70 años del Citroën DS, que se presentó en el Salón de París de 1955

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El Citroën DS cumple 70 años, uno de los coches más importantes del siglo XX, por su diseño rupturista y su abanico de innovaciones tecnológicas. Esta es su historia.
2025 es un año marcado en rojo para Citroën y no precisamente por la llegada de nuevos modelos, que también ocurrirá, como la segunda generación del C5 Aircross. Es especial, porque se cumplen 70 años del Citroën DS, el mejor coche que ha fabricado jamás la marca del doble chevrón.
A mediados de los cincuenta, Citroën se enfrentaba a uno de sus retos más difíciles, la renovación de su flamante berlina, el Traction Avant, que tanto éxito le había reportado desde antes de la Segunda Guerra Mundial.
Aquel coche había sido un referente tecnológico, pero ya empezaba a quedar anticuado para la nueva Francia que comenzaba a resurgir, tras el cese de las hostilidades.
El sustituto del Tractión Avant se presentó en el Salón del automóvil de París en octubre de 1955, el Citroën DS 19, conocido en España como ‘Tiburón’.
Tanto por su diseño absolutamente futurista como por sus infinitas innovaciones tecnológicas, el DS provocó un impacto tal que supuso una auténtica revolución y un punto de inflexión en la historia del automovilismo.
70 años del Citroën DS: el proyecto comenzó antes de la Segunda Guerra Mundial
En realidad, Citroën empezó a preparar la renovación del Traction Avant en 1938 con el proyecto VGD (Véhicule à Grande Diffusion), sólo cuatro años después de su salida al mercado, pero el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la posterior caída de Francia en manos de la Alemania Nazi paralizaron el proyecto.
Lo mismo ocurrió con el modelo TPV (Très Petite Voiture), posteriormente llamado 2CV, cuya producción debió haberse iniciado antes del estallido de la guerra.
Finalizada la contienda, con una Francia que intentaba olvidar los horrores de los años anteriores, la casa de los chevrones lanzó el 2CV y se puso manos a la obra para crear la nueva berlina.
La ideal del proyecto fue del entonces jefe de Citroën, Pierre Boulanger, continuada por su sucesor, Pierre Bercot, a partir de 1950. En el diseño y desarrollo participaron tres figuras claves: André Lefébvre, Flaminio Bertoni y Paul Magès, quien se encargó de las suspensiones y de todo el sistema hidráulico del coche.
Más tarde, incluyó a Pierre Franchiset y Walter Becchia. Con un equipo así, nada podía salir mal, aunque, en el ecuador del desarrollo, Pierre Boulanger murió en un accidente de tráfico.
Varios años de trabajo después, Citroën presentó su gran creación en el Salón del Automóvil de París en 1955. Era un jueves 6 de octubre y, bajo el majestuoso techo abovedado del Grand Palais, el DS 19 despertó la admiración de todos los visitantes y periodistas.
La denominación hacía referencia a la cilindrada, 1.9 litros. Posteriormente, aparecieron nuevas versiones más potentes, 20, 21 y 23, con motores de 2, 2.1 y 2.3 litros. Se cuenta que tuvo tanto éxito que, al final del día, se habían vendido 12.000 unidades y que, cuando el salón cerró sus puertas diez días más tarde, se realizaron unos 80.000 pedidos.
Al día siguiente se su presentación, el 7 de octubre de 1955, arrancó la producción del Citroën DS 19 en la fábrica del Quai de Javel en París.
Una obra maestra del diseño

Una de las características que más se ha destacado del DS a lo largo de la historia ha sido su diseño, a cargo de Flaminio Bertoni. Era completamente rompedor y futurista, pero que además era funcional, porque ayudaba a mejorar la aerodinámica.
Tenía un frontal muy afilado, con las ópticas redondas y un prolongado capó fabricado en una única pieza de aluminio, toda una proeza en aquellos años. La zaga era la parte más llamativa, sin duda. Tenía un grueso pilar C que parecía sostener el techo y que se unía con la carrocería mediante una gran luna panorámica.
Un detalle innovador del diseño lo constituían las luces de los intermitentes traseros incrustadas en el embellecedor que recorría el borde del techo hasta el final, sobre los montantes laterales.
La cintura era elevada, lo que le daba una apariencia robusta al DS, pero a la vez, la superficie acristalada era abundante. Medía 4,8 metros de longitud, pero gracias a su baja altura al suelo y la ausencia de pasos de rueda traseros que casi ocultaban las ruedas, parecía mucho más largo.
En 1967, Robert Opron rediseñó el frontal introduciendo unos faros carenados con dos ópticas en el interior, dándole la imagen que, quizá, más viene a la mente de todos cuando se piensa en el 'Tiburón'.
Interior lujoso y muy confortable

