Medicina contra el cuñado anticoches eléctricos: un estudio echa por tierra el mito de las radiaciones electromagnéticas

Un estudio desmiente las supuestas radiaciones electromagnéticas de los coches eléctricos
Un estudio desmiente las supuestas radiaciones electromagnéticas de los coches eléctricos

La investigación desmiente paso por paso las teorías sobre la radiación electromagnética de los vehículos eléctricos.

Durante años, la conversación sobre la movilidad eléctrica ha estado plagada de mitos, leyendas urbanas y, por qué no decirlo, argumentos de "cuñadismo" técnico que carecían de base científica. Entre las críticas más recurrentes, más allá de la autonomía o el precio, ha figurado una especialmente alarmista: el supuesto peligro de las radiaciones electromagnéticas.

El argumento solía ser que, al viajar sentados sobre una batería de gran capacidad y rodeados de motores eléctricos de alta potencia, los ocupantes estaban expuestos a campos electromagnéticos que podrían ser perjudiciales para la salud. Sin embargo, la ciencia acaba de proporcionar la "medicina" definitiva contra este bulo.

Un reciente y exhaustivo estudio científico ha analizado los niveles de radiación en el interior de diversos modelos de vehículos eléctricos e híbridos, comparándolos con los límites de seguridad internacionales y con los niveles que generan los coches de combustión tradicional.

Dos personas dentro de un coche
Dos personas dentro de un coche

Los resultados son contundentes: los niveles de exposición en un coche eléctrico no solo están muy por debajo de los límites de peligro, sino que, en muchos casos, son prácticamente idénticos a los de un coche de gasolina o diésel.

Desmontando el miedo al "electrosmog"

El estudio se centró en medir los campos electromagnéticos de baja frecuencia, que son los que generan los sistemas de propulsión eléctrica. Para que nos hagamos una idea, los límites establecidos por la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante (ICNIRP) se sitúan en niveles que garantizan que no haya interacción con el sistema nervioso humano.

Las mediciones realizadas en condiciones reales de conducción, aceleraciones fuertes, frenado regenerativo y velocidades constantes revelaron que la exposición de los pasajeros es mínima.

En la mayoría de los casos, la intensidad del campo electromagnético en el habitáculo de un Tesla, un Hyundai o un Volkswagen eléctrico es inferior al 20% del límite máximo permitido para el público general. Es más, en las zonas donde se ubican las cabezas de los pasajeros, la radiación es casi inapreciable, situándose en niveles inferiores al 2%.

El coche eléctrico frente a los electrodomésticos

Para poner estos datos en perspectiva y poder rebatir con argumentos sólidos en la próxima cena familiar, es útil comparar el coche eléctrico con objetos cotidianos. 

El estudio subraya que una persona está expuesta a niveles de radiación electromagnética mucho más altos mientras utiliza un secador de pelo, una afeitadora eléctrica o incluso cuando está cerca de un microondas en funcionamiento que dentro de un vehículo eléctrico a 120 km/h.

La Unión Europea no prohíbe los coches de combustión, pero no mata al coche eléctrico.

La estructura del propio coche actúa, en parte, como un escudo. Además, los fabricantes blindan los cables de alta tensión y los inversores para evitar interferencias con los sistemas electrónicos del vehículo, lo que colateralmente reduce la fuga de radiación hacia el habitáculo

Por tanto, el miedo a que las baterías "irradien" a los pasajeros es físicamente infundado, ya que la corriente continua de las baterías genera campos estáticos muy diferentes a los campos alternos que suelen preocupar a los expertos en salud.

¿Y qué pasa con los coches de gasolina?

Aquí llega el dato que más sorprenderá a los detractores del motor eléctrico: los coches de combustión interna también generan campos electromagnéticos. Los alternadores, las bujías en los motores de gasolina y las unidades de control electrónico producen sus propias emisiones.

El estudio demostró que, en ciertos modelos de combustión, las mediciones en los pies del conductor eran similares a las de sus equivalentes eléctricos, debido a la proximidad de componentes metálicos giratorios y sistemas eléctricos auxiliares.

Por tanto, señalar al coche eléctrico como una "jaula de radiación" es una falacia lógica. La tecnología de propulsión eléctrica es, en términos de emisiones no ionizantes, tan segura como cualquier otra tecnología que hayamos usado en el último siglo.

La seguridad de las baterías y los marcapasos

Otro de los mitos que este tipo de estudios ayuda a enterrar es la supuesta incompatibilidad de los coches eléctricos con dispositivos médicos como los marcapasos.

Los ensayos clínicos han demostrado repetidamente que los sistemas de propulsión eléctrica de los vehículos modernos no interfieren con el funcionamiento de los implantes cardíacos.

Los niveles de interferencia electromagnética son tan bajos que los pacientes pueden conducir y viajar en estos vehículos con total tranquilidad, siempre y cuando sigan las recomendaciones estándar de no acercarse en exceso a los sistemas de carga de alta potencia durante el proceso de conexión, por pura precaución con los cables de gran amperaje.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España