Ni subida del petróleo ni cierre del estrecho de Ormuz, por qué a nadie le interesa llegar a esa situación

Tras el ataque de Estados Unidos a Irán, ¿por qué no subió el petróleo ni se cerró el estrecho de Ormuz? Te explicamos por qué a nadie le interesa ese escenario.

Hace justo una semana había una preocupación máxima ante la posibilidad de que Irán cerrara el estrecho de Ormuz y las graves consecuencias que ello podría provocar en el precio del petróleo. Finalmente, todo se ha clamado (de momento). La realidad es que a nadie le interesa esa situación.

El ataque de Estados Unidos a varias instalaciones estratégicas iraníes el pasado 22 de junio aumentó la tensión en Oriente Próximo hasta unos niveles desconocidos en los últimos años y muchos pensaron que un conflicto global estaba más cerca que nunca de producirse.

Aparte de las consecuencias que implica una guerra entre países que tienen armas nucleares (Irán no tiene, pero sus aliados sí), un escenario como este provocaría graves daños para la economía de buena parte del planeta.

Son muchos los intereses que se entrecruzan en esa parte del mundo, por eso nadie quiere que se cierre el estrecho de Ormuz ni que el precio del petróleo suba a niveles que harían temblar a muchos estados (y sus gobiernos).

Una guerra más propia de Gila

Después de contener la respiración al pensar que Estados Unidos entraba en guerra contra Irán, en apoyo de Israel, a lo largo de la semana pasada hemos conocido los detalles de aquel ataque y la respuesta posterior de Teherán.

La realidad es que hemos asistido a una verdadera comedia, una Guerra de los 12 días (como ya se la ha bautizado) más propia del gran Gila, con una cumbre de la OTAN en medio que ha servido de entreacto.

Poco después del bombardeo de los objetivos por parte de Estados Unidos, Donald Trump salió a decir que la operación había sido un éxito. Sin embargo, en las horas y días posteriores fuimos sabiendo que los daños habían sido menores

Luego Irán respondió, bombardeando una base estadounidense en Qatar. En ningún caso hubo que lamentar víctimas mortales. No podía haberlas, ya que ambos ataques se anunciaron con antelación para evacuar las instalaciones y minimizar los daños.

Es decir, Estados Unidos avisó previamente a Irán y viceversa. ¿Por qué? Porque Israel quería ir más allá y derrocar el gobierno iraní, igual que parte del establishment norteamericano, pero Trump no.

Quienes diseñaron el ataque a Irán sabían que no surtiría el efecto deseado. Esto es, destruir las instalaciones de Fordow, a unos 90 metros de profundidad, donde supuestamente, el gobierno de Teherán fabrica sus armas nucleares.

Como el bombardeo sería insuficiente, la operación requeriría una segunda parte: invadir el país persa con tropas. Y esto Trump no lo quería. Así que, para contentar “a los suyos” y a Israel, llegó a un acuerdo con el gobierno iraní: yo te lanzo unas bombas y tú me respondes, pero sin hacernos mucha pupa.

Por tanto, el ataque de Estados Unidos sirvió para detener, por el momento, la guerra entre Israel e Irán iniciada el pasado 12 de junio.

No pasó nada

La prueba del algodón que demuestra que todo era un montaje es que, al día siguiente, los mercados estaban tranquilos. Normalmente, la bolsa es un indicativo muy fiable para medir el estado de las cosas y no se produjeron caídas.

Es verdad que el petróleo subió durante las primeras horas de la madrugada del lunes siguiente al ataque, pero no tardó mucho en estabilizarse.

En concreto, cuando los mercados abrieron, el crudo de Brent, la referencia en Europa, subió casi un 6% hasta alcanzar su máximo en cinco meses, por encima de los 78 dólares por barril. Sin embargo, posteriormente bajó un 7,18%. 

Por su parte, el West Texas, de referencia estadounidense, bajó un 7,2%, hasta los 68,51 dólares. Al final, el Brent estuvo toda la semana en el entorno de los 64-66 dólares. Es decir, no pasó nada. En el momento de escribir estas líneas, el barril se paga a 66,62 dólares.

A nadie interesa cerrar el estrecho de Ormuz

No pasó nada, porque ninguno de los actores quería que pasara nada. El parlamento iraní votó a favor de cerrar el estrecho de Ormuz, que era lo que más preocupaba a muchos países, porque por aquí pasa entre el 20 y el 25% del petróleo que se consume en todo el mundo, así como alrededor del 30% del gas

Hablamos de una media de 13 buques cisterna que transitan al día, transportando más de 15 millones de barriles de crudo. Pero la última palabra la tenía el Consejo Superior de Seguridad Nacional iraní y no cerró el paso.

Aquí es donde se entrecruzan los intereses de muchos países y empresas de todo el mundo. Por un lado, a Irán no le conviene cerrar el estrecho de Ormuz, porque también afectaría a sus aliados, especialmente, a China, que es su principal comprador de petróleo.

La dependencia que tiene Irán de China es mayor que la de China sobre Irán. Pekín compra buena parte del petróleo que consume al país persa, que es la mayoría del crudo que vende Irán. 

Bloquear el estrecho de Ormuz sería un problema. Es verdad que el gobierno de Teherán podría permitir el paso de buques chinos, pero no es tan fácil controlar el flujo de barcos. Podrían “colarse” algunos occidentales con bandera falsa, lo que obligaría a imponer controles.

La guerra interna en Estados Unidos

Por otro lado, el cierre del estrecho de Ormuz haría subir el precio del petróleo y eso no lo quiere Donald Trump, que tiene también su particular guerra interna con ciertos grupos de poder.

Empezando por la Reserva Federal que preside Jerome Powell y quien se niega a bajar los tipos de interés como desea Trump para aumentar el consumo y la inversión de las familias estadounidenses. 

En un escenario con el petróleo por las nubes, con menos motivos bajaría Powell los tipos. Además, la subida del crudo implicaría subida de la inflación, lo que afectaría a los hogares. Es una cadena con muchos eslabones.

Recordemos que Trump pidió a la OPED+ (la organización de países productores de petróleo, dirigida por Arabia Saudí más Rusia) que aumentara la producción para bajar el precio del crudo. 

Sólo a las petroleras beneficiaría una subida de la materia prima, como es lógico. También a las compañías estadounidenses de fracking, cuya actividad deja de ser rentable con un barril de petróleo por debajo de los 60 dólares.

En cuanto a Europa, el cierre del estrecho de Ormuz también sería nefasto, ya que importa petróleo y gas licuado de los países del golfo Pérsico (Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes), sobre todo, desde que cortó lazos energéticos con Rusia. 

No obstante, Europa ha seguido comprando crudo ruso, pero a través de terceros. Es decir, petróleo extraído de Rusia, refinado en países como la India y transportado en buques hasta la Unión Europea, previo paso por Turquía. De esta manera mágica, el petróleo deja de ser ruso.

No hace falta ser un experto analista para saber que la pausa bélica en Oriente Próximo es momentánea y que, tarde o temprano, la tensión volverá a escalar. Así ocurre desde hace ya casi un siglo. 

Por tanto, tendremos que seguir pendientes de todo cuanto acontece en esa zona del planeta de donde se extraen gran parte de los recursos energéticos que se consumen en todo el planeta.

Otros artículos interesantes:

Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España