En una época en la que la mayoría de los coches eran pequeños y se buscaban las dimensiones ajustadas para circular mejor en las ciudades y evitar problemas de aparcamiento, el DS suponía un enorme lujo.
El interior era muy amplio y confortable, especialmente en las plazas traseras, lo que hacía del ‘Tiburón’ un vehículo ideal para cubrir largos viajes, gracias también a sus cómodos asientos que parecían el sofá de casa.
Además del amplio espacio, el habitáculo mostraba una gran calidad en los acabados. El salpicadero mostraba unas formas horizontales con un bonito reloj en el centro. La instrumentación era abundante, a la vez que muy informativa y práctica.
Tres esferas dominaban el cuadro, una a la izquierda, con diferentes testigos (aceite, luces, intermitentes, etc), en el centro el taquímetro y a la derecha el cuentarrevoluciones. También había dos indicadores más, uno para el nivel del carburante y otro para la temperatura del agua.
La primera suspensión hidroneumática

Decir que el Citroën DS fue un coche absolutamente revolucionario no es ninguna hipérbole. Equipaba una serie de elementos completamente novedosos para la época, muchos de los cuales aparecieron más tarde en otros vehículos.
El más importante fue la suspensión hidroneumática, desarrollada por Paul Magès. Se estrenó en el DS y proporcionaba una comodidad a bordo asombrosa, hasta el punto de que ni las berlinas más lujosas de la época podían competir con la francesa.
Se trataba de unas suspensiones a rueda independiente que mantenían constantemente la altura del coche al suelo. Consistía en cuatro esferas, una en cada rueda. Cada esfera estaba rellena la mitad de aceite y la otra mitad de nitrógeno, ambas partes separadas por una membrana.
Cuando se cargaba mucho el coche, el aceite comprimía el nitrógeno. Gracias a este complejo sistema, el DS absorbía sin problemas los baches e irregularidades tan comunes en las carreteras de entonces. Incluso permitía circular con tres ruedas, algo que la publicidad destacaría décadas después en otros modelos de la marca.
La suspensión hidroneumática permitía también regular manualmente la altura del vehículo, de modo que el conductor podía superar cualquier obstáculo que encontrara por el camino, elevando el coche.
Un prodigio tecnológico

Pero no sólo las suspensiones destacaban en el Citroën DS. La berlina francesa incluía todo un abanico de innovaciones que lo convirtieron en el coche más avanzado en su momento.
Por ejemplo, fue el primer coche en montar unos frenos de discos, una tecnología completamente revolucionaria que habían probado unos meses antes los equipos de Jaguar y Austin en la Fórmula 1, con grandes resultados.
Tanto los frenos, como las suspensiones, la dirección y el cambio semiautomático de cuatro relaciones se accionaban mediante un circuito hidráulico.
La palanca del cambio estaba situada detrás del gran volante de un único radio. Para cambiar de marcha, no era necesario pisar ningún pedal de embrague, únicamente mover la palanca en el sentido correcto.
Un detalle curioso era el pedal del freno o más bien el botón del freno, ya que no existía un pedal como lo concebimos en el resto de coches sino una especie de botón a alta presión.

La forma de arrancar el motor también era muy particular. Para ello, había que girar la llave ubicada a la izquierda del volante, presionar el freno y mover la palanca del cambio hacia la izquierda.
Otra innovación del Citroën 'Tiburón' fueron los faros. Cuando Opron modificó el forntal y carenó los faros, una de las ópticas giraba en el sentido del volante, lo que permitía alumbrar mejor en las curvas. Un anticipo de los actuales faros direccionales.
Otro elemento disponible en el DS y que recalcaba su enorme dotación tecnológica era el sistema ABS que controlaba la frenada según la carga, presente por primera vez en un coche de esta categoría.
Citroën tuvo que escatimar en el apartado mecánico

La gama de motores del Citroën DS no estaba a la altura del nivel de modernidad e innovación que alcanzaba el coche. Pero tiene una explicación: el fabricante francés había invertido tanto en su desarrollo que tenía que ahorrar costes en otras partes si quería ganar dinero.
En realidad, Citroën había preparado motores más modernos para su nueva berlina, pero tuvo que renunciar a ellos y recurrir, finalmente, a las mecánicas que montó en las últimas generaciones del Traction Avant.
El DS 19 tenían un bloque de cuatro cilindros y 1.9 litros que entregaba 75 CV con los que alcanzaba los 140 km/h. Diez años después, en 1965, Citroën presentó el DS 21, con un motor que aumentaba la cilindrada hasta los 2.175 centímetros cúbicos y también incrementaba la potencia hasta los 109 CV.
Con esta nueva mecánica, el DS podía superar los 175 km/h. También hubo un DS 20 que sustituyó al DS 19, con un motor de 2.0 litros y 103 CV.
Mención aparte merece la versión DS 21 de inyección electrónica ideada por Bosch en 1969, que elevaba la potencia nada menos que hasta los 139 CV y alcanzaba los 190 km/h, lo cual convertía a la berlina francesa en una de las más rápidas del mundo.
Ya en su recta final de producción, Citroën introdujo en 1972 el DS 23 con un motor de 2.3 litros con carburador y 124 CV.
Equipamiento de lujo para la época

