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Prueba

A bordo

Reto: casi 1.000 km en un Clase C sin tocar los pedales

Reto: casi 1.000 km en un Clase C sin tocar los pedales

Casi 1.000 kilómetros sin tocar los pedales. Y prácticamente sin tocar el volante. ¿Lo mejor? ¡En un coche de serie! Afrontamos el reto en un Clase C

El recorrido: desde Flensburg, en la frontera con Dinamarca, hasta Füssen, justo antes de Austria. La distancia: 965 kilómetros exactos. La autovía: A7, Alemania de norte a sur en poco más de nueve horas. 

El miedo suele habitar en el asiento del copiloto

¿Por qué se me ha ocurrido hacer algo así? Porque quería comprobar si el Mercedes C220 BlueTec con el sistema Autopilot se puede realmente conducir sin tocar los pedales. Dar gas, frenar… ¿Puede hacerlo solo el coche en modo Distronic Plus? ¿Y de qué es capaz el asistente de la dirección? Mejor comprobarlo sin acompañante, que le puede dar un patatús.

Clase C autonomo

A las siete de la mañana, parto de una lugar cercano a la frontera danesa. Me he tomado dos panecillos para desayunar, pero no he bebido casi nada. No quiero tener que parar para vaciar la vejiga. Se trata de no pisar el freno... Por eso el día anterior me he tomado casi cuatro litros de agua. Acaricio el pedal del acelerador levemente y entra en acción el Tempomat. Previamente he recorrido 1.900 kilómetros de prueba para coger confianza absoluta con el coche. 

En atascos, el coche hace el trabajo sucio

Clase C autonomo exterior

Una regla: aunque no haya límite de velocidad, no pasar nunca de 140 km/h, incluso con tráfico escaso. Eso me da tiempo suficiente para reducir la velocidad con la palanca del Distronic. Al mismo tiempo, controlo las salidas con el navegador. Y es que tengo que tener cuidado con los coches que se incorporan por la derecha. En el tramo hasta Hamburgo, mi conducción se asemeja a una partida de ajedrez. Todo el rato intento prever cómo serán las siguientes reacciones del resto de los conductores. 

Llego al primer atasco. Retenciones a lo largo de ocho kilómetros. Estoy en hora punta, en esas situaciones en que tienes que frenar, reanudar y girar levemente una y otra vez. El Mercedes hace el trabajo por mí. 

¡Qué relajación! Tengo las manos libres para un segundo desayuno. Me como un plátano y dejo el resto apoyados sobre el volante. Quiero engañar al sensor que hay ubicado en el cuentarrevoluciones que registra los pequeños movimientos de giro para reconocer si las manos están al volante. En caso negativo, te avisa por un indicador luminoso y al rato, por un aviso acústico.

Clase C autonomo platanos

Si el coche no está bajo el control humano el asistente de dirección se desconecta. Esto pasa antes si vas a velocidad elevada, más tarde si conduces despacio… ¡Y nunca si lo engañas con fruta! De manera que durante unos minutos el Mercedes se va controlado exclusivamente por un racimo de plátanos. Por supuesto, esto es un experimentos y al mismo tiempo un absoluto abuso de este sistema. ¡Por favor, nunca me imitéis! Porque el verdadero papel de este sistema es corregir la dirección al conductor ante un imprevisto, igual que haría un copiloto que estuviera atento al tráfico. 

En los cruces de autovía, la tecnología encuentra sus límites

Observo con atención el tráfico y la instrumentación, listo para tomar el control en cualquier momento. Mientras observo la cáscara de plátano pienso en las palabras del ingeniero de Mercedes, Christoph von Hugo: “Apuesto a que en unos 10 años los coches circularán de forma totalmente autónoma, al menos en autovías”, me dijo en una ocasión. Pero en el primer cruce rodando hacia el sudoeste de Hamburgo no me queda más remedio que reaccionar: ¡Manos al volante! Casi me paso el desvío a Hannover. “Pensaba que la A7 era todo el rato recto”, me digo en voz alta. Por supuesto, una vez que hago el giro, conecto de nuevo el modo Pilot. Dos cámaras controlan en todo momento las líneas de la carretera y los otros vehículos. Y así logra el asistente de la dirección mantener la trayectoria con un ligero giro.

El Mercedes se conoce parte del código de circulación

Clase C autonomo codigo

A veces, el Mercedes oscila entre línea y línea de la carretera. Me recuerda en parte a una bola de billar rebotando entre bandas. Pero en el fondo, se debe a que el Mercedes controla parte del código de circulación y, por ejemplo, no adelanta a más de la velocidad permitida en ciertos tramos. Cerca de Hannover, aparece de pronto un saco en mitad de la carretera. Lo sorteo tomando el control del volante, mediante un leve giro. A la altura de Kassel las curvas se vuelven más cerradas, y el asistente de la dirección encuentra sus límites. En radios especialmente pequeños, incluso entra a corregir el ESP. 

Y llego a una zona de obras. Líneas blancas se mezclan con otras amarillas. ¿Cómo reaccionará ante esto el modo automático de conducción? Muy sencillo: en caso de duda, se desconecta. Y en muchos casos si ya está oscureciendo, puesto que las cámaras estereostópicas funcionan mucho mejor con claridad.

Si lo dejas a su aire, es menos glotón

Clase C autonomo gafas

A la altura de Heidenheim, me encuentro el segundo atasco. Escucho en la radio que un camión se ha cruzado un poco más adelante, pero, ¿en qué carril? El radar se fija en el BMW Serie 5 que tengo delante de mí, y sigue su misma trayectoria. Tras 45 minutos llegamos al lugar del accidente. El carril de la izquierda está totalmente bloqueado. Se produce el temido efecto acordeón en la hilera de coches que circulamos, un camión pide paso pero el sistema sigue siguiendo al BMW, así que debo pisar el pedal del freno… Por primera vez en 800 kilómetros. Es una situación excesiva para el sistema autónomo del Mercedes. Sobre las 16.00, a la derecha de la autovía emergen los Alpes. ¡Por fin veo Füssen y sus tejados nevados! Y llega la pregunta: ¿cuánto he consumido? Lo compruebo y no puedo evitar una mueca de sorpresa: solo 5,5 litros cada 100 kilómetros de media. 

Y para finalizar, os tengo que confesar un secretillo. Tuve que frenar en otra ocasión: cuando vi un flash a un lado de la autovía, y aunque sabía que no iba más rápido de lo permitido en este tramo, mis reflejos fueron más rápidos que mi mente… Algo que, sea como sea, resulta tranquilizador incluso en conducción autónoma. 

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