Reportaje

Coches clásicos

Fon de Portago, el primer piloto español en Ferrari

Vicente Cano

05/12/2012 - 17:00

Alfonso de Portago, el primer piloto español en Ferrari, fue una estrella del motor hasta su trágica muerte en 1957 durante la Mille Miglia.

Si Alfonso Antonio Vicente Eduardo Ángel Blas Francisco José de Borja Cabeza de Vaca y Leighton Carvajal y Are hubiera sido anglosajón, estaríamos hartos de ver películas inspiradas en su vida y obras. El nombre completo de Fon -como era conocido en su círculo más íntimo- da una idea de la altura social del personaje. Su familia procedía de la del conquistador y descubridor de Florida, Alvar Núñez de Vaca, y tenía, entre otros títulos nobiliarios, el de marqués de Portago; y el honor de haber sido el primer piloto español de Ferrari

Pero, seguramente, el modelo idealizado que Fon de Portago siguió durante toda su vida fue el de su padre, Antonio Cabeza de Vaca y Carvajal, muerto de un paro cardíaco mientras se daba una ducha fría tras un partido de polo, su hijo contaba entonces apenas 12 años. Además de actor de cine, un gran deportista y amigo personal del rey Alfonso XIII –padrino bautismal de Alfonso-, Antonio Cabeza de Vaca fue un héroe de guerra.

Luchó del lado golpista y se dice que consiguió mandar a pique a un submarino republicano nadando hasta una de sus escotillas e introduciendo una bomba casera en su interior. Probablemente, fue este uno de los ejemplos que más inspiró a Alfonso en una vida dedicada al riesgo en la que triunfó en casi todo lo que emprendió gracias principalmente a su arrojo, cuando no temeridad. 

Fon empezó a competir como piloto, en 1953

Fon empezó a competir como piloto, en 1953 en unas carreras de Midgets celebradas en Francia, destacó de inmediato entre sus rivales.

Su madre, Olga Leighton era de nacionalidad irlandesa y había heredado una inmensa fortuna tras enviudar de su anterior esposo, uno de los fundadores del HSBC. Así, Alfonso, pasó una infancia y una juventud algo más que acomodadas entre las propiedades de que su familia disponía en España, Francia, Italia, Reino Unido y Estados Unidos.

Aunque su familia nunca estuvo mal avenida con el régimen de Franco, la falta de su padre le permitió llevar una vida bastante más liberal y sin compromisos sociales dedicada básicamente a divertirse. En el caso de Alfonso de Portago, la diversión tenía dos únicos ingredientes: el deporte y las mujeres. Siendo apenas un adolescente, Fon aprendió a pilotar aviones. Al parecer, su madre nunca le concedía las cantidades para gastos que él le solicitaba y siempre estuvo endeudado por diferentes motivos. Una de estas deudas generó la primera anécdota de las muchas que salpicaron su vida. En 1945, cuando sólo contaba 17 años, se supone que consiguió volar con un aeroplano por debajo del puente de Londres para ganar una apuesta de 500 dólares, el mito del spanish James Dean, como se le habría de denominar tras su muerte, acababa de comenzar.

Alfonso era un gran jugador de tenis y de golf aunque, durante un tiempo, su principal pasión fueron los caballos. A pesar de que su corpulencia iba en su contra, participó dos veces como en el Grand National y venció durante varios años consecutivos el campeonato francés de carreras de caballos para jockeys amateur. Fon de Portago llegó a estar considerado uno de los mejores jinetes de obstáculos del mundo, en tres temporadas logró más de cien victorias, está claro que siempre se crecía ante el riesgo que él mismo reconoció percibir como una droga.

A punto de lograr una medalla olímpica

Su gran amigo, el periodista de Wisconsin (EEUU), Edmund Nelson le descubrió el bobsleigh o bobsled en Suiza, a mediados de los años 50. Tras “un par de lecciones”, irrumpió de una manera estruendosa en el mundo de los deportes de invierno al salir despedido en una curva peligrosa a más de 100 km/h. Las burlas de sus rivales italianos y norteamericanos no hicieron sino espolear a Alfonso de Portago que se gastó todo lo que tenía en comprar dos nuevos bobsleigh –a mil dólares de la época la pieza- y se marchó a Madrid para reclutar a alguno de sus parientes y que le ayudara entrenarse para competir.

Justo dos semanas después, en 1956, Fon de Portago estaba listo para tomar parte en los Juegos Olímpicos de Invierno, en Cortina d’Ampezzo, junto a su primo Vicente Sartorius. Su más que digna actuación estuvo a punto de representar la primera medalla para el deporte español en este evento ya que consiguieron la cuarta plaza, a sólo 17 milésimas del equipo de EEUU. Fon ya era por entonces uno de los pilotos de carreras más famosos del mundo y esta hazaña no hizo sino aumentar su popularidad en España y fuera de ella, hasta el punto de que llegaría a ser el primer piloto español de la mítica escudería Ferrari.

