Mireia Brunet, profesora de autoescuela: "Conducir no consiste solo en mover un volante, consiste en entender constantemente lo que está ocurriendo a tu alrededor"

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La profesora catalana enfatiza en lo importante que es el análisis continuo del entorno en los primeros días que un alumno se sube a un coche.
La enseñanza de la conducción ha experimentado una notable evolución en las últimas décadas, alejándose paulatinamente de la mera repetición de maniobras mecánicas para centrarse en un enfoque mucho más integral de la seguridad vial y la percepción del entorno. En este escenario de cambio metodológico, las reflexiones de los profesionales en activo aportan una perspectiva indispensable para comprender los retos reales a los que se enfrentan los futuros conductores en las carreteras actuales.
Mireia Brunet, una experimentada profesora de autoescuela, ha vuelto a situar en el centro del debate público la verdadera esencia del aprendizaje al volante, subrayando que la habilidad con los pedales y la dirección es totalmente insuficiente si no va acompañada de un análisis constante y crítico de todo lo que sucede durante la marcha. A través de su experiencia cotidiana impartiendo clases prácticas, Brunet insiste en que una de las principales carencias de los alumnos cuando se sientan por primera vez en el asiento del conductor es la falta de visión espacial y preventiva.
Muchos aspirantes llegan a las aulas con la idea preconcebida de que dominar un vehículo equivale simplemente a saber cambiar de marcha, acelerar o estacionar de forma correcta entre dos señalizaciones. Sin embargo, la realidad del tráfico urbano e interurbano exige una capacidad cognitiva superior basada en la interpretación constante de estímulos externos, la anticipación a los errores ajenos y la toma de decisiones en cuestión de segundos ante imprevistos cotidianos. Esta filosofía docente cobra un significado especial al analizar los fallos más comunes durante el periodo de formación.

Para la instructora, cometer un error técnico en el manejo de los mandos del coche forma parte natural del proceso de aprendizaje y no representa un peligro de consideración si la atención del usuario permanece centrada en la carretera. Por el contrario, la pérdida del control visual y el desconocimiento del tráfico que rodea al vehículo constituyen la verdadera fuente de riesgo en la circulación diaria. Tal y como recoge una entrevista publicada por La Vanguardia, la profesora afirma tajantemente que prefiere mil veces que a un alumno se le cale el coche a que se descontrole por no mirar a su alrededor.
Esta declaración sintetiza un principio fundamental de la educación vial moderna: la gestión del entorno prima sobre la destreza puramente mecánica. Cuando un vehículo se cala en una intersección o al reanudar la marcha tras un semáforo, el inconveniente se limita a una interrupción momentánea de la circulación que puede resolverse en unos pocos segundos con total seguridad. En cambio, cuando un conductor decide cambiar de carril, incorporarse a una vía rápida o realizar un giro sin haber revisado adecuadamente los espejos retrovisores y los ángulos muertos, la probabilidad de sufrir una colisión grave se multiplica de forma alarmante.
El problema de la falta de observación se ve agravado por la proliferación de elementos de distracción en el ámbito urbano, así como por la aparición de nuevos actores en la movilidad diaria, como los patinetes eléctricos y las bicicletas. Para Brunet, la convivencia segura en las calles requiere que el conductor no mantenga la mirada fija exclusivamente en el tramo de asfalto situado justo delante de su capó, sino que desarrolle una visión periférica amplia y dinámica. Entender lo que ocurre a los lados, prever el comportamiento de los peatones en los pasos señalizados y controlar la distancia de seguridad con los vehículos posteriores son hábitos que deben automatizarse desde las primeras clases prácticas.
Asimismo, la formadora enfatiza que la ansiedad por no cometer fallos técnicos suele ser el gran enemigo de los principiantes. Los alumnos tienden a frustrarse enormemente cuando el motor se apaga de forma imprevista, una reacción emocional que a menudo les hace perder la concentración y descuidar la observación del tráfico circundante en los momentos posteriores al incidente. Por ello, la labor pedagógica en las autoescuelas busca desdramatizar los errores de manejo para que el estudiante mantenga siempre la calma, reaccione con serenidad y mantenga los ojos puestos en la vía, garantizando en todo momento la protección de los ocupantes y del resto de los usuarios.
En conclusión, las reflexiones de Mireia Brunet invitan a una profunda reevaluación sobre la forma en que la sociedad percibe la capacitación vial. Obtener la licencia de conducción no debe considerarse un simple trámite administrativo ni una prueba de habilidad manual, sino un proceso de concienciación sobre la responsabilidad que implica ponerse al mando de un vehículo.

