Citroën 2CV, el coche para los campesinos que se convirtió en una forma de vida

Pensado y creado como un vehículo para agricultores, el Citroën 2CV prolongó su vida comercial durante más de cuatro décadas, de 1948 a 1990, adaptándose a los cambios sociales y técnicos y convirtiéndose en un mito de la historia del automóvil.
En 1948, la Segunda Guerra Mundial empezaba a quedar atrás. Habían pasado cuatro años desde que París fue liberada de los nazis. "¡París ultrajada! ¡París rota! ¡París martirizada! ¡Pero París liberada!", exclamó Charles de Gaulle el 25 de agosto. El 7 de septiembre de aquel año se presentó en el Salón del Automóvil de París el Citroën 2CV.
Pero, hasta llegar ese momento, “el coche del futuro”, como lo bautizó su creador, Pierre Boulanger, cuando retiró el velo que lo ocultaba en la muestra parisina, tuvo que recorrer un largo camino lleno de dificultades.
Hay que remontarse 13 años, hasta 1935, para encontrar la idea que originó el nacimiento del ‘ojo de cíclope’, como denominaron los primeros prototipos, por su único faro.
Pierre Boulanger, entonces director de la Oficina de Estudios de la Marca, había decidido ir a pasar un fin de semana al campo. Sentado en su Traction Avant, al lado de la plaza de un pueblo, vio pasar a los agricultores que llevaban sus productos al mercado.
Todos usaban carros tirados por mulas, caballos o bueyes. Al regresar a París, tuvo una iluminación: hay que crear un vehículo que sirva para que los campesinos franceses se motoricen y cambien el carro o la mula por el automóvil.
Esto supondría más ventas tanto para Citroën como para Michelin, que por aquel entonces ya era el primer accionista de la compañía, después de haber entrado en quiebra.
Citroën 2CV, el très petite voiture para los campesinos

Este fue el origen del proyecto TPV, iniciales de très petite voiture (coche muy pequeño en español), capitaneado por el mismo tándem que había creado el Citroën Traction Avant unos años antes: André Lefebvre, en el apartado técnico, y el escultor Flaminio Bertoni, para el diseño, aunque en palabras de Boulanger, la estética no era una prioridad.
El pliego de condiciones era toda una declaración de intenciones. El futuro 2CV debía ser “cuatro ruedas debajo de un paraguas”. Una oda a la simplicidad y a la economía de uso.
De este pliego salieron las características que debía reunir: debía transportar un cesto de huevos por un campo sembrado sin que se rompiera ninguno, además de 50 Kg de mercancías; debía ser fácil de conducir por alguien sin experiencia al volante, tener bajos costes de mantenimiento y consumir, como máximo, 3 l/100Km.
Por supuesto, pese a su vocación agrícola, debía equipar la joya de la corona de la marca: la tracción delantera.
No obstante, pese a su concepción pensando en bajos recursos económicos, Citroën no reparó en medios para desarrollar el 2CV. los ingenieros pensaron y probaron toda clase de innovaciones tecnológicas y de diseño, como brazos de suspensión de magnesio, puertas circulares o faros inspirados en las luciérnagas.
El aligeramiento del vehículo se convirtió en una obsesión: el techo era de tela, las ventanillas de mica y la carrocería de aluminio ondulado. El único capricho se concedió en la tapicería, en la que se atendió la recomendación de la esposa de Boulanger.
Estos primeros trabajos se concretaron con un primer prototipo muy peculiar: el Cíclope. Con un único faro, contaba con una carrocería inspirada en la aviación, ondulada y fabricada con una aleación de aluminio, unos asientos de tipo hamaca colados del techo mediante cables y un motor de dos cilindros bóxer de 375 centímetros cúbicos refrigerado por agua.
La Segunda Guerra Mundial interrumpe el proyecto del TPV

Lamentablemente, el Citroën 2CV inició su desarrollo en el periodo de entreguerras, en plena Gran Depresión tras el crack de la bolsa de Nueva York en 1929 y en medio del auge de los totalitarismos.
Los tambores de guerra sonaban cada vez más fuertes, hasta que el 1 de septiembre de 1939, Hitler invadió Polonia en lo que acabaría siendo el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Carl von Clausewitz, un militar prusiano del siglo XIX dijo que la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios. Y eso hizo Europa. Otra vez.
Unos meses después del estallido de la guerra, la Alemania Nazi invadió Francia a partir de mayo de 1940, hasta conquistar París. “En unas horas plácidas, banales, de un domingo radiante, Francia, la Francia que creíamos inmortal, se había hundido, quizás para siempre”, llegó a escribir Manuel Chaves Nogales en La agonía de Francia.
Francia permaneció ocupada durante cuatro largos años, a excepción de la llamaba ‘Francia libre’, bajo el gobierno de Vichy, aunque en realidad era un protectorado de Alemania. Durante todo este tiempo, el proyecto del TPV quedó interrumpido y los responsables, incluso, ocultaron algunos prototipos para que los alemanes no los descubrieran.
Una vez liberada Francia en agosto de 1944, en una ofensiva en la que tuvieron un papel muy destacado españoles exiliados en el país vecino, el proyecto se retomó y, cuatro años después, se presentó el coche definitivo en el Salón del Automóvil de París, el 7 de octubre de 1948.
Presentación… sin motor

