He conducido el Mini John Cooper Works eléctrico y de gasolina: ¿cuál es mejor?

He conducido el Mini John Cooper Works eléctrico y de gasolina, las dos caras de este icónico compacto deportivo. ¿Cuál de los dos ofrece mejores sensaciones?

Las versiones John Cooper Works de los eléctricos de Mini se desvelaron el año pasado, pero ¿son realmente dignas de esa denominación? Al fin y al cabo, hablamos del título que reciben los modelos más deportivos de la marca. Por ello, he conducido el Mini John Cooper Works eléctrico y de gasolina: ¿cuál es mejor?

Si bien la gama del fabricante británico ha crecido desde que pasó a formar parte de BMW hace más de dos décadas, el coche con el que más es identificada es el modelo de tres puertas, conocido como Cooper durante años. Es su modelo estrella, y aunque sigue presente en formato de combustión, ahora es posible encontrarlo como coche eléctrico.

Ahora también es así en el caso de su versión más prestacional, el Mini John Cooper Works. Como sucede en las variantes convencionales de este compacto, ambas son muy similares a simple vista, aunque hay algunas diferencias que permiten identificarlos.

Un rasgo claro es la parrilla, que aparece tapada en el modelo de baterías. Además, este último presenta unas formas más suaves, con unos paragolpes sin unas entradas de aire laterales grandes como las del gasolina y una trasera con un difusor más simplificado, en la que obviamente no encontramos la salida de escape central que sí tiene el modelo térmico.

Aun así, ambos coches hacen gala de un aspecto más deportivo que el de las configuraciones más accesibles de la gama. Los detalles en rojo no faltan, así como las insignias JCW y elementos como unas llantas con diseños más atractivos de tamaños de 17” y 18”. Tras ellas se sitúan unos frenos con discos ventilados y pinzas de un pistón.

En cuanto al interior del John Cooper Works, tanto en la versión eléctrica como en la térmica encontramos un ambiente muy similar. Como es habitual en los nuevos modelos de Mini, hay un enfoque minimalista, con un salpicadero con recubrimiento textil y detalles en rojo, un volante de aro grueso y una pantalla central OLED de 24” que hace de cuadro de instrumentos e infoentretenimiento.

Esta única pantalla permite despejar el salpicadero y puede contar con varias estéticas, como en los Mini 3 Puertas convencionales. Hay además un modo JCW más deportivo, el cual se presenta con tonos negros, blancos y rojos para mostrar información relativa al rendimiento del coche.

Independientemente de la mecánica escogida, esto no varía y lo cierto es que los habitáculos de ambos modelos son muy similares. Cambian elementos como los asientos, eso sí, que son más convencionales y cómodos en la versión de baterías, mientras que los del de combustión tienen un estilo de semi-bucket. Además, la consola central está más despejada en el BEV.

231 CV en el gasolina y 258 CV en el eléctrico

En el caso del motor del Mini JCW de combustión, bajo el capó se sitúa un bloque de cuatro cilindros TwinPower Turbo de 2 litros con 231 CV de potencia y 380 Nm de par. Asociado a un cambio automático de siete relaciones, permite firmar un paso de 0 a 100 km/h en 6,1 segundos y una velocidad máxima de 250 km/h.

Por otra parte, el JCW eléctrico cuenta con un motor delantero que rinde una potencia de 258 CV y 350 Nm de par. El peso es mayor, con 1.655 kg frente a 1.330 kg del modelo de combustión, pero el paso de 0 a 100 km/h se realiza en 5,9 segundos. La velocidad máxima, eso sí, está limitada a 200 km/h.

Junto a esto, esta variante monta una batería de iones de litio de 49,2 kWh netos, la cual se puede cargar a 11 kW en AC y a 95 kw en CC, lo que le permite pasar del 10% al 80% en 30 minutos. Sobre la automomía, es posible llegar a 371 km con un consumo homologado de entre 15,3 y 15,6 kWh/100 km.

¿Cómo se comportan?

Lo que se espera de la experiencia de conducir el Mini John Cooper Works es un comportamiento ágil, un tacto de conducción deportivo y un sonido agradable. Se podría decir que dos de estas cualidades las cumplen ambas mecánicas, pero a diferentes niveles.

En el caso del modelo de gasolina, la entrega de potencia es inmediata, con un pedal del acelerador muy reactivo y un empuje decidido, si bien no es extremo. Aun así, tienes lo que necesitas y todo se acompaña de unos frenos con un tacto de pedal firme que se muestran efectivos desde el primer momento, así como de una dirección poco desmultiplicada que responde con precisión.

