Jim Farley, 64 años, CEO de Ford: "Vamos a asociarnos con los chinos allí donde podamos ser más eficientes"

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El mayor directivo de la firma estadounidense no descarta unir sinergias con las marcas chinas si la situación económica así lo requiere.
El consejero delegado de Ford, Jim Farley, ha defendido la colaboración con la gran competencia de los grupos chinos en el sector automovilístico, una postura que considera esencial para mantener la competitividad de la compañía en mercados clave, eso sí, cree “que es importante que nos tomemos nuestro tiempo y actuemos con consideración”. Según explicó durante el Automotive News Congress celebrado el 29 de septiembre, Europa ya ha perdido gran parte de la batalla frente a los fabricantes del gigante asiático, mientras que Estados Unidos todavía está a tiempo de decidir cómo afrontar este desafío.
Además, el directivo señaló que los gobiernos y fabricantes del continente europeo reaccionaron demasiado tarde al empuje chino, permitiendo que estas compañías alcanzaran una presencia significativa en el mercado. Lejos de reclamar una prohibición total de las marcas chinas en Estados Unidos, Farley apostó por una estrategia más reflexiva y gradual. “Creo que es importante que nos tomemos nuestro tiempo y actuemos con consideración”, afirmó. En cambio, el ejecutivo considera que Washington todavía dispone de margen para analizar las implicaciones económicas e industriales antes de adoptar decisiones definitivas sobre el acceso de los fabricantes chinos al mercado estadounidense.
El CEO de Ford, Jim Farley, apuesta por colaborar con China en determinados mercados
A pesar de las advertencias sobre la creciente influencia de los fabricantes chinos, Ford no pretende mantenerse al margen de esa realidad. Al contrario, la compañía está desarrollando una estrategia dual que combina la competencia directa con acuerdos de colaboración en aquellas regiones donde resulte beneficioso para el negocio. La muestra más evidente de este enfoque es la empresa conjunta creada con Geely para fabricar vehículos eléctricos en la planta de Ford en Valencia. Según los planes comunicados por ambas compañías, la actividad de esta alianza comenzará en 2027 y los primeros modelos derivados de ella llegarán a las líneas de producción en 2028.

Farley defendió abiertamente esta cooperación internacional y dejó clara la lógica económica que hay detrás. “Vamos a asociarnos con los chinos allí donde no tengamos propiedad intelectual y donde podamos ser más eficientes en términos de capital, en lugares como Europa o el Sudeste asiático”, afirmó el directivo. La declaración refleja la voluntad de Ford de aprovechar capacidades industriales y tecnológicas existentes para reducir costes y acelerar el desarrollo de nuevos productos en mercados especialmente competitivos.
La posición de Ford resulta significativa porque demuestra que, incluso entre los grandes fabricantes estadounidenses, existe la percepción de que la competencia china no puede ser ignorada. Más allá de la rivalidad comercial, algunas empresas consideran que las alianzas selectivas pueden convertirse en una herramienta necesaria para mantener márgenes de rentabilidad y seguir desarrollando vehículos eléctricos a gran escala.
Estados Unidos debate cómo responder al desafío chino
Las palabras de Farley coinciden con un creciente debate político en Washington sobre el papel que deben desempeñar los fabricantes chinos dentro del sector automovilístico estadounidense. Es más, la dependencia del capital y la tecnología procedentes de China es una de las mayores preocupaciones del país, y es por ello que varios legisladores han impulsado propuestas destinadas a aumentar los aranceles o restringir la comercialización de vehículos fabricados en el país asiático.
Sin embargo, Ford también está preparando una respuesta basada en el desarrollo de nuevos productos propios. La compañía ya trabaja en su plataforma destinada a servir de base para una camioneta eléctrica. Según Farley, iniciativas como esta deben permitir que Ford compita de forma más eficaz frente a los vehículos eléctricos de bajo coste producidos por las marcas chinas.
Todo ello se desarrolla en un entorno regulatorio que ya incluye importantes barreras para los fabricantes del gigante asiático. Estados Unidos mantiene elevados aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos y sobre diversos componentes estratégicos, al tiempo que las normativas fiscales limitan los incentivos para aquellos modelos que incorporan determinadas piezas relacionadas con la cadena de suministro china.
Las declaraciones de Jim Farley reflejan así el complejo equilibrio que afronta la industria mundial del automóvil. Por un lado, los fabricantes tradicionales buscan proteger sus mercados ante una competencia cada vez más fuerte. Por otro, reconocen que China se ha convertido en un actor industrial tan relevante que, en determinadas circunstancias, la colaboración puede resultar tan importante como la competencia. Para Ford, el futuro pasa por combinar ambas estrategias y adaptarse a un escenario en el que la influencia china seguirá creciendo durante los próximos años.
Foto: AP