Los asistentes a la ceremonia de presentación del Citroën 2 CV y todos los que acudieron a la cita parisina durante los días posteriores se quedaron patidifusos al ver la estética peculiar del 2CV, incluido el presidente de la República Francesa en aquel momento, Vicent Auriol.
Hubo comentarios para todos los gustos, desde “horrible”, “raro” o “espantoso” a “divertido” o “único”. La prensa, por su parte, no fue demasiado indulgente con su diseño que perfectamente podría haber creado Le Corbusier . Sin embargo, lo más llamativo fue que ninguna de las tres unidades expuestas en la muestra tenía motor.
Esta ausencia se debió a un cambio técnico de última hora. La marca del doble chevrón acababa de descartar el arranque de lanzadera mecánica, accionado por el conductor, y el arranque eléctrico definitivo todavía no estaba totalmente a punto.
Por esta razón, los responsables decidieron no mostrar nada hasta 1949, despertando la curiosidad de los periodistas especializados, que ansiaban conocer lo que había debajo de aquel capó. Algunos llegaron a asaltar el circuito de pruebas de la marca en La Ferté-Vidame.
La intriga se resolvió al año siguiente, de nuevo en el Salón del Automóvil de París, cuando un Citroën 2CV enseñaba todos los secretos de su motor de 375 centímetros cúbicos refrigerado por aire, con transmisión de cuatro velocidades y 9 CV de potencia.
En verdad, aunque sin pretenderlo, fue una gran jugada por parte de Citroën, ya que el vehículo acaparó todas las miradas dos años seguidos.
Un coche sencillo que satisfacía a todo el mundo

En julio de 1949 comenzó la producción del Citroën 2CV y los clientes dejaron en muy mal lugar a los críticos: tras los primeros meses en el mercado, el plazo de espera llegó a tres años. El público supo ver inmediatamente las bondades del coche: era idóneo para necesidades muy distintas.
Se desenvolvía muy bien en ciudad, circulaba con soltura por caminos sin asfaltar, era espacioso para su tamaño, tenía cuatro puertas y resultaba mucho más económico de utilizar y mantener que otros modelos en el mismo nivel de precios.
El 2CV era un coche sencillo, pero en absoluto tosco. Tan bien planteado y construido estuvo desde el principio, que en su evolución no hubo cambios importantes. El motor ganó cilindrada y potencia, aunque se mantuvo siempre con un consumo muy bajo. Los frenos de disco en las ruedas delanteras no fueron necesarios hasta los años 80, debido a su ligereza.
En un país en reconstrucción que aspiraba a un mayor bienestar, su lanzamiento comercial llegó en el momento oportuno. Disponible, en un primer momento, exclusivamente en forma de berlina descapotable, desde 1950 se ofreció también en versión furgoneta.
Papel clave del Citroën 2CV en la industria española

El Citroën 2CV tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la industria de automoción en España. En 1958, abrió sus puertas, en la Zona Franca de Vigo, la fábrica de Citroën Hispania.
La marca de los chevrones, presente con vehículos importados desde 1924, apostaba por producir en España por el bajo coste de la mano de obra, la situación geográfica de la ciudad gallega y la posibilidad de conquistar un mercado emergente sin tener que pagar aranceles.
El primer modelo que salió de las líneas de montaje de ‘La Citroën’ de Vigo fue el 2CV, en su versión furgoneta. Pronto seguirían su estela las versiones turismo.
Las características de este modelo lo hicieron muy habitual en las carreteras de España. Durante décadas, el 2CV furgoneta, pintado en gris, fue el vehículo más habitual de organismos tan esenciales como Correos y Telégrafos y la Compañía Telefónica Nacional de España.
Incluso la Guardia Civil y las unidades de Montaña del Ejército se hicieron con varias unidades del Citroën 2CV Sahara, una de las versiones del utilitario galo más especiales, equipado con dos motores, uno delante y otro detrás, que le conferían una tracción 4x4.
Preparado para la aventura

Cuando Pierre Boulangere concibió el Citroën 2CV, no entraba en sus planes, ni de lejos, que llegara a ninguna competición. Sin embargo, su gran aceptación social y sus excepcionales características para circular campo a través o por caminos de cabras, lo convirtieron en el compañero ideal de aquellos que querían recorrer mundo con pocos recursos.
Citroën empezó a organizar numerosos raids, como el París-Kabul-París de 1970 o el Raid África de 1973 (8.000 kilómetros a través del Sahara) en el que miles de jóvenes de varios países europeos, entre ellos España, pusieron a prueba su habilidad al volante, su pericia mecánica y su capacidad para adaptarse a las diferencias culturales.
41 años y más de cinco millones de unidades

Desde que inició la producción en 1949 hasta que cesó en 1990, el Citroën 2CV se mantuvo con muy buena salud. Ya a partir de la década de los 80, las reglamentaciones medioambientales y de seguridad limitaron sus ventas en cada vez más países.
Además, su fabricación seguía siendo manual, por lo que su coste se disparaba frente a los modelos de la época, en los que los robots tenían cada vez un papel más importante.
Tras el cierre de la fábrica de Levallois-Perret en los años 80, el Citroën 2CV pasó a fabricarse únicamente en la planta portuguesa de Mangualde. De aquí salió la última unidad el 27 de junio de 1990, a las 16:00 horas.
Después de 41 años de en el mercado y más de cinco millones de unidades vendidas en todo el mundo, la trayectoria del Citroën 2CV terminó para siempre. Pero su vida no se apagó, porque sigue presente en el corazón de cientos de miles de aficionados.
El Citroën 2CV es uno de esos coches sin los cuales no se entendería la historia del automóvil. O, quizá, no tendría sentido. Un coche pensado para aquella Francia rural que resurgía de las cenizas de la guerra acabó convirtiéndose en un icono. Incluso, en una forma de vida.

