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Comparativa

Comparativa: Renault Mégane R.S. Trophy contra Volkswagen Golf GTI TCR

Comparativa Renault Mégane RS Trophy contra Volkswagen Golf GTI TCR

¿Quién es el más gallito?

Me encanta que las marcas más poderosas se superen a sí mismas. Es el caso del Volkswagen con su Golf GTI. ¿Había necesidad de hacer una versión más potente? Ninguna. Los más quemadillos siempre han tenido a su disposición el Golf R de 300 CV, tracción a las cuatro ruedas y unas prestaciones de infarto. Pero en la sede de Wolfsburgo han decidido que había que dotar a las siglas GTI de un poco más de picante. Y ahí es donde nacen las siglas TCR (Touring Car Racing), que corresponden al campeonato internacional de turismos, donde la marca alemana participa con un Golf. Esta decisión ha llevado al GTI a ganar más potencia, hasta llegar a los 290 CV y convertirse en el Golf de tracción delantera más potente de la historia (con permiso de los GTI Clubsport de hace seis años).

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¿Qué más tiene este compacto supervitaminado? Estrena frontal con un nuevo faldón y, al igual que el Golf R, añade dos refrigeradores de agua. Detrás puedes ver un nuevo difusor y dos salidas de escape, una a cada lado (no es novedad). Sí lo es que, por un precio extra, puedas adquirir un escape de titanio Akrapovic para añadir más decibelios a tus aceleraciones. El nuevo spoiler en el techo cumple la misión de mejorar el agarre en el eje trasero a altas velocidades y para que nada se desmadre, el Volkswagen Golf GTI TCR estrena un sistema de frenos específico, con discos perforados y pastillas especiales. Hasta aquí todo muy bien, pero ¿cómo es de bueno este nuevo Golf? Para averiguarlo, lo mejor que puedo hacer es ponerlo en contexto y, por eso, me he traído a un rival de cuidado: nada más y nada menos que el Renault Mégane R.S. Trophy de 300 CV. ¡Ahora sí! ¿Cuál es el más gallito de los dos?

El del rombo acude al encuentro vestido con sus mejores galas. Luce una pintura amarilla especial que cuesta la friolera de 1.684 euros y llega también con unas llantas opcionales Fuji Light, que suman un extra de 1.500 euros más. Todo sin contar con la puesta en escena que supone ver en la trasera el enorme difusor y el escape en el centro o los anchísimos pasos de rueda.

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En sus tripas, el Renault Mégane da todo un recital de recursos. Y no me refiero solo a su motor, un 1.8 turbo ya conocido, que para la ocasión desarrolla la friolera de 300 CV y 400 Nm (este aumento se ha logrado principalmente gracias al trabajo realizado sobre partes tan sensibles como el turbocompresor o el escape). Cuenta, además, con el sistema 4Control de cuatro ruedas directrices y con amortiguadores dotados de topes hidráulicos de compresión, que se añaden a un durísimo Chasis Cup (es de serie) y a un diferencial de deslizamiento limitado mecánico Torsen. Y todo ello sin dejar de lado unos frenos de alto rendimiento en aluminio/fundición con los que te puedes olvidar casi por completo del efecto fading.

Ante semejante presentación, al Volkswagen Golf ya le tiemblan las canillas. No es para menos. Pero el compacto alemán se sabe un coche más equilibrado, que suma muchos puntos en todos los apartados. ¡No todo en esta vida es vivir al límite! Para empezar, el interior del GTI TCR es más amplio, tanto en las plazas delanteras como en las traseras. Más cosas: el Golf no alardea tanto de asientos y se conforma con unos deportivos normalitos, cuyo mullido te permitirá hacer más kilómetros sin que tu espalda se queje en exceso.

Al volante, ambas propuestas me convencen. En el Renault voy sentado un poco más bajo, pero la posición al volante del Golf es perfecta. En ambos me siento integrado enseguida y encuentro con los principales mandos muy a mano. Empate técnico. Es hora de ponerse en marcha...

Mientras que el Golf se arranca girando la llave de toda la vida, en el Mégane el arranque es por botón. El sonido que llega a mis tímpanos es muy distinto dependiendo de en cuál esté sentado. En el VW el ronroneo es bastante discreto, mientras que en el Renault los decibelios son mucho más contundentes. Punto para el Mégane.

Ambos compactos deportivos llegan con sendos cambios automáticos de doble embrague, de seis velocidades en el francés; de siete en el alemán. Su desempeño no ofrece tacha, aunque me quedo con el DSG del Golf, que es más rápido y obediente (aunque ambos desesperan a la hora de hacer maniobras a baja velocidad, debido a los tirones que dan).

Doy rienda suelta a mis instintos. Primero en el Golf. Pie a fondo. El sonido a altas vueltas sube de intensidad y eso mejora mi opinión. La acción del diferencial del eje delantero, unida a una dirección extremadamente precisa, permite un guiado sin apenas esfuerzo. ¡Qué fácil es ir rápido con este Golf! El paso por curva es fulgurante y solo aparece un ligero subviraje si entras demasiado pasado en la frenada y luego das gas antes de tiempo. Si tensas los músculos con el modo de conducción más dinámico, este GTI TCR te permite divertirte de lo lindo, pero siempre teniendo todo bajo control. Si luego quieres bajar de pulsaciones, con el modo Confort podrás recorrer muchos kilómetros sin tener que visitar al fisio.

Paso al Mégane. Sus bacquets me abrazan como ese amigo al que hace años que no ves. Salgo a fondo. El eje delantero se pone mucho más nervioso que el del Golf. El Chasis Cup es una maravilla por precisión, pero me hace notar cada bache de la carretera hasta el hartazgo. Eso sí, hay que reconocer que el Mégane se exhibe cuando vas con el cuchillo entre los dientes. Es espectacular y deja atrás a su rival en tramos de curvas.

Por la conducción que obliga a llevar, te sientes más piloto. Cada vez que abres gas sin contemplaciones tienes que pelearte con la dirección y guiar con fuerza el eje delantero que se inscribe con nobleza en los giros. La vía delantera es más ancha y eso te permite entrar más rápido en los giros más cerrados. Luego, la trasera se nota más suelta y con la técnica adecuada te ayuda a redondear los giros y poder dar gas antes con el volante casi recto. En resumidas cuentas, el Mégane te hace sudar de lo lindo al límite, mientras que en el Golf todo pasa con más progresividad y sin tanta pasión. El Mégane es el más deportivo, el que recomiendo si eres un amante de la adrenalina; el Golf es para todo lo demás y destaca por su mayor equilibrio.

Mi opinión

Dos deportivos de tracción delantera rápidos, mucho. El VW es un modelo más contenido y menos pasional, pero tremendamente eficaz al punto de vencer a un oponente tan visual como el R.S. Trophy, que te obliga a desplegar tus mejores artes al volante cuando ruedas al límite. Tú qué eres, ¿racional o más pasional?

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