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Reportaje

Motor

Hablemos de diseño: los nuevos Hyundai Tucson y Kia Sportage

Los 5 peores rivales del Kia Sportage 2022
Riesgo y recompensa.

Quien ha visto y quien ve a las marcas del Grupo Hyundai. Lo que hace menos de 20 años era sinónimo de miradas de recelo por dudas sobre la fiabilidad, dificultad para encontrar repuestos y un diseño anodino se ha convertido en modelos muy interesantes con cada vez mayor presencia en el mercado. Kia y Hyundai han experimentado una evolución notable y dos de sus últimas creaciones, Hyundai Tucson y Kia Sportage son claros ejemplos de ello.

Podríamos hablar de la mejora en términos de calidad, de como han introducido nuevas tecnologías, de la electrificación de mecánicas… pero hoy vamos a centrarnos en su imagen. En este campo la línea ha sido claramente ascendente, pero con su nueva generación han dado un salto rupturista más que patente.

VÍDEO: Hyundai Tucson VS Seat Ateca

Un pasado anodino

No hay que mirar más que a mediados de los años 2000 para ver de donde venimos y donde estamos (“started from the bottom, now we're here”, que diría Drake). En aquella época el diseño de ambos modelos era bastante anodino, propio de un SUV primigenio, con un aspecto más o menos robusto, formas marcadas aunque redondeadas y detalles propios de aquel entonces, como una parrilla bastante pequeña. Es más, no hay más que poner frente a frente una imagen del Tucson y otra del Sportage para ver su más que razonable parecido, lo que hacía que carecieran de personalidad propia.

Caminos separados

Con sus reemplazos quedo muy clara la línea a seguir: diferenciación. Sus reemplazos ya empezaron a distanciarse el uno del otro, en una clara apuesta por el diseño y es que, sin llegar a los extremos actuales, su imagen era bastante más diferenciada.

El Hyundai ganó enteros: su gran parrilla “de cascada” y los grandes grupos ópticos extendiéndose desde ella entraban por los ojos; ganó en atletismo e incluso la zaga (que suele ser uno de los puntos negros del diseño de automóviles en general) era resultona.

La misma progresión experimentó el Sportage, aunque en este caso en dos pasos: en 2014 su imagen había mejorado algo, pero seguía estando un poco a medio gas (sobre todo el frontal, que no tenía mucha pegada); pero en 2016 estableció las bases de lo que ha presentado en su nueva generación, con una parrilla ‘tiger nose’ más marcada, los faros inferiores de cuatro diodos… se desmarcó con un diseño más agresivo que el de su primo.

Un golpe sobre la mesa

Podríamos decir que las generaciones actuales son una consecución lógica de la evolución que se ha ido gestando en los últimos modelos, pero estaríamos engañándonos, al menos en parte, pues es salto que han experimentado ha sido total.

El Hyundai Tucson fue el primero en sorprender a finales de 2020. Sus formas ligeramente redondeadas han dado paso a una carrocería esculpida, con paneles de carrocería facetados que le dan un carácter más agresivo, exhiben músculo y dejan más que claras las líneas de tensión. La mayor apuesta está, por supuesto, en el frontal, donde una gigantesca parrilla directamente ha engullido los grupos ópticos, ahora integrados y formados por celdas.

Es su rasgo más distintivo, pero a que el conjunto sea tan redondo también contribuyen la línea de cintura ascendente, que le confiere un perfil mucho más atlético; el acertado marco cromado superior de las ventanas y el formato elegido para los pilotos traseros, realmente incisivo.

Habiendo sido tradicionalmente la parte “comedida” de la dupla, parecía que se había introducido en el terreno del Sportage, pero Kia ha vuelto a desmarcarse como el integrante más radical del dúo. No hay más que mirar a su frontal, con una rejilla enorme con trama de panal de abeja, tomas de aire en el paragolpes, unos llamativos faros en forma de boomerang… está claro que no va a dejar indiferente a nadie.

¿Sin riesgo no hay recompensa?

El movimiento que han seguido ambos modelos es inteligente en tan en cuanto supone una clara diferenciación y lucir una imagen que les hace destacar sobre sus rivales. Ahora bien, lo bueno que tiene una estética más neutra es que puede cuadrar a un grupo más amplio de potenciales compradores, una baza que en la actual generación hayan perdido (quizá un poco menos el Tucson). Y es que sus diseños actuales (como ya pasara en su día con el Nissan Juke) son suficientemente arriesgados como para dividir la opinión del público y que haya tanto gente que los adore como otros que los odien.

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