Se avecina otra crisis de chips en Europa. Y esta vez tiene nombre propio: Nexperia

La compañía china toma una drástica medida que afecta peligrosamente a la industria automotriz europea.
Una nueva y potencialmente grave crisis de chips se cierne sobre Europa, con un protagonista inesperado pero determinante: Nexperia. La compañía, de origen neerlandés pero controlada por el gigante chino Wingtech Technology, se ha convertido en el epicentro de un tenso conflicto geopolítico entre los Países Bajos y China.
Este enfrentamiento ha escalado de forma crítica, llevando a la filial china de Nexperia a romper filas con su matriz europea. Una decisión que amenaza con paralizar líneas de producción esenciales, especialmente en el sector automotriz europeo, y que pone de relieve la vulnerabilidad de la cadena de suministro de semiconductores en el continente.
La escalada del conflicto tiene su raíz en la intervención sin precedentes del Gobierno neerlandés en Nexperia. A finales de septiembre, el Ministerio de Economía de los Países Bajos invocó la Ley de Disponibilidad de Bienes de 1952, una norma nunca antes utilizada, para tomar el control temporal de la gestión de la empresa con sede en Nimega.

La justificación oficial de esta medida radical fue la existencia de "señales agudas de graves deficiencias de gobernanza" y el "riesgo inaceptable" de una fuga de conocimientos y capacidades clave hacia China.
Es decir, La Haya temía que Wingtech estuviera utilizando su control sobre Nexperia para transferir tecnología estratégica fuera de Europa, comprometiendo así la soberanía tecnológica europea y el suministro de chips esenciales para sus industrias.
La respuesta de Pekín a lo que consideran una "expropiación" encubierta o, al menos, una interferencia directa en una empresa de su propiedad, fue inmediata y contundente.
Esta medida, efectiva desde principios de octubre, impide que Nexperia China y sus subcontratistas envíen a Europa (y al resto del mundo) determinados componentes terminados y productos semielaborados que se fabrican en sus plantas, donde se produce una inmensa cantidad de chips básicos.
El impacto de este veto es devastador. Aunque Nexperia no produce los microprocesadores de alta gama que acapararon los titulares durante la crisis de 2021, sí fabrica chips simples y discretos (como transistores, diodos o logic chips) que son absolutamente fundamentales para el funcionamiento de prácticamente cualquier dispositivo electrónico.

Estos componentes, sencillos y de bajo coste, se emplean masivamente en sistemas de seguridad como airbags, sensores, iluminación, climatización y unidades de control básicas en la industria del automóvil.
El conflicto ha alcanzado un nuevo pico de gravedad con la decisión de la filial china de romper los lazos operativos con su matriz en los Países Bajos, según reportes de la prensa especializada. Esta "ruptura de filas" institucionaliza el bloqueo de facto y lleva la disputa a un nuevo nivel de enfrentamiento directo.
El problema es que la planta de Nexperia en China tiene una capacidad de producción que supera los 50.000 millones de chips al año. Bloquear este flujo de componentes low-tech, pero de alto volumen y uso crítico, es una amenaza existencial para las fábricas europeas. Los fabricantes de automóviles, en particular, vuelven a encender todas las alarmas.
A diferencia de los procesadores complejos, los chips de Nexperia tienen muchos proveedores alternativos, pero el proceso de homologación y certificación en la industria automotriz es extremadamente lento y riguroso.
Sustituir a un proveedor de chips básicos en la cadena de montaje de un vehículo no es una tarea que se pueda improvisar, pudiendo llevar meses de pruebas y validaciones. La Asociación Alemana de la Industria del Automóvil (VDA) ya ha advertido de interrupciones inminentes en la producción de grandes fabricantes como Volkswagen o Bosch.
La crisis de Nexperia no es solo un problema de suministro; es un reflejo de la creciente tensión en la guerra tecnológica global y de la difícil búsqueda de soberanía tecnológica por parte de Europa.
El continente se encuentra atrapado entre su dependencia de la producción globalizada (gran parte concentrada en Asia, incluyendo China) y la necesidad de proteger sus activos estratégicos ante la competencia geopolítica.
La intervención neerlandesa es una clara señal de que los países europeos están dispuestos a tomar medidas extraordinarias para evitar que activos de tecnología vital caigan bajo control extranjero sin garantías de suministro o seguridad. Sin embargo, la represalia de China demuestra el alto costo de estas acciones.



