Gracias al Benz-Patent Motorwagen de 1886 de Mercedes, fue creada la primera gasolinera, y lo curioso es que se trataba de una farmacia

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La necesidad de abastecer al motor de esta icónica máquina dio origen al primer punto de repostaje de la historia.
El Benz-Patent Motorwagen de 1886 cambió para siempre la historia del transporte, pero su verdadero salto a la realidad se produjo gracias a un mostrador boticario. Cuando este revolucionario invento de tres ruedas dio sus primeros pasos, las estaciones de servicio no existían ni tan siquiera como un concepto lejano. La necesidad de abastecer al motor de esta icónica máquina dio origen al primer punto de repostaje de la historia, una improvisada gasolinera establecida en la trastienda de un negocio dedicado al despacho de medicamentos.
Aquella obra pionera ideada por Carl Benz marcó el inicio oficial de la era de la automoción. Sin embargo, mientras el creador germano mantenía una actitud prudente y perfeccionista en su taller, fue su esposa Bertha Benz quien comprendió que la sociedad debía presenciar el funcionamiento real del vehículo para confiar en su utilidad comercial. Sin informar previamente a su marido y con el objetivo claro de demostrar la fiabilidad del ingenio en distancias considerables, Bertha emprendió en agosto de 1888 un histórico viaje de más de noventa kilómetros desde la ciudad de Mannheim hasta Pforzheim.
Acompañada por sus dos hijos adolescentes, la intrépida pionera se puso al volante del frágil e imponente triciclo sin contar con mapas modernos ni infraestructuras de apoyo en el camino. El desafío no radicaba únicamente en superar la dureza de los caminos rurales de la época o los imprevistos mecánicos inevitables en un prototipo experimental, pues el gran obstáculo de la travesía era la reducida autonomía de un depósito de combustible verdaderamente escaso.

En aquel entonces no existía ninguna red comercial de estaciones de servicio, ni tan siquiera surtidores individuales, pues el automóvil era visto simplemente como una rareza tecnológica sin aplicación masiva. El motor del Benz-Patent Motorwagen utilizaba como carburante ligroína, un derivado ligero del petróleo que en aquella época no se comercializaba en estaciones para automóviles, sino como un solvente químico de limpieza doméstica destinado a eliminar manchas difíciles en las prendas de vestir.
Al quedarse sin carburante en mitad de la travesía, Bertha Benz se vio obligada a improvisar una solución inmediata para no quedar varada definitivamente en la ruta. Al llegar a la pequeña localidad alemana de Wiesloch, la pionera localizó el único lugar de la zona donde era posible adquirir ligroína en pequeñas dosis fraccionadas. Ese establecimiento era la farmacia municipal del pueblo, regentada por el farmacéutico Willy Ockel. Bertha compró allí varios litros del preciado líquido limpiador para llenar manualmente el depósito del vehículo y continuar con su histórico recorrido.
De este modo tan fortuito, la botica de Wiesloch se convirtió en el primer punto de abastecimiento de combustible de la historia de la automoción, pasando a ser recordada formalmente como la primera gasolinera del mundo. Aquel sencillo mostrador donde habitualmente se despachaban jarabes, elixires y remedios medicinales asumió sin saberlo el rol de pionero de una industria millonaria que cambiaría la configuración de las ciudades y las carreteras a escala global.
Tras realizar la compra y verter el químico en la máquina, Bertha logró reanudar la marcha, demostrando no solo que el automóvil era un medio de transporte plenamente operativo para distancias largas, sino también anticipando la urgente necesidad de crear una red de aprovisionamiento energética para los viajeros.
El hito de la farmacia de Wiesloch trasciende como una muestra inigualable de la visión práctica de Bertha Benz, cuya audacia permitió consolidar la patente de su esposo y transformar una extravagancia de laboratorio en el pilar del transporte moderno. Aquel viaje experimental no solo sirvió para identificar mejoras mecánicas indispensables en el vehículo, como el diseño de las primeras pastillas de freno o la necesidad de incorporar marchas adicionales para superar pendientes pronunciadas, sino que puso de manifiesto el nacimiento de una necesidad comercial completamente nueva que transformaría la economía mundial.
En la actualidad, el establecimiento germano luce con orgullo una placa conmemorativa que recuerda a los visitantes de todo el mundo cómo la venta de unas sencillas botellas de producto de limpieza sirvió para reabastecer al legendario Benz-Patent Motorwagen. La histórica botica demuestra que las mayores revoluciones industriales a menudo comienzan en los lugares más insólitos, convirtiendo un pequeño mostrador farmacéutico en la cuna involuntaria de las estaciones de servicio que hoy abastecen al planeta.

