Ya he probado el nuevo Dodge Charger, y puedo decirlo: "este muscle car desafía sin complejos todas las tendencias"

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Mientras Stellantis está paralizado por la presión de los costes y la corrección política en nuestro mercado, los estadounidenses del grupo todavía se permiten un poco de pasión y ahora traen el Dodge Charger también a Europa.
Tiene el aspecto de una provocación y también suena así: ancho, musculoso y atronador. Y con un capó que parece ocupar la mayor parte de sus 5,25 metros de longitud total, el Dodge Charger es la antítesis hecha chapa de la racionalidad automovilística. Junto con el Ford Mustang y el Chevrolet Camaro, el Charger pertenece a esos muscle cars con los que los estadounidenses han dado rienda suelta tradicionalmente a su pasión, porque son potentes, impresionan y cuestan solo una fracción de lo que vale un «auténtico deportivo». Y así ha sido desde los años sesenta.
El Charger lleva exactamente 60 años y ocho generaciones en el mercado, y ahora la más reciente de ellas llega también a Europa. Porque, al parecer, incluso en Stellantis han aprendido poco a poco que solo con sensatez y corrección política, control de costes y consenso no se consigue levantar pasiones.
Es cierto que el salvaje primo americano no puede jugar con las hermanas formales de Rüsselsheim, Turín o París y solo se comercializa a través del importador oficial, aunque independiente, Dodge KWA. Pero quien no pueda permitirse un Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio y tampoco confíe en que Maserati vaya a tener continuidad, pagará alrededor de un 50 por ciento más que en Estados Unidos, pero a cambio podrá hacerse con el que quizá sea el coche más pasional que Stellantis —perdón, Corsa GSE y disculpas, 208 GTi— ofrece actualmente por menos de 70.000 euros.
Motor: seis cilindros en lugar de V8
Porque al diseño rebosante de músculo, un habitáculo digitalizado hasta la médula y unos contundentes asientos deportivos se suma un motor a la altura. Es cierto que ahora tiene solo seis cilindros en lugar de ocho y que su cilindrada, que antes llegaba hasta los 6,4 litros, se ha reducido a menos de la mitad, pero con sus todavía tres litros y dos turbos, el modelo tope de gama Scat Pack desarrolla 550 CV, transmite hasta 720 Nm a las ruedas de 20 pulgadas y, sobre todo, hace tanto ruido como un motor mucho más grande. Desde luego, el disimulo y la moderación son otra cosa, y con cada pisotón al acelerador deja claro que no piensa disculparse por el ‘downsizing’.
Como por primera vez con el cambio de generación dispone de tracción total, esta fuerza puede transformarse en propulsión de una manera razonablemente limpia y segura. Incluso cuando la carretera se permite excepcionalmente unas cuantas curvas, sigue la trayectoria con precisión y se deja llevar con sorprendente facilidad por la línea ideal. Y lo hace con bastante rapidez: rozar los cuatro segundos de 0 a 100 km/h no está nada mal, y una velocidad máxima de unos 285 km/h también es digna de mención en una familia Stellantis en la que la inmensa mayoría de los demás coches se quedan sin aliento bastante antes de los 250 km/h.
Más espectáculo que precisión
Pero, por supuesto, en Dodge saben que nadie espera del Charger la precisión ni la finura de un BMW M3 o un Porsche 911. Los muscle cars tienen que ser brutos y brutales, y deben golpearte el estómago con su potencia como un martillo pilón. Por eso no solo se puede desconectar el eje delantero con solo pulsar un botón, para que la zaga cobre vida propia y regrese aquella vieja sensación de adrenalina. Mientras otros apuestan por un arranque perfecto con el Launch Control, Dodge ha programado el Line Lock y apuesta por el máximo espectáculo al iniciar la marcha.
Así es como lo llaman los estadounidenses cuando, con un pie sobre el freno, mantienes bloqueadas las ruedas delanteras y, con el otro sobre el acelerador, haces subir primero de vueltas el motor y después girar las ruedas traseras en vacío. Solo hacen falta unos segundos para que un denso humo blanco y acre empiece a salir de los pasos de rueda. Y cuando levantas el pie izquierdo, quedan dos gruesas marcas negras sobre el asfalto.
El Charger también es eléctrico
Es cierto que el Charger es pasión estampada en chapa y, por eso, se convierte en el coche soñado de los amantes de la gasolina. Pero ni siquiera los estadounidenses pueden escapar por completo de los nuevos tiempos. Por eso no solo han jubilado el V8 y lo han sustituido por un seis cilindros razonablemente moderno, sino que, por primera vez, también existe el Charger Daytona eléctrico por precios idénticos. En ese caso, la potencia ya asciende a 536 CV en el modelo básico, mientras que el Scat Pack anuncia en su ficha técnica unos impresionantes 670 CV y 850 Nm.
No es de extrañar que el sprint se complete entonces en 3,3 segundos. Lo único que han limitado los estadounidenses es la velocidad máxima, a 220 km/h como mucho. La energía necesaria procede de una batería de 100,5 kWh brutos, que permite recorrer hasta 500 kilómetros según el ciclo de homologación y después puede recargarse a unos 200 kW. Dodge promete completar la carga del 20 al 80 por ciento en poco menos de media hora.
Pero Dodge no solo coquetea con la generación eléctrica, los estadounidenses también quieren conquistar a los padres de familia. Por eso, por el mismo precio que el coupé, también hay una versión de cuatro puertas. Es cierto que su aspecto ya no resulta tan agresivo, pero con unas prestaciones idénticas ofrece algo más de confort para los niños de la segunda fila. De este modo, Dodge se asegura de que los amantes de la gasolina del mañana no se socialicen únicamente delante de la PlayStation.
Conclusión
El Charger es mucho más que un coche. Es una máquina del tiempo que nos transporta de vuelta a la época dorada de los muscle cars y que, con solo pulsar el botón de arranque, cambia también nuestra ubicación. Da igual dónde te encuentres realmente: este coche te teletransporta de inmediato a los rascacielos de Nueva York, a la Pacific Coast Highway o a los barrios más sórdidos de Detroit.
Valoración
Nota 8
Lo mejor
Un coche capaz de transmitir sensaciones únicas en los tiempos que corren.
Lo peor
Al comprarse por importador, sale bastante más caro en Europa que en EE.UU.


