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Reportaje

Motor

Grandes coches que no funcionaron: Seat Toledo monovolumen

Seat Toledo monovolumen

Estuvo en producción desde 2004 hasta 2009

Con la llegada del nuevo milenio, Seat quiso darle una vuelta de tuerca a un coche que, hasta ese momento, había tenido una buena acogida y había sido un éxito en ventas. Pero la jugada salió mal, a pesar de que la idea no era mala. Este es otro de esos grandes coches que no funcionaron, el Seat Toledo monovolumen.

El Seat Toledo se convirtió en un coche importante para la marca desde la primera generación, lanzada al mercado en 1991. Fue un coche innovador en algunos aspectos: el primer Seat desarrollado bajo el paraguas del Grupo Volkswagen y la primera berlina en utilizar una carrocería con portón trasero. 

5 coches que debieron tener una mejor acogida

Además, el Toledo aprovechó el tirón de los Juegos Olímpicos de Barcelona, siendo coche oficial del evento y estrenando, incluso, una versión eléctrica (sí, en 1992), aunque con muchas limitaciones: tenía solo 20 CV y la batería pesaba 500 kilos.

Diseñado por Giugiaro en su estudio de Turín, el Toledo se consolidó como una berlina espaciosa, funcional y asequible para todos los públicos, con una excelente relación entre calidad y precio, lo que le permitió superar el millón de unidades vendidas en 1998, cuando salió la segunda generación.

La segunda generación presentaba un aspecto más moderno, basado en el Seat León, que ya había irrumpido en el mercado. Esta vez se trataba de una berlina de tres volúmenes sin portón trasero, con un maletero de 500 litros. Supuso un salto de calidad en cuanto a equipamiento y calidad de acabados.

Grandes coches que no funcionaron: Seat Toledo monovolumen

El ciclo de vida del Toledo II fue más corto y, en 2004, la marca española presentó la tercera generación de su berlina. Pero, esta vez, los directivos de Martorell quisieron hacer algo diferente. Muy diferente. Tanto que casi acaba con el modelo.

Seat decidió abandonar la carrocería clásica de una berlina de tres volúmenes para adoptar otra más cercana a un monovolumen, un segmento en el que entrarían más adelante los Seat Altea y Altea XL. 

Quizá, el motivo que llevó a los responsables del modelo a cambiar de concepto fuera que los monovolúmenes compactos gozaban de muy buena popularidad en aquellos años, todo lo contrario de lo que ocurre ahora. Y en el afán por ofrecer un vehículo cada vez más práctico y funcional, pecaron en exceso. 

Un vehículo completamente diferente

Seat Toledo monovolumen

El diseño, como en los demás modelos de la época, corrió a cargo de Walter de Silva y la idea de la marca española fue crear una berlina, partiendo de un monovolumen, el Altea. En un principio, podía parecer interesante, pero el producto no cuajó en la mentalidad del público de la época. 

El coche tenía unas formas más curvas y adoptaba el nuevo frontal del resto de modelos de la marca. Era claramente más elevado que una berlina tradicional y, seguramente, la zona más polémica era la zaga, con un diseño extraño de la luneta trasera que recordaba al Renault Vel Satis (otro fracaso).

El interior era muy espacioso y cómodo, un vehículo para devorar kilómetros y kilómetros por autovía sin despeinarse, con un enorme maletero que contaba con doble fondo. La calidad de los acabados era buena, así como el nivel de ajuste

Al principio de su comercialización, había cuatro acabados: Reference, Sport, Stylance y Sport-Up, con dos motores de gasolina, de 102 y 150 CV, y otros dos diésel, con 105 y 140 CV (los famosos 1.9 TDI y 2.0 TDI). Dese las versiones básicas, incluía ABS, ESP, TCS, seis airbags, dirección electromecánica de asistencia variable, entre otros elementos.

Dos años después de su lanzamiento, se empezaba a vislumbrar el fracaso del modelo y en Martorell intentan reaccionar, mejorando el equipamiento con faros Bi-xenón autodireccionables, sensores de lluvia y luces, sensor de presión de los neumáticos y mucho más. 

Y añade dos mecánicas más: un diésel de 170 CV y un gasolina 1.8 TSI de 180 CV. Seat lo dio todo, pero ya era imposible reflotar al Toledo.

Resultado nefasto

Seat Toledo monovolumen
El Seat Toledo sorprendía por su tacto deportivo

A nivel comercial, el Seat Toledo III fue un fracaso, con unas ventas claramente inferiores a las de las dos generaciones precedentes: en sus seis años de vida, apenas superó las 50.000 unidades en todos los mercados donde se comercializó. 

La tercera generación del Toledo supuso un palo importante para Seat, que decidió no lanzar un sustituto directo y esperó tres años para volver a producir un Toledo. La cuarta generación recuperó el formato sedán original, incluido el portón trasero, que dejaba un amplio maletero de 550 litros. 

El Seat Toledo fue un fracaso, a pesar de ser un coche muy práctico, que iba muy bien en carretera, con un comportamiento muy dinámico, como es habitual en los coches de la marca española. Sorprendía por su tacto deportivo, algo inusual en un monovolumen

Quizá el error estuvo en llamar Toledo a ese modelo, un nombre que el público tenía asociado a una berlina tradicional y eso era lo que esperaba de la tercera generación. Pero no quita que fuera un vehículo excepcional. 

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