Prueba del Jaguar E-Type Lightweight: el coche más bonito de la Historia

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La unidad de pruebas es una de las más exclusivas puesto que solo se hicieron dos con los apellidos Lightweight y Lowdrag (ligero y con baja resistencia al aire).
El felino sobre ruedas más famoso acaba de cumplir medio siglo de vida: en todo este tiempo no ha perdido ni un ápice de sus artes de seducción. Su estreno en 1961 fue una auténtica bomba: era exótico, veloz, avanzado… y muy económico. Un auténtico asesino a sueldo de Ferrari: en Inglaterra salía más barato que un Porsche 356.
Hoy en día te sigue dejando sin aliento, sobre todo las versiones como esta que llevan las palabras claves Lightweight y Lowdrag. Si es verdad que el E-Type es el Jaguar más bonito de todos los tiempos, entonces esta versión de carreras debe ser el E-Type más excitante de la Historia. Gracias a su escaso peso y a su baja resistencia al aire (eso es lo que quiere decir Lowdrag), este coche está hecho para batir sobre la pista a los Ferrari 250 GTO de la clase GT.
Si en la temporada 1963/64 no lo consiguieron, quizás fue culpa del modus operandi tan especial del proyecto. Phil Weavers, encargado del montaje de la carrocería de aluminio, asegura que “las cosas siempre surgían de la misma manera: alguien empezaba a hablar del tema durante la comida, otro cogía una servilleta y un lápiz y se ponía a dibujar un nuevo detalle”.

Se fabricaron 12 Lightweights, pero solo dos llevaban una carrocería Lowdrag. Sin embargo, uno de ellos arrastra una triste historia: en 1964 el piloto alemán de Jaguar Peter Lindner, tremendamente querido y exitoso, chocó en la pista de Monthléry con un Abarth que estaba cruzado en mitad del asfalto. Murieron dos pilotos y tres trabajadores y el E-Type quedó destrozado.
Su recuerdo sigue hoy en día con nosotros en forma de reencarnación del Lightweight de Lindner. Ya no es plateado, sino gris gunmetal, pero es absolutamente fiel al original. Como un caballero de época legendaria, lleva una estrecha mirilla y una armadura aerodinámica y, gracias a ella, debería ofrecerle un 16% menos de resistencia al viento que un E-Type normal y corriente. Cuando pisas el acelerador, no hay quien lo pare. “A 260 km/h la cosa se vuelve incómoda”, reconoce su dueño, que corre en carreras de coches clásicos.
Lleva un seis cilindros de 3,8 litros, bloque de aluminio, una culata especial y 350 caballos mueven sus 940 kilos. Si intentas meterte por alguna de sus diminutas puertas, más vale que te lo pienses bien antes, porque hay que introducir los pies con mucho cuidado.
La posición de asiento es muy baja, mucho más profunda que un E-Type de serie, delante llevas el clásico salpicadero con los indicadores y frente a ti un capó que parece no tener fin.
Arranca con fuerza, el embrague está duro y su caja de cambios de cinco marchas ZF monta unos desarrollos lógicos y suena metálica: por algo es la original. El sonido es intenso, pero no resulta desagradable.
¿Es un gatito o una fiera? La respuesta la tienes en cuanto aprietas el acelerador: a 3.000 vueltas, el Jaguar se lanza a por todas como una auténtica fiera. Con un empuje al más puro estilo Porsche GT3, el Lightweight se pone de 0 a 100 km/h en algo más de cuatro segundos. Una aceleración brutal.

En la pista no ha perdido su carácter de bulldog y no necesita llegar a las 6.000 rpm para estar a plena potencia. Al contrario que en los V12 de otros rivales italianos, aquí no hay gritos ensordecedores, sino roncos bramidos que recuerdan a los viejos cazas de guerra.
El nervio propio de los grandes bólidos no le resulta ajeno y este E-Type Lightweight reacciona con dureza y atiende a las órdenes de un modo absolutamente disciplinado. Calzado con sus ruedas Dunlop clásicas, solo al límite la zaga se te va de las manos, pero basta un movimiento preciso con el volante para devolverle la trayectoria.
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Es igual que los grandes héroes, aquellos que una vez volaron con sus Jaguar E-Type a 270 km/h por las rectas de Le Mans sin temerle a nada. En comparación con aquellos coches manojos de nervios, conducir un Jaguar de los de ahora les debe parecer a aquellos pilotos tan excitante como ver la tele en el sofá de casa. Cincuenta años marcan la diferencia.

* Esta prueba fue publicada en el número Nº 292 (1 julio 2011) de la revista AUTO BILD