La curiosa y extraña relación de Oasis con los coches

Cuando los hermanos Liam y Noel Gallagher anuncian su regreso a los escenarios el año que viene, echamos un vistazo a la curiosa y extraña relación de Oasis con los coches. 

Esta semana hemos conocido la noticia del regreso de la banda Oasis, después de 15 años alejados de los escenarios. Un anuncio que ha sorprendido por inesperado y ha alegrado a cientos de miles de fans en todo el mundo. Pero, más allá de sus canciones y discusiones, existe una curiosa y extraña relación de Oasis con los coches que merece la pena contar

Aquí no hablamos de música, sino de todo lo relacionado con el mundo del automóvil. Pero, muchas veces, música y coches han ido de la mano. 

La lista de estrellas de la música que han utilizado su fortuna para disfrutar de su pasión por los coches es interminable. Sin embargo, los hermanos Liam y Noel Gallagher no figuran en ella. De hecho, que se sepa, ninguno de los dos tiene carné de conducir.

Pero este ‘pequeño’ obstáculo no impidió, por ejemplo, al difunto batería de los Rolling Stones, Charlie Watts, amasar una enorme colección de clásicos. Como tampoco ha impedido a Noel o Liam darse algún que otro capricho automovilístico.

 Y como cabría esperar de un dúo cuyo insulto favorito es “patata”, sus elecciones de coche han sido un poco... extrañas.

Noel Gallagher y su Jaguar Mark II de 1967: “olvidé que lo compré”

Contra todo pronóstico, la banda se va a reunir de nuevo para una gira de conciertos en el Reino Unido e Irlanda el próximo año. Pero lo que nos trae a hablar de la banda británica no es su música, sino la curiosa y extraña relación que hay entre Oasis y los coches.

Empecemos por el hermano mayor, Noel. Aprovechando el enorme éxito de los tres primeros álbumes del grupo, decidió comprarse un coche, a pesar de no tener el carné de conducir. 

Ese coche no fue otro que un Jaguar Mark II de 1967, elegido porque se fabricó en su año de nacimiento, con una conversión a descapotable realizada por la empresa británica Vicarage.

Además de la conversión, Noel añadió algunas mejoras mecánicas, en lo que se podría considerar un anticipo de los restomod que vemos actualmente. En total, se gastó más de 100.000 libras, pero rápidamente se olvidó de él. 

Según contó en 2019 a Radio X, cuando se lo entregaron, se olvidó que lo había comprado: “Estaba en la cocina un día y un camión de carga baja se detuvo fuera de la casa con este coche en la parte trasera. Estaba poniendo el agua a hervir y pensé: qué coche más bonito. Algún día me compraré uno de esos. Y el tipo llamó a la puerta y dijo: ¿Sr. Gallagher? ¡Su coche! Había olvidado que había comprado el coche.

El Jaguar permaneció en su poder durante más de 20 años, sin apenas moverse, porque, insistimos una vez más, Noel no sabe conducir. Sin embargo, su mujer lo cogía de vez en cuando. En 2022, finalmente lo vendió por 125.000 libras, y ahora suele ir con chófer en un Range Rover.

El Bristol 603 de Liam Gallagher

Aunque parece que los hermanos de Manchester siempre intentan superarse entre ellos, incluso cuando se trata de comprar coches de lujo británicos, a pesar de no saber conducir. 

En algún momento, Liam fue propietario de un Bristol 603, un coupé de cuatro plazas fabricado por el antiguo fabricante de aviones y equipado con un potente motor V8 de Chrysler.

Qué habrá sido de ese coche, dónde está, porque Liam lo compró en lugar de elegir otro un poco más convencional y qué hizo con él… sigue siendo un misterio. Porque, de nuevo, no tiene carné de conducir.

El Rolls-Royce sumergido en una piscina

Sin embargo, el coche que todo el mundo asocia con Oasis es el Rolls-Royce blanco que aparece sumergido en una piscina en la portada del álbum Be Here Now, de 1997. 

Exactamente, se trataba de un Rolls-Royce Silver Shadow de 1973 y, según contó la revista GQ en 2022, no tenía motor. El fotógrafo Michael Spencer Jones explicó a Car&Vintage que “el Rolls-Royce blanco llegó a Stocks el día antes de la sesión, aunque sin motor”. 

Aunque el coche estaba destinado al desguace, el equipo lo compró por 1.000 libras, casi 1.200 euros. El coche aparecía semi hundido en una piscina de una villa de Hertfordshire, Londres, y aquella portada se convirtió en un icono del rock, símbolo de una generación que desafiaba todas las convenciones, pero con estilo.

El destino del Rolls-Royce después de hacer la foto se desconoce, aunque la publicación británica apunta a que, probablemente, acabara en alguna chatarrería.

Hasta aquí la curiosa y extraña relación entre Oasis y los coches. Ahora veremos qué nos deparan tras el anuncio de su regreso a los escenarios. Quizá nos vuelvan a sorprender con alguna nueva historia relacionada con un coche.

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Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España