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Este Ford Mustang parece de juguete... pero ni mucho menos lo es

Ford Mustang

¿Os imagináis un Ford Mustang de juguete con un motor de moto para hacer con él todas las diabluras que se os ocurran? Este engendro, mitad locura mitad kart, se ha hecho real, y desde luego que sería el regalo perfecto para más de uno -y de dos- de los que estéis leyendo este artículo.

Seguro que muchos de los que estéis leyendo estas líneas habéis tenido de pequeños un coche de esos que es la reproducción de uno de los grandes alimentado por un pequeño motor eléctrico para creeros el Fernando Alonso de turno. Y si no, serán vuestros hijos los que lo estén disfrutando. ¿Verdad? ¿Y por qué no construir un juguete de este estilo algo más vitaminado para que los adultos también podamos hacer diabluras al volante? Eso es precisamente lo que ha sucedido con el Ford Mustang del que hoy vamos a hablar. Sí, es cierto que no tiene el glamour del de verdad, pero a nivel de diversión pocos 'cacharros' motorizados habrán que lo superen.

Con un color de carrocería más propio del coche de Barbie, este Mustang en miniatura ha sustituido el motor eléctrico original por uno de una Honda CRF 230, una moto destinada al mundo del dirt. No hace falta decir en qué posición se encuentra situado el propulsor, pues salta a la vista en cualquier momento del vídeo que tienes justo encima de este párrafo.

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Pero ojo, no creáis que este Ford Mustang es solamente un juguete motorizado, sino que se trata de toda una obra de arte que le ha llevado hasta cuatro días de trabajo a su autor. En primer lugar, su base la tenemos en un chasis usado de un kart, que ha sido convenientemente adaptado para que la carrocería del muscle car en miniatura entrase. Después hubo que decidir donde poner el motor, decantándose por la parte delantera para equilibrar el reparto de pesos. Además, se han instalado unas llantas de kart de niño con sus correspondientes gomas slicks, lo que ayuda a dar rienda suela al arte del derrape. Porque sí, estamos ante uno de los artilugios más difícilmente controlables de todos cuantos hayamos conocido. Y eso que se le ha instalado un alerón trasero que mucho nos tememos que sustento aporta poco...

Sea como sea, sin duda que el autor de este curioso vehículo, además de divertirse conduciéndolo, ha pasado unas horas de lo más entretenidas dándole forma. La pena es que ninguna firma de juguetes, o de lo que sea, le compre la idea, porque seguro que las ventas no iban a ser pocas. Un servidor, de hecho, no dudaría en 'pecar'. Eso sí, no estaría de más que le pusieran un asiento algo más cómodo, pues los de fibra de los karts de competición no son como para pasar muchas horas sentado en ellos.

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