El estilo de Alfonso y el magnetismo de su personalidad lo convirtieron en una estrella del motor, con una ficha anual en Ferrari de 40.000 dólares,

El estilo de Alfonso y el magnetismo de su personalidad lo convirtieron en una estrella del motor, con una ficha anual en Ferrari de 40.000 dólares.

En lo que a su vida personal se refiere, Alfonso de Portago se había casado en 1949, con Carroll McDaniel. Con ella tuvo dos hijos: Andrea y Anthony. Sólo hubo una cosa a la que Alfonso pusiera más pasión todavía que en la competición, las mujeres hermosas. Su propia esposa, a pesar de pertenecer a una familia aristócrata, había sido bailarina en Las Vegas durante un tiempo. Alfonso tenía un magnetismo especial para las mujeres, a quienes despistaba con su aspecto desaliñado, su eterna chaqueta de cuero y la barba sin afeitar, que envolvían a una persona de pocas palabras pero muy decidida y con unos modales exquisitos. Muchos se sorprendían cuando veían a aquél hombre que no tenía ningún problema en echarse a dormir sobre el banco de un parque, sacar su tarjeta de visita ribeteada en oro en la que figuraban sus dos direcciones de París y Nueva York.

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Carrol, todavía viva, sigue ocupando el mismo apartamento en el que vivió Alfonso, situado en el número 1030 de la 5a Avenida, en el que tiene como vecino, entre otros, a Rupert Murdoch. Fon de Portago no debió pasar demasiado tiempo allí. Durante los años de su matrimonio tuvo decenas de aventuras aunque hubo dos que fueron no sólo públicas sino publicadas por la notoriedad de los personajes.

Alfonso sostuvo una relación con Dorian Leigh, diez años mayor que él y considerada la primera top model de la historia, quien le dio un hijo: Kim Blas Parker terminaría suicidándose a la edad de 20 años, tras sufrir repetidos problemas con las drogas. Aunque, quizá, fuera todavía más sonado el romance que mantuvo simultáneamente con Linda Christian, ex mujer del actor Tyron Power. Esta actriz de origen mexicano fue la primera chica Bond, un hecho por el que pasará a la posteridad además de por ser la madre de la cantante italiana Romina Power y por haber protagonizado el beso más trágico y premonitorio de la historia del automovilismo. 

 En 1956, Portago y su amigo Nelson consiguieron la victoria con un Ferrari 250 GT y lo festejaron por todo lo grande.

 En 1956, Portago y su amigo Nelson consiguieron la victoria con un Ferrari 250 GT y lo festejaron por todo lo grande.

Alfonso había mostrado siempre interés por los coches aunque no fue hasta 1953 y, de nuevo, de la mano de su inseparable Edmund que se inició en la competición. Nelson organizó unas carreras de Midgets en Francia. De Portago tomó parte y desde ese momento se enganchó a la velocidad.

Poco después, habría de conocer al importador de Ferrari en EEUU, Luigi Chinetti. Este personaje clave para la historia de la marca italiana en ese país actuaría a modo de manager en la fulgurante carrera del piloto y aristócrata español. En enero de 1954, participó en los 1.000 km de Buenos Aires con un Ferrari Sport donde quedó segundo gracias a la gran actuación de su compañero Harry Shell.

Fon se dio cuenta entonces que tendría que trabajar para mejorar y para practicar adquirió un Maserati de dos litros. Cuando, unos meses después, consiguió la victoria en GP de Metz y en la Nassau Speed Week, su nombre empezó a sonar. Su estilo de conducción no gustaba a sus rivales, a quienes se iba quitando del camino a empujones. Pronto se hizo famoso por terminar todas las carreras con el coche el morro de su Ferrari aplastado. Las que conseguía terminar porque la fama que Fon de Portago alcanzó también se debió a una espectacular colección de accidentes. Quizá, la fortuna que tuvo al librarse indemne en la mayoría de ellos acrecentó demasiado su confianza y afectó a su medida del riesgo.

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El primero de sus percances serios sucedió en Nürburgring; en Silverstone, en 1956, rompió una pierna cuando se estrelló con su Osca. En 1956, cumplió su sueño y recibió la invitación para unirse a Ferrari. Se estrenó en el GP de Silverstone con una increíble segunda plaza y, al año siguiente, consiguió acabar quinto en el GP de Argentina. Sin embargo, su actuación más memorable fue en el GP de Cuba, en 1957, donde un fallo mecánico le privó de la victoria.

