Este coche cambió hace 80 años la forma de los todoterrenos para que todo el mundo los pudiera conducir

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La idea de unir familiar y todoterreno no es cosa de los SUV actuales, el Jeep Station Wagon ya la aplicó allá por 1946.
Antes de que los SUV dominaran las carreteras, mucho antes de que un todoterreno pudiera ser al mismo tiempo un vehículo familiar, de trabajo y de ocio, hubo un automóvil que mezcló por primera vez esas ideas en una misma carrocería. Podríamos hablar del “proto-SUV” (con bastantes comillas” en 1946, cuando Jeep presentó el Station Wagon.
Era un modelo que tomó la robustez de los vehículos militares utilizados durante la Segunda Guerra Mundial y la trasladó a un automóvil pensado para la vida civil. Su gran revolución no estaba únicamente en su capacidad para circular fuera del asfalto, sino en hacer que esa capacidad pudiera estar al alcance de prácticamente cualquiera. Es un concepto que, 8 décadas después, está bastante presente en los todocaminos actuales.
El Jeep Station Wagon nació apenas un año después del final de la gran guerra, cuando Estados Unidos afrontaba la reconversión de su industria y los fabricantes buscaban nuevos usos para las tecnologías desarrolladas durante el conflicto.
La experiencia de Willys-Overland con el Jeep militar proporcionaba una base perfecta, pero faltaba convertir aquella máquina espartana en algo más práctico para el uso en el día a día. El resultado fue el modelo 463, diseñado por Brooks Stevens y que se convirtió en el primer ‘station wagon’ estadounidense fabricado íntegramente en acero.
Parece algo baladí, pero no lo era, porque solucionaba uno de los principales problemas de los familiares de la época. Los tradicionales “woodies”, tan característicos de por aquel entonces, utilizaban grandes paneles de madera exteriores que resultaban caros de fabricar y exigían mantenimiento.
El Station Wagon, por el contrario, podía fabricarse de manera más industrial y resistía mucho mejor la humedad, los golpes y el paso del tiempo. Stevens diseñó además la carrocería pensando en las posibilidades de las prensas de acero disponibles en aquel momento, muchas de ellas utilizadas habitualmente para fabricar electrodomésticos. El resultado: una solución sencilla, pero adelantada a su tiempo.

Eso sí, aunque no estuviera hecho de madera, Jeep no quiso renunciar a su característica estética. Por eso, las primeras unidades podían incorporar una pintura de tres tonos que imitaba visualmente los paneles de los “woodies”, creando una suerte de trampantojo tras el que había una carrocería completamente metálica.
Ese punto de vista práctico y duradero también se aplicó en el interior, que era lavable y podía utilizarse tanto para transportar personas como mercancías. El portón trasero abatible, otra de sus características más notables, facilitaba la carga y terminó convirtiéndose en uno de los elementos más asociados al modelo.
En sus primeros años, la versión de lanzamiento utilizaba el motor de cuatro cilindros en línea L-134 “Go-Devil”, un propulsor de 2,2 litros derivado de la familia mecánica del Jeep militar. Posteriormente llegaron diferentes motores que fueron aumentando las prestaciones y adaptando el vehículo a nuevos usos.
Entre ellos estuvieron los seis cilindros Lightning de 148 y 161 pulgadas cúbicas, el F-134 Hurricane de cuatro cilindros, el F6-161 Hurricane y el seis cilindros de 226 pulgadas cúbicas conocido como Super Hurricane. En los últimos años de producción también apareció el seis cilindros Tornado de 230 pulgadas cúbicas.
El verdadero punto de inflexión del modelo llegó en 1949, año en el que Willys añadió la posibilidad de equipar el Station Wagon con tracción a las cuatro ruedas. Hasta entonces era fundamentalmente un vehículo familiar y comercial de gran capacidad, pero el 4x4 amplió completamente sus posibilidades.
Por primera vez, un automóvil concebido para transportar cómodamente a una familia podía enfrentarse también a caminos embarrados, terrenos agrícolas y superficies donde un turismo convencional no podía avanzar. Jeep acababa de unir dos mundos que hasta entonces habían permanecido bastante separados: el automóvil familiar y el vehículo todoterreno.
Además, el modelo fue mucho más versátil de lo que su nombre podría sugerir. Willys ofreció diferentes configuraciones comerciales, entre ellas variantes Sedan Delivery, Panel Delivery y Utility Delivery, con la parte trasera cerrada y puertas verticales. También podía transportar grandes cargas gracias a una carrocería diseñada para aprovechar al máximo el espacio interior y poder colocar objetos voluminosos que resultaban difíciles de transportar en otros familiares de la época.
El Station Wagon permaneció en producción durante casi dos décadas, hasta 1965, atravesando numerosas evoluciones mecánicas y estéticas. En total se fabricaron más de 300.000 unidades hasta 1964, una cifra que ayuda a explicar la importancia que tuvo para Willys y para la posterior evolución de Jeep.
Su concepto acabaría desembocando en modelos posteriores todavía más refinados, hasta llegar al Wagoneer de 1962, considerado uno de los grandes antepasados directos de los SUV modernos.



