Oliver Blume dice adiós al concepto de 'coche mundial': el nuevo objetivo es la producción local

Fábrica de Volkswagen en Wolfburg
Fábrica de Volkswagen en Wolfburg

El Grupo Volkswagen abraza una nueva estrategia de negocio basada en una evolución del clásico concepto ‘coche mundial’ de la compañía, aunque esta vez centrado en las plataformas.

Mucho antes de que la industria automovilística empezara a hablar de plataformas globales o modelos desarrollados para varios continentes, Volkswagen ya llevaba décadas aplicando una filosofía que terminaría convirtiéndose en una de las claves de su crecimiento. El denominado ‘coche mundial’ es una estrategia que el fabricante alemán ha mantenido durante la mayor parte de su historia. Sin embargo, la industria del automóvil ha cambiado tanto y tan deprisa que en Volkswagen se han visto obligados a decir adiós a este concepto.

La idea de ‘coche mundial’ consiste en desarrollar un coche capaz de venderse prácticamente en cualquier mercado del planeta realizando únicamente pequeñas adaptaciones según el país o la región. Volkswagen fue una de las marcas que entendió muy pronto las ventajas de crear coches con vocación global. Y, de hecho, el origen de esta filosofía se encuentra en el propio nacimiento de la compañía.

¿Qué es el concepto ‘coche mundial’ de Volkswagen?

No hay que olvidar que Volkswagen significa literalmente “coche del pueblo”. El Escarabajo nació en 1938 con el objetivo de convertirse en un coche sencillo, fiable, fácil de fabricar y accesible para una gran parte de la población. Lo que probablemente nadie imaginaba entonces es que terminaría convirtiéndose en uno de los coches más importantes de la historia del automóvil.

El Beetle se fabricó en múltiples países y acabó vendiéndose prácticamente en todo el mundo gracias a una receta basada en la robustez, el bajo coste, la facilidad de mantenimiento y una mecánica relativamente sencilla. Con más de 21 millones de unidades producidas, el Escarabajo demostró a Volkswagen que un mismo coche podía funcionar en mercados completamente distintos.

Décadas más tarde, el Volkswagen Golf terminó de consolidar esa filosofía. Cuando la marca comenzó el desarrollo de su sucesor necesitaba crear un modelo capaz de sustituir al Escarabajo, pero también de adaptarse a las necesidades de diferentes mercados internacionales. Ahí nació realmente el concepto moderno de ‘coche mundial’ dentro de Volkswagen.

El objetivo de esta filosofía era desarrollar una base para un vehículo que fuera adaptable fácilmente a las exigencias de todos los mercados. De esta manera, el Golf podía ofrecer diferentes tipos de motores y configuraciones de equipamiento según el mercado, manteniendo al mismo tiempo gran parte de su estructura, ingeniería y componentes.

Y precisamente esa idea sigue siendo hoy una de las bases fundamentales del Grupo Volkswagen. Plataformas como la MQB o la actual MEB para coches eléctricos representan perfectamente esta filosofía. Sobre una misma arquitectura técnica, Volkswagen puede desarrollar modelos muy distintos entre sí y venderlos en prácticamente cualquier parte del mundo reduciendo enormemente los costes de producción y desarrollo.

Gracias a ello, coches como el Volkswagen Golf, el Audi A3, el Skoda Octavia o el Seat León comparten multitud de elementos, aunque pertenezcan a marcas diferentes y tengan enfoques completamente distintos. Lo mismo ocurre actualmente con la gama eléctrica ID.

Otro aspecto fundamental del concepto de ‘coche mundial’ es la producción internacional. Volkswagen lleva décadas fabricando vehículos en Europa, China, México, Brasil, Sudáfrica, India o Estados Unidos, entre otros muchos países. El objetivo es producir vehículos cerca del cliente final manteniendo una misma base global.

Sin embargo, el concepto ha evolucionado muchísimo con el paso de los años. Hoy el mercado obliga a Volkswagen a adaptar más sus modelos según cada región. China demanda coches extremadamente tecnológicos, Europa prioriza eficiencia y emisiones, mientras que Estados Unidos continúa apostando por SUV más grandes y potentes.

Una estrategia cambiante

Por eso, el concepto de ‘coche mundial’ de Volkswagen se desvanece. Oliver Blume ha decidido deshacerse de esta estrategia, aunque no ha dicho adiós del todo, ya que, en lugar de apostar por otro modelo, la compañía ha decidido adaptar el concepto original a los estándares que rigen la industria automotriz actual.

De este modo, Volkswagen ya no apuesta por vender exactamente el mismo coche en todo el planeta. En lugar de ello, centra el desarrollo de vehículos en crear plataformas globales capaces de adaptarse rápidamente a mercados diferentes.

En cierto modo, es una evolución del concepto original, pero ahora se enfoca en la estructura. Las plataformas del Grupo Volkswagen trascienden más allá de las marcas que conforman el grupo alemán. Y el ejemplo más caro es Ford, que utiliza ingeniería de Volkswagen para sus coches eléctricos y vehículos comerciales.

A esto se une, además, que la empresa dirigida por Blume está centrando sus esfuerzos en la producción local, abandonando la idea de que fabricar sus coches en Alemania para después exportarlos era la mejor opción. Esto da lugar a que el concepto ‘Made in Germany’ pierda fuerza, aunque Volkswagen obtiene ventajas en términos de costes, velocidad de producción y agilidad en el desarrollo de nuevos vehículos.

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