El DS era un verdadero coche de lujo y, como tal, tenía un equipamiento que hoy llamaríamos premium. En 1964 introdujo un nuevo acabado denominado Pallas, que incluía elementos más lujosos, revestimientos de mayor calidad para los asientos y las puertas, asientos reclinables en altura y longitud, superficies cromadas y llantas estriadas.
En un nivel superior, estaba el acabado Prestige, que hacía del DS un vehículo de representación para importantes personalidades, como jefes de estado. Esta versión ofrecía unas plazas traseras más cómodas y amplias, con absoluta independencia del puesto de conducción, separadas ambas partes por un cristal que podía subirse y bajarse manualmente mediante una manivela.
El principal gadget de este acabado era su radio-teléfono, siendo el primer automóvil del mundo en disponer de este singular elemento. También ofrecía unas mesas de madera que se desplegaban de los asientos delanteros y una máquina de escribir para poder trabajar.
Además de la berlina, la marca de los chevrones realizó una versión cabriolet, presentada en 1958, reconocida a la postre como uno de los descapotables más bonitos de la historia.
También hubo una carrocería familiar, con unas dimensiones que llegaban hasta los 5’20 metros. El DS Break se convirtió en un coche muy práctico para servir de ambulancia, transporte de mercancías e, incluso, vehículos fúnebres.
El coche que salvó la vida a De Gaulle

Uno de los episodios más importantes de la segunda mitad del siglo XX, al menos, en Europa, fue el intento de asesinato del presidente de la República francesa, Charles de Gaulle. Y salvó la vida gracias al Citroën DS.
Ocurrió el 22 de agosto de 1962, cuando se declaró la independencia de Argelia después de ocho años de guerra, que había sido colonia francesa durante más de un siglo. La organización terrorista OAS (siglas de Organización del Ejército Secreto) decidió asesinar al presidente galo y preparó varios atentados para ello.
El más relevante se produjo aquel día en Clamart, a las afueras de París. De Gaulle viajaba en un DS con su mujer, con destino al aeropuerto de Orly, acompañados por una caravana presidencial.
De repente, 12 terroristas dispararon al coche del presidente. Hasta 140 proyectiles impactaron contra el vehículo, que quedó destrozado y con las cuatro ruedas pinchadas.
Sin embargo, el blindaje protegió a los ocupantes y, sobre todo, la suspensión hidroneumática permitió al chófer seguir circulando, hasta llevar al presidente y su esposa a un lugar seguro.
‘Las guirnaldas de la paz’ de Picasso sobre un DS

Esta es una de las historias menos conocidas, tanto de Pablo Picasso como del Citroën DS. Ocurrió en verano de 1958, cuando un joven reportero mexicano y residente en Francia, Manuel Mejido, se las ingenió para visitar al artista español y hacerle una entrevista.
A Picasso no le gustaban los periodistas ni las entrevistas, pero Mejido habló con su secretario y le dijo que llamaba desde el Centro Republicano Español de Ciudad de México, conociendo la ideología política del pintor malagueño y su simpatía hacia la República española.
“En cuatro días me podrá hacer usted esa entrevista, en mi taller, aquí en Cannes a las 11:00 de la mañana. México abrió las manos en el 39 a los refugiados españoles y voy a hacer con usted una excepción”, dijo Picasso.
Mejido se desplazó hasta el lugar donde residía Picasso, en Villa Californie, en Cannes. Y lo hizo en un DS 19 azul con el techo blanco que le prestó un español que se refugiaba en París, en la Casa de México. Le acompañaron dos colombianos y una francesa que le sufragaron los gastos del viaje a cambio de conocer al creador del cubismo.
Cuando bajaron del coche, Picasso preguntó quién era “el republicano español que viene de México”. Ambos empezaron a caminar y hablar distendidamente sobre arte, política y otros asuntos. Al finalizar, el artista se fue un momento, mientras los cuatro jóvenes permanecieron en el salón de la casa.
Dos horas después reapareció Picasso y dijo: “¡Ya has estado aquí dos horas…! ¿Acaso no tienes nada que hacer? Yo trabajo siempre. Hasta dormido sueño con el color, los tonos, las líneas, la composición de un cuadro… ¡venga, venga!”.
La sorpresa vino cuando salieron de la casa y encontraron el Citroën DS 19 pintado con unas flores, un árbol, una familia: “He pintado en tu coche”, dijo Picasso. Se trataba de una obra que tituló ‘Las guirnaldas de la paz’.
Mejido, consciente de que ese coche ahora valía mucho más, señaló a Picasso que no había firmado la obra, a lo que éste replicó: “¿Qué quieres, la pintura de Picasso o la firma de Picasso?”. Y el mexicano respondió: “Las dos, maestro. Hacen mejor combinación”. Así que estampó su firma sobre la superficie carenada de la rueda trasera izquierda.
Lamentablemente, se desconoce la pista de este DS. Mejido compró el coche a su dueño por unos 1.000 euros al cambio y lo vendió por 6.000 (equivalentes a unos 40.000 euros actuales).
El DS en el cine

