El Chicken Tax, o cómo EEUU se protege de vehículos comerciales del resto del mundo desde hace 60 años

En 1963, Estados Unidos decidió imponer el Chicken Tax, un arancel del 25% a la importación de vehículos comerciales de otros países en respuesta a Europa.

Se habla mucho de aranceles y de guerra comercial en las últimas semanas, tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Pero, en realidad, esto es mucho más antiguo de lo que parece. Desde hace 60 años, Estados Unidos se protege de vehículos comerciales del resto del mundo mediante el Chicken Tax o impuesto al pollo. ¿Qué es esto?

El Chicken Tax es un arancel del 25% sobre los vehículos comerciales ligeros que impuso en 1963 Estados Unidos bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson, quien sucedió a John F. Kennedy tras su asesinato.

La imposición de esta tasa fue la respuesta de la Casa Blanca a los aranceles impuestos por la Comunidad Económica Europea (precursora de la UE) a la importación de pollo estadounidense, en el contexto de lo que se conoce como ‘Guerra del Pollo’, el periodo de tensiones y negociaciones sobre el asunto del pollo, que duró de 1961 a 1964. 

Sin embargo, el impuesto del pollo afectó de manera específica a Volkswagen, que en aquel entonces empezaba a penetrar en el mercado automovilístico estadounidense.

Chicken Tax, así se protege Estados Unidos de vehículos comerciales extranjeros

El Chicken Tax se mantiene vigente todavía hoy, es decir, hay un arancel del 25% a la importación de vehículos comerciales, tanto pick-up como furgones y furgonetas. En la práctica, es una forma de quitarse a la competencia de encima. La única manera de evitarlo es fabricar en suelo estadounidense. O no...

El primer modelo que sufrió el impuesto al pollo fue el Volkswagen T2 en su versión pick-up. Al aplicar el arancel, el precio del vehículo subía considerablemente, lo que perjudicaba las ventas.

En aquel entonces, corría el rumor de que se incluyó esta categoría de vehículo en el impuesto para perjudicar al fabricante alemán, cuya furgoneta gozaba de mucha popularidad y también por ser europea.

La Volkswagen Tipo 2 no fue la única afectada. El impuesto del pollo también perjudicó a marcas como Toyota, con sus pick-ups Publica, Crown y Corona, Datsun, Izuzu o Mazda. Todas tuvieron que retirar sus modelos del mercado norteamericano, incluido Canadá, y el Caribe y no importaron otros que sí se comercializaban en otras regiones.

Sin embargo, el Chicken Tax no se aplicaba a las furgonetas ligeras de pasajeros y aquí es donde viene un punto clave. Para sortear el arancel, hubo fabricantes que decidieron instalar fábricas en Estados Unidos, sobre todo, los japoneses; otros optaron por adaptar sus vehículos para que no entraran en la categoría de vehículos comerciales.

El truco de ingeniería arancelaria que hizo Ford

Ya se sabe que hecha la ley, hecha la trampa, y algunas marcas encontraron la manera de introducir sus vehículos comerciales ligeros en Estados Unidos con un pequeño truco de lo que se conoce como ingeniería arancelaria, es decir, adaptar el producto que importas para no pagar un gravamen.

El ejemplo más claro es el que aplicó Ford. Aunque es una compañía estadounidense, fabrica su furgoneta Transit Connect en la planta de Almussafes y cada año importaba decenas de miles de unidades a Estados Unidos.

Para evitar el Chicken Tax, la marca del óvalo azul halló una solución tan sencilla como barata: agregarle asientos traseros y ventanas para que entren al país como ‘vehículos de pasajeros’ y, por tanto, sujetos a un arancel de sólo el 2,5%. Una vez que pasa la aduana, se los quita y vuelve a ser un vehículo comercial.

Es una operación que se realiza en unas dos horas y media y ha permitido a la compañía ahorrarse unos 250 millones de dólares desde que comenzó a fabricar la Transit Connect en 2002, según una estimación del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. 

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