros y cuenta de serie con pantalla central de 12 pulgadas, llantas de aleación de 17 pulgadas, sistema de carga inalámbrica para teléfonos, asientos delanteros con calefacción y ventilación o cámaras que ofrecen visión cenital. De los pocos peros que se le puede poner es la ausencia de reposacabezas central trasero.
El segundo arranca en 18.900 euros, siendo de los eléctricos más baratos del mercado, y su dotación no es precisamente escueta: llantas de aleación de 15 pulgadas, techo panorámico, cuadro de instrumentos de 8 pulgadas, consola central de 10, aire acondicionado, sensores de aparcamiento o llave Bluetooth.


