Parece de serie de Netflix y es una realidad. En esta ciudad del mundo solo se puede entrar con coches diésel

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Lo creas o no, existe una ciudad en Estados Unidos donde solo está permitido conducir coches diésel. Además, estos deben ser antiguos, anteriores a los años ’70. Te contamos todo acerca de la Quiet Zone y el motivo por el que existe esta curiosa restricción en los coches.

Mientras en España el mercado del automóvil está expulsando lenta, pero eficazmente, a los coches diésel tanto de la oferta de vehículos nuevos como del centro de las grandes ciudades, como es el caso de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), en otras regiones del planeta sigue siendo la opción más popular entre los compradores.

Y luego hay casos muy curiosos como esta ciudad norteamericana donde solo se puede entrar con coches diésel. Sí, has leído bien. Los coches eléctricos, híbridos y de gasolina están vetados. Además, tampoco es posible entrar a ella si conduces un diésel moderno, siendo los únicos permitidos los más antiguos, anteriores a la década de 1970.

En esta zona solo se puede acceder en coche si es un diésel antiguo

Hablamos de Virginia Occidental, en Estados Unidos, donde existe una región con 34.000 km2 de superficie conocida como Quiet Zone. En esta área existe restricciones a las redes móviles, el Wi-Fi y cualquier otro elemento tecnológico y electrodoméstico que pueda causar interferencias de radio.

El gobierno de Estados Unidos prohibió el uso de cualquier frecuencia de radio en la Quiet Zone en el año 1958. El motivo no es otro que impedir que las investigaciones científicas y de defensa que se realizan en esta zona vean alterados sus resultados por este tipo de interferencias.

En ese lugar se encuentra el mayor radiotelescopio giratorio del mundo con el que se puede observar el universo. Pertenece al Observatorio de Green Bank, ubicado en unas instalaciones gubernamentales situadas en el centro de la National Radio Quiet Zone, lo que obligó a establecer restricciones en un radio de unos 30 kilómetros alrededor del observatorio.

Y hablando de coches, los únicos que pueden acceder a este radio de exclusión son los que están equipados con motores diésel. La razón se debe a la forma en la que estos propulsores hacen detonar el combustible, ya que, a diferencia de los coches de gasolina, no emplea una chispa provocada por una bujía, sino que lo consiguen comprimiendo el carburante con el pistón dentro del cilindro.

Algo tan inofensivo como la chispa provocada por una bujía puede crear interferencias en el radiotelescopio. A esto se suma el hecho de que los coches diésel que pueden acceder deben ser anteriores a los años ’70, cuando la inyección de combustible era mecánica y no mediante un sistema electrónico.

Fuera de la Quiet Zone no existen tantas restricciones

Fuera del radio de exclusión del observatorio, las restricciones no son tan estrictas y los conductores pueden desplazarse con todo tipo de vehículos, incluyendo coches eléctricos. De hecho, en las oficinas del observatorio incluso hay puntos de recarga públicos para cargar sus baterías.

Una vez los coches diésel antiguos no puedan seguir operando por cuestiones mecánicas o de suministro de recambios, cualquier acceso a la Quiet Zone se hará con otro vehículo después de haber desconectado los sensores y los sistemas del radiotelescopio. Mientras tanto, los encargados del observatorio seguirán conduciendo coches diésel antiguos que, por el momento, no piensan renovar.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España