Incomprensiblemente, a mitad de temporada, su equipo le obliga a correr la Mille Miglia, cuyo destino sellaría para siempre el accidente del coche número 531. Años atrás, Mussolini había suspendido la prueba tras otro suceso trágico. Además de las de Alfonso de Portago y Edmund Nelson, el Ferrari 335-S que se llevó las vidas de nueve espectadores. Algunos medios hablaron de hasta doce, aunque la mayor conmoción se generó porque entre ellos había cinco niños pequeños y también por la enorme popularidad del que fue el primer piloto español de Ferrari.

Alfonso y Juan Manuel Fangio, dos grandes amigos, vivieron su máximo momento de rivalidad en el mítico Gran Premio de Cuba, a comienzos de 1957

Alfonso y Juan Fangio, grandes amigos, vivieron su máximo momento de rivalidad en el GP de Cuba de 1957.

Después de más de 10 horas de prueba y a falta sólo de unos 10 minutos –restaban apenas 39 kilómetros-, Alfonso marchaba cuarto aunque tenía el 250 GT de Gendebien a cinco segundos. A pesar de que su vehículo comenzó a tener problemas en el motor y que no había demostrado demasiado interés en la carrera, el carácter del piloto español de Ferrari le impedía dar su brazo a torcer.

Entre Gioto y Guidizzolo, a la altura de Corte Coloma, hay una amplia curva a derechas en ligera pendiente. Seguramente, la afrontó reduciendo una marcha para después acelerar a fondo en la salida. Según muchos testigos, el neumático delantero del coche 531 reventó, lo que produjo que comenzase a dar bandazos hasta que impactó contra un guardarraíl que hizo de rampa.

La especialidad de Fon eran las pruebas de resistencia aunque no desdeñaba una siesta siempre que había ocasión.

La especialidad de Fon eran las pruebas de resistencia aunque no desdeñaba una siesta siempre que había ocasión.

Fon de Portago y su Ferrari volaron unas decenas de metros, un poste de telégrafo seccionó en dos a vehículo y piloto, una de las mitades fue a parar contra un grupo de espectadores y la rueda y el depósito de combustible, desprendidos, también causaron alguna de las víctimas al otro lado de la carretera. A lo largo de 260 metros de pendiente, la distancia que recorrió el coche hasta detenerse, había quedado 11 cuerpos sin vida y otros 30 heridos.

Entre la conmoción de los días después surgieron rápidamente los dedos apuntando hacia la figura de Enzo Ferrari. Se dijo que el coche que conducía Portago no estaba todavía preparado para la competición en la que fue la primera gran campaña dirigida contra el comendatore por su particular modo de relacionarse con sus empleados. “Asesino de pilotos” se le llegó a llamar durante un famoso proceso judicial que se siguió contra Ferrari y Engelbert, el fabricante de los neumáticos. Durante el juicio se conocieron, con todo lujo de detalles, los pormenores de los últimos momentos de Fon de Portago que revelan hasta qué punto parecía inevitable su destino.

El coche, tras impactar contra un guardarraíl, voló unas decenas de metros para dar luego muchas vueltas de campana.

El coche de Portago, tras impactar contra un guardarraíl, voló unas decenas de metros para dar luego muchas vueltas de campana.

Una serie de detalles, quizá vistos con la perspectiva de conocer el final, parecen indicar que el primer piloto español de Ferrari podría haber intuido su cercano final y que incluso lo abrazó sin tratar de evitarlo. En la última inspección entre tramos, uno de los mecánicos se percató de que el brazo de la rueda delantera izquierda se había roto y el chasis estaba rozando la rueda.

“Aguantará, siempre aguantan”, fue la única contestación que le dio Alfonso. En el tramo anterior, mientras se jugaba la vida para arañar segundos, detuvo incomprensiblemente su coche mientras atravesaba Roma. Había visto entre la multitud a su pareja, Linda Christian y, haciendo honor a su ideal de vida, decidió parar para dar el último beso del que disfrutaría. La prensa italiana llamó al momento el “beso de la muerte”.

Carta premonitoria

A su amigo Bitito Mieres

 Alfonso envió esta carta a su amigo y piloto argentino, Roberto (Bitito) Mieres.

Alfonso de Portago envió esta carta a su amigo y piloto argentino, Roberto (Bitito) Mieres. En ella desgrana con alguna fanfarronada de por medio varios detalles de su situación familiar y profesional como piloto de Ferrari. Al contrario de lo que muchos afirman, parece que en aquel momento su situación dentro de la escudería no era todo lo buena que él hubiera deseado.  Parece que no le gustaba la idea de competir con uno de los nuevos Ferrari de 4.000 cc.

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