Martín Winterkon, exCEO de Volkswagen, alucinó con Hyundai: "¿Cómo puede hacer esto con el volante y que no suene?"

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Recordamos la famosa anécdota en la que un directivo de la compañía alemana se quedó sin palabras tras probar un coche de la marca coreana

Hace catorce años, en una sala de pruebas reservada, un pequeño detalle mecánico desencadenó un terremoto silencioso en la mente de Martin Winterkorn, entonces la figura más poderosa del Grupo Volkswagen.

Aquel momento, captado en vídeo y que hoy se recuerda como un punto de inflexión en la industria automotriz, no involucró un motor revolucionario ni un sistema de infoentretenimiento futurista

La revelación llegó, de manera sorprendente, a través del mecanismo de ajuste de un volante en un vehículo que los gigantes europeos no solían tomar en serio: el Hyundai i30.

La anécdota, que ha resurgido como un símbolo de la transformación del sector, ilustra la arrogancia y posterior despertar de la ingeniería alemana ante el ascenso implacable de los fabricantes asiáticos.

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Hyundai i30

Winterkorn, conocido por su ojo clínico y su exigencia casi obsesiva por la calidad de fabricación, estaba probando el compacto surcoreano. Al manipular el volante para ajustar su posición, en un acto cotidiano para cualquier conductor, se encontró con una ausencia de ruido que le resultó inaudita.

El ajuste telescópico y vertical del volante del Hyundai i30 se realizaba con una solidez y un silencio que contrastaba brutalmente con la experiencia que ofrecían sus propios vehículos de alto standing, e incluso los de su archirrival BMW.

En el mundo de la ingeniería automotriz, la ausencia de "scheppern" (ruido de traqueteo o vibración) en un componente de uso constante como el volante es un indicador directo de la calidad de los materiales, la precisión de la fabricación y el control de tolerancias.

La reacción de Winterkorn fue inmediata y visceral. Tomó su teléfono y llamó a Klaus Bischoff, el líder de diseño de la marca en aquel entonces, con una mezcla de asombro, frustración y una clara incredulidad.

"Nada hace ruido, ¿cómo puede ser? ", es la frase que, según los presentes, resonó en la sala, encapsulando la magnitud del desafío que se cernía sobre Volkswagen. 

Y no se detuvo ahí. El CEO, contrariado, continuó con una afirmación lapidaria que evidenciaba el shock estratégico: " BMW no puede, nosotros no podemos... ¡Hacer ruido! Una vez tuvimos una solución, pero era demasiado cara... ¿Por qué ellos pueden?".

Este monólogo es mucho más que una simple queja sobre un volante. Es la confesión de un líder industrial que se da cuenta de que su ventaja competitiva se está erosionando, no solo en grandes innovaciones, sino en el control de costes y la excelencia en el detalle, áreas que se creían patrimonio exclusivo de la ingeniería alemana.

La escena simbolizó el punto de inflexión en la percepción que la industria europea tenía de los fabricantes surcoreanos. Durante décadas, marcas como Hyundai y Kia habían sido consideradas alternativas de bajo coste.

Sin embargo, en ese momento, demostraban que la eficiencia, la innovación en los procesos de fabricación y, crucialmente, el control de calidad, no eran monopolio de las marcas con tradición centenaria.

Hyundai Motor Company no solo había resuelto un complejo desafío de ingeniería de manera silenciosa, sino que lo había hecho con una estructura de costes que lo hacía viable.

La excusa de que la solución para eliminar ese ruido había sido considerada "demasiado cara" en Volkswagen, mientras Hyundai la implementaba de serie en un compacto, revelaba un fallo estratégico interno:

La incapacidad de sus ingenieros para conciliar calidad máxima con eficiencia de costes, o una cultura corporativa que priorizaba el ahorro a corto plazo por encima de la calidad percibida a largo plazo.

El tiempo no hizo más que confirmar la trascendencia de aquel momento. Hoy, Hyundai Motor Group se ha consolidado como uno de los líderes globales, no solo en volumen, sino en tecnología de electrificación. Pero, sobre todo, en una calidad percibida que rivaliza e incluso supera a la de muchos premium tradicionales.

La anécdota de Winterkorn es, en última instancia, una lección de liderazgo industrial. El verdadero liderazgo no se basa en la tradición o el tamaño, sino en la capacidad de cuestionarse a sí mismo.

La famosa frustración del CEO alemán fue el reconocimiento de que la innovación no dependía de la marca, sino de una cultura organizacional ágil, capaz de aprender rápido y desafiar los paradigmas establecidos. La gran revelación de aquel día no fue la solidez del volante del Hyundai, sino el ruido ensordecedor de la autocomplacencia en la cúpula de Volkswagen.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España

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