Si bien podría transmitir más información a través del volante, esto permite disfrutar de una conducción muy ágil en carreteras de curvas, especialmente con una suspensión firme que logra mantener la estabilidad incluso en giros más pronunciados a mayor velocidad. Como la propia marca señala, el tacto es muy “de kart”, aunque ello penaliza el confort de marcha.

Si ya has conducido un Mini, no te sorprenderá, pero la suspensión tiene un tarado más bien duro y seco, lo que hace que conducir durante periodos prolongados y en carreteras bacheadas no sea tan cómodo. Para un uso diario, hay opciones mejores, aunque en conducción deportiva sí es algo positivo.

En cualquier caso, ahora es posible optar por el John Cooper Works eléctrico, que se muestra en lo general más suave que su hermano de gasolina. En general, el tacto no es tan deportivo, aunque cuenta con cualidades para disfrutar igualmente en carreteras reviradas.

La suspensión es más permisiva y filtra mejor los baches, si bien sigue siendo firme, lo que hace que la comodidad sea mayor a bordo. Asimismo, los asientos son más blandos y la conducción es más cercana a la de un coche eléctrico convencional, con una dirección algo menos reactiva y más suave, así como con un freno con un tacto de pedal más esponjoso.

En comparación con el JCW térmico, las sensaciones de conducción están más diluidas, si bien sigue siendo un compacto deportivo capaz de moverse con mucha agilidad y diversión. Además, la entrega de potencia es más contundente, por la mayor fuerza de esta versión y por la inmediatez que ofrece la propulsión eléctrica.

Esa fuerza la puedes tener también en el modo ‘Boost’, disponible en ambos modelos al ejercer una presión larga sobre la leva izquierda del volante. En el modelo térmico no tiene tanto sentido, ya que puedes solo pisar a fondo para tener el mismo efecto; en el eléctrico, se nota una mayor respuesta y todo se acompaña de un sonido simulado propio de una nave espacial.

Hablando de sonidos, es obvio que el modelo de baterías lo simula y ofrece varios tonos en función del modo de experiencia (que cambia parámetros de conducción y la estética de la pantalla también) escogido. Te gustará más o menos, pero es un toque interesante. El modelo de gasolina, sin embargo, tiene un sonido real pero muy disimulado. Quizás demasiado.

Es posible que las restricciones hayan hecho que el sonido del Mini John Cooper Works térmico ya no sea tan evidente, lo que es una pena. Sin embargo, sigue siendo un genial compacto deportivo que ofrece un comportamiento ágil y divertido que pocos pueden igualar. Si eso es lo que buscas, esta es tu elección y también sería la mía, ya que es lo más cercano a lo que debe ser un Mini deportivo.

Por otro lado, el JCW eléctrico es más adecuado para el público general que quiere un coche de diario con ciertos rasgos deportivos. No es tan puro como su hermano térmico, pero sí más divertido que muchos BEV cuando quieres exprimir sus cualidades, mientras que puede ser un coche de diario razonablemente cómodo para un uso habitual.

¿Cuánto cuestan?

El modelo de gasolina te llevará más lejos y con un tacto más deportivo, mientras que el eléctrico es más civilizado y seguirá ofreciéndote diversión al volante. Cuál es mejor depende de tus necesidades y gustos, así como la cantidad que tendrás que pagar por ellos también determinará por cuál te podrías decantar.

En el caso del precio del Mini John Cooper Works de gasolina, te costará 39.405 euros en estos momentos o 43.905 euros si quieres el Cabrio. El eléctrico, por su parte, aumenta a 41.835 euros.

Valoración

Nota 8

Tanto en la versión térmica como en la eléctrica, el Mini John Cooper Works es una gran alternativa para aquellos que busquen un coche deportivo de dimensiones contenidas para disfrutar en carreteras de curvas. El gasolina mantiene la esencia, aunque ahora es más silencioso; el eléctrico es más suave, pero también te puede divertir.

Lo mejor

La agilidad que demuestran ambas versiones, el aspecto deportivo propio de un John Cooper Works y el tacto de conducción.

Lo peor

Algunos plásticos del interior, el sonido muy disimulado del modelo térmico y la falta de un tacto más deportivo en el eléctrico.

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Sergio Ríos

Redactor

Sergio Ríos es Redactor de Auto Bild y Top Gear. Prueba todo tipo de coches, escribe artículos y graba contenido para redes sociales. Por un friki del motor, para los frikis del motor

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