El Citroën DS también gozó de una presencia destacada en la gran pantalla, en películas como El parisino (1957), con Brigitte Bardot, El samurái (1967), con Alain Delon, El cerebro (1969), con Jean-Paul Belmondo y Bourvil, Aquella tierna edad (1964), con Jean Gabin y Fernandel, o Rabbi Jacob (1973), con Louis de Funès.
También en este caso, la DS simbolizaba la elegancia, la velocidad y la potencia. En algunos casos, su tecnología futurista se realzaba y se conviertía, incluso, en fantasía, como en La décima víctima (1965), con Ursula Andress y Marcello Mastroianni, donde tiene un techo transparente tintado de azul, y en Fantomas desencadenado (1965), con Jean Marais, cuando, equipado con dos alas, una aleta retráctil y dos motores a reacción, despega como un avión.
Por último, también aparece en Regreso al futuro 2 (1989) de Robert Zemeckis, como un taxi rojo y amarillo de ciencia ficción en un futuro imaginario ambientado en 2015.
El DS en la competición

A pesar de que el DS fue concebido claramente como una berlina de paseo que hacía hincapié en ofrecer una enorme comodidad a los pasajeros, sus dotes técnicas lo convertían en un vehículo muy propicio para circular por terrenos irregulares como nieve, lluvia, barro o arena.
Pronto, el DS empezó a competir en pruebas internacionales de rally, consiguiendo buenos resultados, como las victorias en el Rally de Montecarlo, el 1000 Lagos de Finlandia, el Rally de Portugal o el Rally Acrópolis, además de otras pruebas por todo el mundo, como la victoria en el Rally de Marruecos en 1969 sobre arena.
Casi un millón y medio de unidades producidas

El Citroën DS estuvo en producción durante 20 años. El 7 de octubre de 1969, justo 14 años después de iniciar la fabricación, salió de la planta de Javel la unidad un millón, un flamante DS 21 Pallas Inyección Electrónica en color Sable metalizado, incluido el techo.
Para celebrarlo, el millonésimo DS acudió al Salón del Automóvil de París, abierto desde el 2 de octubre y donde se le había reservado un lugar especial para un concurso que ganó Gilles Delègue, un estudiante de ingeniería de 22 años en la Ecole Central.
La berlina francesa se fabricó también en Bélgica y Reino Unido a partir de 1956, y en Sudáfrica desde 1959. Se exportó a toda Europa Occidental, a casi todos los países de la Commonwealth, incluidos Canadá y Australia, y a Estados Unidos.
El 24 de abril de 1975, a las 15.00 horas, salió de Quai de Javel la última unidad, un DS 23 Pallas Inyección Electrónica de color Azul Delta que se entregó a un cliente muy fiel de la marca en la Gironda.
Fue también el DS número 1.330.755 ensamblado en la histórica fábrica de Quai de Javel. En total, se construyeron 1.456.115 de unidades en 20 años.
Uno de los coches más importantes de la historia

A lo largo de la dilatada historia del automovilismo, ha habido muchos coches especiales que ocupan un lugar destacado entre aficionados y profesionales del mundo de los clásicos.
Uno de ellos es, sin duda, el Citroën DS, un vehículo que supuso un punto y aparte en la historia por su diseño innovador, absolutamente rupturista, y por su impresionante dotación tecnológica, como la suspensión hidroneumática, los frenos de discos, el cambio semiautomático, el circuito hidráulico, los faros direccionables…
En el siglo XXI, el Citroën DS ha conseguido diferentes premios, entre ellos, ‘El coche más bonito de todos los tiempos’ por la revista Classic & Sports Cars, tras una votación en la que participaron diseñadores de la talla de Giorgetto Giugiaro, Ian Callum o Paul Bracq.
El ‘Tiburón’, como se conoció en España, fue una auténtica revolución en el sector e hizo de esta fabulosa berlina uno de los automóviles más influyentes de la historia.

