Australia, contra los patinetes eléctricos y bicis. Los destruye por la misma razón que podría hacerse en España

Patinete eléctrico en Australia.
Patinete eléctrico en Australia.

Australia ha endurecido las medidas de los vehículos de movilidad personal como consecuencia de los incendios. Los patinetes son los primeros perjudicados.

Lo que comenzó como una alternativa ecológica y eficiente para evitar los atascos se ha convertido, en apenas unos años, en un desafío de seguridad pública sin precedentes. Australia, un país conocido por su rigurosidad en materia de normativas de consumo, ha decidido dar un paso al frente de manera drástica.

En un movimiento que ha sorprendido a la industria internacional, las autoridades australianas han comenzado un proceso de incautación y destrucción masiva de bicicletas y patinetes eléctricos que no cumplen con los estándares de seguridad establecidos. Esta medida no responde a un capricho regulatorio, sino a una amenaza física tangible: el riesgo extremo de incendios provocados por baterías de litio de baja calidad.

La decisión del gobierno australiano marca un punto de inflexión que resuena con fuerza en Europa, y muy especialmente en España. La razón fundamental detrás de esta "limpieza" de dispositivos es el fenómeno conocido como fuga térmica.

Incendio en un vagón del metro de Madrid por la batería de un patinete eléctrico

Este proceso ocurre cuando una celda de la batería de litio sufre un daño o un defecto de fabricación que genera un aumento incontrolado de la temperatura, provocando una reacción en cadena que termina en una explosión o un incendio prácticamente imposible de extinguir con métodos convencionales.

En Australia, el aumento de este tipo de incidentes en domicilios particulares y locales comerciales ha llevado a las autoridades a identificar miles de unidades importadas, principalmente de plataformas de venta online de bajo coste, que carecen de los sistemas de gestión de batería necesarios para garantizar la estabilidad del dispositivo.

Al destruir estas unidades, Australia está enviando un mensaje claro sobre la responsabilidad de los fabricantes y los importadores. Por ello, no se trata solo de que el vehículo circule a la velocidad permitida o de que el usuario lleve casco, sino de la integridad estructural y eléctrica del corazón del aparato.

Además, muchos de estos dispositivos destruidos presentaban modificaciones ilegales en sus celdas para ofrecer mayor autonomía o velocidad, o simplemente utilizaban componentes que no habían pasado ninguna prueba de estrés térmico. 

Esta situación ha generado una crisis de confianza que las autoridades han decidido cortar de raíz mediante la eliminación física de los productos peligrosos antes de que lleguen a manos de los consumidores o después de ser detectados en inspecciones de mercado.

¿Es la decisión de Australia aplicable a España?

Este escenario guarda un paralelismo asombroso con la situación que vive España. En nuestro país, la proliferación de patinetes y bicicletas eléctricas de procedencia dudosa ha crecido de forma exponencial en los últimos cinco años.

Hombre subido a un patinete eléctrico
Hombre subido a un patinete eléctrico

Aunque la Dirección General de Tráfico ha implementado recientemente la obligatoriedad del certificado de circulación para los Vehículos de Movilidad Personal, el mercado de segunda mano y las compras directas a países fuera de la Unión Europea siguen siendo un coladero de dispositivos potencialmente explosivos.

La legislación española, aunque progresivamente más estricta, podría verse forzada a seguir los pasos de Australia si las cifras de siniestralidad siguen en ascenso. El problema en España radica en que muchos usuarios desconocen que el cargador que utilizan o la batería que han comprado como repuesto barato en internet pueden ser los detonantes de una tragedia doméstica.

Por esta razón, a posibilidad de que el Gobierno español endurezca las inspecciones en aduanas y centros de distribución para proceder a la retirada y destrucción de estos equipos no es una idea descabellada, sino una evolución lógica de la normativa de protección al consumidor y seguridad ciudadana. 

La prioridad está dejando de ser la fluidez del tráfico para centrarse en evitar que una simple recarga en el salón de una vivienda termine en un incendio de grandes proporciones.

Así, el futuro de la movilidad eléctrica urbana depende ahora de la capacidad de las autoridades para separar el grano de la paja. Mientras Australia ejecuta su plan de limpieza técnica, el resto del mundo observa cómo un problema de ingeniería se ha convertido en una prioridad de orden público.

Es más, la pregunta no es si España terminará tomando medidas tan contundentes, sino cuándo se producirá el punto de no retorno que obligue a las administraciones a actuar con la misma determinación que sus homólogos australianos frente a la amenaza silenciosa que se oculta bajo las plataformas de miles de patinetes que recorren nuestras calles a diario.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España